No hay que dejarse engañar por ese aire de tristeza. Patricia Arquette (46) es la más fuerte de las estrellas. Escribe sus propias reglas y su última película Boyhood da cuenta de su capacidad de resistencia: se rodó durante doce años y sin filtros. Por eso lleva ganando todos los premios de la temporada y es favorita para el Oscar a Mejor Actriz Secundaria.

Aunque es fácil describirla de manera errónea. La primera vez que se sienta frente a mí en un hotel de Berlín, habla suave y juguetea con una bufanda larga con borlas. Proyecta una vulnerabilidad y melancolía que te hace preocuparte por ella. Es una característica por la que ella, presumiblemente, dijo una vez: “Todo hombre que he amado ha tratado de encontrar algo dañado en mí, para arreglarlo, calmarlo”.

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Pero Arquette nunca ha necesitado que la ‘salven’. No por Nicolas Cage —a quien conoció cuando ella tenía 18 años—, quien le pidió matrimonio el mismo día (finalmente se casó con él a los 27). Tampoco por Pablo Rossi, el músico argentino con quien tuvo a su hijo, Enzo, a los 20; hombre del que se separó al mes de nacer el niño. Ni por su segundo marido, el actor Thomas Jane (Hung, The Punisher), con quien tiene a su hija Harlow (11) y del que se divorció en 2011. Esta rubia viene de una larga línea de artistas y espíritus libres: sus padres son actores, terapeutas y poetas que nunca impusieron reglas a sus hijos. Y todos se dedicaron a la actuación (Rosanna, David, Richmond y Alexis).

Hija del medio, fue criada para cuestionar siempre la autoridad y para creer que todo era posible: su padre era musulmán, su madre judía y fue enviada a una escuela católica.

—¿Tuvo consecuencias esa crianza?

—Desde niña. Tenía cinco o seis años y un profesor me dijo que no podía comulgar: “Tu madre es judía y se va a ir al infierno”. Hasta ese momento yo quería ser monja cuando grande, pero le respondí: “¿Sabes qué? Creo que tu Jesús y el Jesús mío son diferentes”.

Por eso no fue sorpresa cuando, minutos después, aparece el lado fuerte de Patricia cuando hablamos de Boyhood.

—En la película te toca ser una madre soltera que enfrenta una relación abusiva.

—Sí, ella se bloquea. Se cierra. Algo que corresponde a un mundo femenino muy viejo. Yo no sería así. Si me agredieran, me subiría a la mesa para apuñalarlo en la cabeza.

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Cuenta esto, mientras se para y hace la mímica de que me va a atacar. Me pongo a reír y ella da otras carcajadas, para volver a sentarse y jugar con su bufanda.

Antes de estrenarse en salas, este largometraje del director Richard Linklater (de la trilogía Antes del amanecer) y coprotagonizada por Ethan Hawke, causaba gran expectación. Todos querían ver el resultado de esta producción que sigue a un niño llamado Mason (Ellar Coltrane) y su familia por más de doce años. Con el mismo actor infantil desde los seis años hasta que entra a la universidad.

—¿Cómo defines esta cinta épica?

—Una historia humana y pequeña.

—¿Y la forma en que llegaste?

—Richard (Linklater) primero se acercó  y me preguntó: “¿Qué harás los próximos doce años?”. No había guión o, incluso, una trama completa.

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Al principio, los padres de Mason (Arquette y Hawke) están distanciados: ella lucha por ganarse la vida para sus dos hijos; mientras él es un aspirante a músico. El director y actores aportaban ideas a medida que avanzaban, inspirándose en sus propias vidas. Por eso muestran tanta pasión en el proyecto: nada es falso. No tuvieron que buscar en bodegas cosas de la década pasada, ni tampoco exagerar maquillaje para mostrar el paso de los años.

—¿Qué pensaste de la idea?

—La primera vez que oí hablar de este plan quedé asombrada.

Luego, durante el proceso, fue un tema coordinarlos a todos para trabajar poco más de una semana por año y surgían complicaciones con el estudio.

—¿Dudaste de su viabilidad?

—Esta cinta no encaja en un modelo de negocio, especialmente en Estados Unidos. Cada vez más la industria la dirigen banqueros, por eso las cintas pequeñas casi no existen. Tampoco contábamos con un grupo demográfico obvio: ¿quién va a querer ver una película sobre unos niños que crecen? ¿Una abuela? No es una historia de chicos que escapan de la cárcel por un túnel o que van al espacio exterior. No hay una trama que la haga fácil de vender.

—Al ver la película, ¿revives momentos de tu vida?

—Es imposible que no suceda. La miro y recuerdo: “Esa escena es antes de que naciera mi hija. Esta otra cuando me casé (con Thomas Jane). Y esa cuando me divorcié y luego Ethan lo hizo (de Uma Thurman). Y la siguiente es de la época en que los padres de Ellar se separaron y él se ve algo triste en cámara…

—¿Qué piensas que la adolescencia de Ellar Coltrane quede registrada? Firmó cuando, quizá, no entendía en qué se metía.

—Bueno… Realmente no pensé en eso hasta que aparece en pantalla. Pero él y Lorelei (Linklater) son niños increíbles. Y es genial que vivieran la parte buena de la actuación: aprender el oficio desde el set, sin vivirlo como un chico fenómeno y caer en un  “Estoy en una película y soy cool”.

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—¿Qué pasó contigo y esta exposición del paso de los años?

—Insisto, a medida que creces te siente un poco más libre. Además, estoy alejada de las historias ‘hombre conoce a mujer’ que dominan las películas. Veo a un montón de actrices que luchan con el cambio y tratan de aferrarse a papeles de figura romántica.

Tal vez le resulta más fácil porque nunca se sintió cómoda en proyectos con foco en la belleza y el cuerpo. Ha trabajado para una seguidilla de realizadores de cine de autor en Hollywood y más allá: Tim Burton (Ed Wood), John Boorman (Beyond Rangun), David O. Russell (Flirting with Disaster), David Lynch (Carretera Perdida), Martin Scorsese (Vidas al límite y la serie Boardwalk Empire), Michel Gondry (Human Nature). Aunque hoy es quizá más conocida por su protagónico de una madre síquica en la serie Medium (2005-2011).

—Hace veinte años decías que casi todos los personajes que te llegaban eran sexuales.

—No estaba conectada completamente con mi cuerpo. Trataba de encontrar mi camino. Sí estoy agradecida de haber sido parte de esos proyectos, porque son historias con validez y grandes cineastas detrás. Pero en esos días todavía estaba saliendo de mi cascarón, sin saber quién era yo… Tal vez todavía no lo sé.

—En Boyhood Linklater quería registrar un proceso natural, pero no pasó lo mismo en Medium.

—Cuando nació Harlow un productor del show me pidió perder el peso que dejó el embarazo. Mi respuesta fue un rotundo no. “Estoy totalmente en desacuerdo”, le dije. Quería mostrar el mundo real: no compras la fidelidad de tu pareja manteniendo una imagen determinada. Si la otra persona se proyecta contigo a largo plazo, ocho kilos no van a hacer la diferencia.

—Ganó y, de paso, se llevó un Emmy y tres Globo de Oro por ese programa.

—Tuve la suerte de contar con suficiente crédito profesional de mi parte. Eso me dio poder.  

—Y lo mantiene: es la protagonista de la nueva serie CSI: Cyber.

—Estoy muy feliz. Es algo bonito, ¿sabes? Es como dice mi personaje en Boyhood: “¿Eso es todo? Pensé que habría más”. Me he sentido así. Pero a veces das vuelta a la esquina y tu vida cambia en cinco minutos. Y nunca lo viste venir.