Paulina —Pali— García Alfonso (53, casada, tres hijos) no alcanzaba siquiera a sacarse los lentes de su entrañable personaje Gloria, de la película homónima de Sebastián Lelio, cuando su vida dio un vuelco. El Oso de plata en el Festival de Cine de Berlín era el aviso de que ya nada sería como antes. Eso fue hace un poco más de un año.

Antes de juntarnos a conversar con la actriz chilena más requerida del momento, Pali nos habla desde su celular. Conduce perdida y no encuentra la dirección. Luego explica que tiene la cabeza llena de cosas y que unos maestros que están haciendo arreglos en su casa la tenían en la estratosfera.

Se ve radiante, aunque reconoce que lleva demasiado tiempo sin vacaciones. Años. Hace poco, estuvo unos días tratando de desconectarse en un lodge en el Cajón del Maipo y se hizo un tremendo moretón en una pierna mientras subía piedras como niña chica.

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Días después de nuestra conversación, Pali tendría que viajar a Panamá para la ceremonia de los premios Platino, por la que estuvo nominada —y ganó— el galardón a mejor actriz nuevamente por Gloria, la carta de presentación tardía de esta actriz que partió muy joven en la teleserie Los Títeres (1984) y que hoy cosecha años de trabajo duro y silencioso.

Los ofrecimientos para hacer películas extranjeras, las comparaciones con Meryl Streep, las filmaciones en Los 33, su regreso al teatro junto a Coca Guazzini y Claudia di Girolamo para La Anarquista (del 9 de mayo al 28 de junio, Teatro UC) y sus participaciones en las cintas Im from Chile, Las Analfabetas y Un concierto inolvidable forman parte de la recargada agenda que García trata de dominar sin ayuda comunicacional ni aires de estrella. “Me importa que la energía fluya, no me da lo mismo. Quiero que lo que hago no se traduzca en una guerrilla relacional”, cuenta sobre cómo ha compatibilizado su rol de madre con este aluvión de trabajo.

—Tienes tres hijos veinteañeros…

—Sí, pero ellos son grandes. Para mí ha sido cansador, pero no estresante. He viajado con algunos, me he llevado a mi marido y hemos coincidido en varios lugares donde me han invitado por la película.

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—¿Te esperabas algo de lo que te ha sucedido tras Gloria?

—¡Nada! Uno filma a puertas cerradas… Es un trabajo muy privado, íntimo y ni se te ocurre que algo va a pasar. Soy una actriz con muchos años de carrera, entonces no es algo que me tenga perpleja. Es una novedad, lidio con ello, se abren puertas, pero tampoco las golpeé.

Pali dice que pasa mucho tiempo sola luego de la gira interminable en que se ha convertido Gloria. Los hoteles se transformaron en ‘una casita’. “No me dan miedo, prefiero estar en mi casa, pero no tengo problema: libros, musiquita… Hagamos buena onda, yoga… ¡Sí, porque esto cuánto va a durar! ¡Lo que me ha pasado es completamente fantástico! Tengo 53 años y esto es una rareza. Es como que a mi edad empezara todo de nuevo: las oportunidades de películas saltan” , cuenta horas después de su fugaz participación en Los 33, la gran producción hollywoodense que volverá a posicionar a Chile en el mapa cinematográfico a fines de este año con la historia de los mineros atrapados en el norte. “Estuve en el cierre de las grabaciones, era una asesora de Piñera (interpretado por Bob Gunton). Hice todos los diálogos en inglés. Era una especie de antagonista de Laurence Golborne (Rodrigo Santoro)”, explica.

—En Los Archivos del Cardenal interpretas a Mónica Spencer, periodista de la revista Ellas. ¿En quién te inspiraste?

—Ese personaje es un homenaje a Estela Ortiz y Mónica González. Es una mezcla entre dos historias de vida que se conjugaron en un personaje. Esa fue la decisión de los guionistas y yo tomé cosas de ambas para hacer la combinación. Me interesaron sus historias de vida, entender la situación de Estela cuando queda viuda y también comprender cómo operaba la cabeza de la Mónica González… Los artículos que escribía entonces y los que hace hoy en CIPER. Tenía mucho material para leer en los aeropuertos..

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—Tu personaje en Los archivos… es muy emocional, pero también tremendamente político. ¿Cómo viviste los tiempos de dictadura?

—La dictadura me pilló en el colegio, en el Villa María… (Se pone a cantar) “¡Villa María, plata perdida!” Jajaja. Cuando digo eso, mis compañeras me ‘feisbuquean’ para decirme ¡Cómo dices eso!… Jajaja. Nos llamaban las ‘vacas marinas acuáticas: Villa María Academy’. No tengo ningún buen recuerdo del colegio. Estudié ahí siempre. Debo reconocer que aprendí a hablar inglés, pero la burbuja era total, rotunda. El colegio me aburría enormemente, eran puras mujeres, una lata. ¡Yo quería estar en un liceo o en un colegio mixto, que me pasara algo! Mi destino era esperar que un niño me sacara a bailar en una fiesta y eso me daba una ira desesperante. Es extraño porque es un colegio al que no le recomendaría a nadie meter a sus hijos, pero yo tuve suerte, con profesores antes de la dictadura que venían con otra carga.

—¿Cómo crees que ese período afectó a toda una generación cuarenta años después?

—No sé, la dictadura debe habernos partido por la mitad a todos, pero también sé que la resiliencia existe y que las personas hacen procesos distintos y renuevan votos con la vida. En relación con las nuevas generaciones, nosotros somos una muy ideologizada. Para mí es casi imposible estudiar un personaje sin preguntarme por su posición política. Incluso si no la tiene, me agarro de eso para saber el universo donde está parado.

—En tu medio hay un castigo a las mujeres que, naturalmente, envejecen. ¿Cómo te lo tomas?

—Como un dato de la causa. No he hecho mi carrera sujeta a esos parámetros. No es mi drama diario… ¡Es fantástico envejecer! Me da calma, me ha otorgado el valor del tiempo, no siento la urgencia de correr. Si hay que empujar mucho, digo que no.

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—En el cine hay mucho de estereotipos. En Gloria y Las Analfabetas aparece una Pali García como una mujer madura y liberada. ¿Se ajusta a lo que eres y a la idea que tienen las generaciones más jóvenes sobre tu trabajo?

—¿Liberada? ¡No! Tengo todos los rollos con la familia, los hijos… Pero hay días que no. Hoy no por ejemplo. Hoy está todo súper bien, pero me llamas mañana y capaz que me haya peleado con mi marido… Uno nunca sabe lo que va a pasar. No me siento liberada. Yo estoy casada, tengo hijos y me carga que no me esperen a comer. Tengo claro que la imagen que una da siempre es un personaje. Esa imagen de Gloria tiene algo de mí y mucho de mito… ¡Mejor no desmitifico nada y que sigan creyendo que soy fantástica!