Para quienes la habían visto actuar un año antes, en lo que fue su debut en las tablas, no había dudas de que el talento que desplegaba en la pantalla no era fruto del guión ni de la mano del director de turno. Claro, Paco Rivano la había elegido para hacer la obra ¿Dónde estará la Jeanette?, cuando ella todavía daba vueltas por la escuela de teatro de la Universidad Católica, allá en el Campus Oriente.

Había sido tan clara su capacidad como actriz que los periodistas no tuvieron más remedio que darle el premio como la mejor del año. Si ya alguien hubiera tenido la tupé de decir que algún día ella iba a ganar el Oso de Berlín, pocos se habrían atrevido a opinar que aquello era una locura. Tal era el genio y el desplante actoral que ya entonces Paly dejaba traslucir.

El viaje sobre las tablas y en la pantalla —la del cine y la televisión— ha sido largo para Paulina García. En estos últimos años había volcado su trabajo construyendo fundamentalmente para la televisión personajes de una hondura sicológica mayor, que pocas actrices —tal vez ninguna— pudieron haber interpretado con tal rigor. En 2008, para la serie Cárcel de mujeres, hizo el papel de Raquel La Raco Reina, una rea que cumplía condena por secuestro de menores y que, dentro de la fauna carcelaria, tenía la impronta del macho. En 2011, fue protagonista de Los archivos del Cardenal, la serie que recreó los días en que la Vicaría de la Solidaridad luchaba contra los organismos represivos de la dictadura, y donde dio vida a Mónica Spencer, una aguda reportera.

Sin embargo, el desafío que significó para ella asumir el papel de Gloria, la protagonista de la película homónima por la que acaba de recibir el Oso de plata de Berlín a la mejor actriz, fue para ella el más difícil de su carrera. “Es el rol más complicado que he hecho, porque es un personaje muy contemplativo. Que a veces está en una segunda línea y luego asume el protagonismo. Lo que más me gusta es que jamás renuncia a encontrar la felicidad”, dijo Paly luego de recibir la estatuilla.

El triunfo de la actriz no sólo es una buena señal para su carrera sino también para el cine chileno en general y revela una tendencia que se ha venido dando en los últimos años. No se trata del ciclo que se iniciara en 1991 con el premio a la mejor ópera prima que se llevó la película La Frontera, de Ricardo Larraín, en el mismo festival que resultó galardonada García. En los últimos cuatro años, las cintas nacionales se han llevado importantes reconocimientos que han situado al cine chileno y a un racimo variopinto de directores en la mirada de la crítica internacional.

En 2009, fueron reconocidas La nana, de Sebastián Silva (Sundance) y La buena vida, de Andrés Wood (Goya); en 2011, La vida de los peces, de Matías Bize (Goya); y en 2012, Violeta se fue a los cielos, de Andrés Wood (Sundance), Joven y alocada, de Marialy Rivas (Sundance) y No, de Pablo Larraín (La Habana y Quincena de realizadores de Cannes). Una buena forma de empezar el año. Con Paly en la gloria y el cine en chileno en la boca de todos.