Le gusta hacer películas en las que uno no se puede levantar a comprar cabritas, porque “te vas a perder algo”.
Esa expectativa constante vive en la notable trilogía de cintas relacionadas con la guerra de Vietnam (donde Stone combatió) y que lo llevaron a conseguir dos de sus premios Oscar (Pelotón y Nacido el 4 de julio). También se la puede observar en Scarface (Caracortada), cuyo guión le pertenece. En este caso, el filme se ve beneficiado, además, por el vuelco que le da Al Pacino al personaje protagónico. Que sorprendió al propio Stone.
En su obra y en su vida, la presencia de la droga es una constante. En una entrevista con el canal CBS, el director habló de lo bien que le hizo la marihuana mientras estuvo en la guerra: “En Vietnam, la yerba hacía la diferencia entre ser humano o una bestia. Había muchos tipos que bebían y realizaban masacres, violaciones. Los que nos drogábamos éramos más conscientes del valor de la vida”, declaró el director de 65 años, tres veces casado y con tres hijos, la menor una adolescente de 16. Su hijo mayor, Sean, un realizador de documentales de 27 años, se convirtió al islam hace poco y cambió su nombre a Alí. “Fue por razones filosóficas. A esa edad, yo hacía cosas más locas”, comentó Oliver, que ganó su primer Oscar a los 31 años por el guión de Expreso de Medianoche.

La droga ha sido un tema en sus creaciones, pero también en su vida personal. Mientras escribía Scarface estaba tratando de superar su adicción a la cocaína. Una productora contó que durante la filmación de Natural Born Killers el equipo consumía ‘hongos mágicos’ (psilocibina). En 1999, Stone fue arrestado por cargos de alcohol y drogas. La pena fue participar en un programa de rehabilitación.
A The Hollywood Reporter le confesó que cree en el “LSD, la mescalina, los hongos y la ayahuasca”. Que prefiere mantenerse lejos de la cocaína, pero que ha fumado marihuana toda su vida. “Puedo dejarla por varias semanas. No soy adicto, pero la disfruto. La yerba es un don de Dios”.
Muy llevado de sus ideas, pone lo que quiere en sus obras. Varios que colaboraron con él para el filme The Doors, como el tecladista Ray Manzarek, se quejaron de que no tomó en cuenta lo que le dijeron. En el caso de Alexander, sobre Alejandro Magno, se centró caprichosamente en su homosexualidad. El escritor del libro Expreso de Medianoche, Billy Hayes, que narra su propia experiencia, se ha quejado de que Stone caricaturizó al pueblo turco. “Yo tuve amigos turcos en la prisión”, señaló.
Durante los últimos años, Stone ha politizado notoriamente su carrera, realizando documentales sobre Fidel Castro y Hugo Chávez, y filmes sobre Nixon y George W. Bush. Puede ser “el único izquierdista que trabaja en la industria cinematográfica masiva”, planteó el diario británico The Guardian.
Ahora, Stone vuelve al ataque como en sus mejores tiempos con Salvajes, una historia de narcotráfico y acción, que incluye en el elenco a tres revelaciones —Blake Lively (la it girl de Gossip Girl), Taylor Kitsch (protagonista de Battleship, con Rihanna), Aaron Johnson (el joven Lennon de Nowhere Boy y el superhéroe sin poderes de Kick-Ass)— y a tres consagrados —John Travolta (como un corrupto agente de la DEA), Salma Hayek (la ‘madrina’ de un cartel mexicano) y Benicio del Toro (el malvado sicario de esta última).
El thriller, basado en un bestseller de Don Winslow, se refiere al interés de un cartel de droga mexicano en el negocio de Kitsch y Johnson que producen una marihuana gourmet en California.
Su agente le envió el libro a Stone. Le encantó: “Era algo que no había hecho hace mucho tiempo; era contemporánea, con esa onda de ‘aquí-vamos: diviértete’. Después de hacer W (sobre Bush), Wall Street: Money Never Sleeps y World Trade Center, esto era como una bocanada de aire fresco”, comentó.

NO HAY UNA TÍPICA PELÍCULA DE OLIVER STONE, señala la revista Rolling Stone, pero algunas cintas tienen su impronta: repartos estelares, grandes temas y un sentimiento de ambición que explica tramas terriblemente entretenidas. La publicación expone sus diez mejores cintas, entre las cuales destacan Wall Street (1987) y JFK (1991).
Salvajes se estrenó a comienzos de julio en Norteamérica y llegará a Chile a fines de septiembre. Las críticas han sido buenas: “Es un esperado regreso a los épicos filmes de crímenes, como Natural Born Killers”.
—¿Por qué quería hacer esta película?
—Se veía como un camino muy divertido bañado por el sol. Fue salvaje, impredecible; no sabes qué pasa después; es un thriller, pero al mismo tiempo tiene desarrollo de personajes. ¡Posee todas esas cosas que me encantan!
—¿Se inspiró en las noticias que vienen de México en estos momentos?
—Sí, en parte. Ciertamente está en las noticias, pero California es un paraíso para quienes cultivan marihuana de manera independiente. ¡Es la mejor yerba del mundo! Llevo 40 años fumando (risas) y soy capaz de detectar si viene de Afganistán; he estado en Vietnam, Tailandia y en Sudán del Sur, y fumé ganja con algunos de los soldados que están allá. En ese momento yo pensé: Esta es la mejor. Y no olvides la Jamaica de los años ’70, era maravillosa. Pero esta de California es increíble. Es como los computadores Apple: alguien se metió en el negocio y la hizo extraordinaria. Son drogas inteligentes.
—¿Qué piensa de la legalización de la yerba?
—Personalmente, creo en ella, pero no es fácil hacerlo. La despenalización es ciertamente un primer paso. Sacar a la gente de la cárcel, porque nuestro sistema carcelario per cápita en Estados Unidos es peor que el de Rusia y de China; tenemos más personas en la cárcel por crímenes sin víctimas, incluyendo a una enorme cantidad de muchachos cuyas vidas están siendo devastadas. Todos saben que la vida carcelaria te va a arruinar, especialmente en este país. Hay un libro que se llama El Nuevo Jim Crow, que es una antigua expresión (despectiva) en Estados Unidos que se usó después de la Guerra Civil para referirse a leyes que se aprobaron para dejar a la gente negra fuera de la inmigración. La autora prueba que esto es peor que la esclavitud. ¿Sabes lo que es estar en la cárcel? Te despiertas, y no puedes tomar un café.(ríe)
—¿Tenían yerba real en el set de filmación?
—No podíamos traerla porque Universal es una corporación inmensa. Tuvimos que crear todo de manera sintética, cada cogollo.
—¿Cuál fue el principal desafío para hacer este filme? ¿Reunir el dinero?
—Producirlo. Cuando teníamos a todos los actores, debíamos hacer que calzaran sus agendas. Era imposible. Uno estaba en una película en Inglaterra, Blake (Lively) estaba en un programa de TV, John (Travolta) tenía esto, Salma (Hayek) lo otro. Aaron (Johnson) había terminado; gracias a Dios estaba libre. Aaron y Benicio (del Toro) eran los únicos disponibles, de modo que fue un complicado rompecabezas, y teníamos sólo 58 días. De modo que cada día debía funcionar, porque estábamos muy comprometidos. Hubo momentos terribles. Todos esos días en el calor, en el medio de la nada, los actores no tenían sombra…
—¿Su película representa un punto de vista político sobre el problema del narcotráfico entre México y Estados Unidos?
—Sí; es horrible. Existe enorme crueldad en ese negocio y respecto a las personas no sólo en México, Guatemala, Honduras, El Salvador; la crueldad es antigua. Hay muchas actitudes acerca de India, existen muchos tipos de crueldad. Y han estado allí; no puedes ignorar el poder de la inquisición y de la tradición azteca. Parece feo, pero al mismo tiempo, debes mirar a los Estados Unidos como una fuente de estos temas, porque le declaramos la guerra a la droga, parcialmente por culpa de México, allá en 1969, con Nixon. Y esa guerra terminó, como todas: con un desembolso de dinero a una enorme cantidad de personas, que ganan peleando la guerra.
El tema apasiona a Stone: “La guerra a menudo es corrupta. Como lo fue en Vietnam, Irak, Afganistán. Vemos a la DEA con un presupuesto absolutamente inflado, y eso crea más problemas. Tenemos un sistema carcelario absolutamente colapsado. Y todo el conjunto se vuelve dependiente del dinero para alimentar a la población de la prisión: los guardias, los sindicatos, los fiscales, los abogados, los jueces. Al mismo tiempo, le pasamos enormes cantidades de dólares a México y a diversos países para combatir las drogas, lo cual crea más corrupción en esos países.
—Se puede acceder a mucho dinero.
—¿Cómo eres un general con baja paga si puedes hacer una fortuna traficando drogas? Te incita a hacer tratos. De manera que tienes mafia a ambos lados de la frontera y traficantes, que también se aprovechan de esta situación.
—Tampoco resulta la prohibición.
—Hay cuatro carteles, pero, cuando los prohíbes, aparecen siete malditos carteles, como dice Travolta en la película. No tiene sentido. No puedes prohibir algo que la gente desea. Como el alcohol en Estados Unidos, no puedes negar drogas de esa manera; las personas las quieren. Y ¿qué pasa después de la prohibición? ¿Qué ocurre con los gangsters? ¿Con los que estaban vendiendo? Se fueron a otras actividades ilegales, porque podían ganar dinero. Con la prohibición aprendieron cómo hacer fortuna: carreras de caballos, juego, prostitución, drogas… De modo que tenemos que equilibrar el mercado, despenalizarlo y convertirlo en un tema médico, de salud; no es un problema de criminalización. La mayoría de las drogas no tiene nada malo.
—La guerra de Vietnam fue personal para usted, pero pareciera que ésta también es personal para usted. ¿Por qué?
—¡Porque es estúpida! ¡Odio que nuestro país sea estúpido! ¿Qué quieres? Intervenimos en todas partes. Nos estamos jodiendo a nosotros mismos, destruyendo la gallina de los huevos de oro. Todas las políticas han estado equivocadas desde la Segunda Guerra Mundial. Estoy haciendo una historia acerca de esto llamada Lo no contado (The Untold Issue), así que no hagas que empiece… (Risas). ¡Son diez horas!
—¿Qué importancia tiene, entonces, el título para usted?
—Salvajes; bueno, ¿quién es un ‘salvaje’? Creo que la idea es que éste es un negocio salvaje. Y la guerra es una cosa salvaje, la moralidad de todos, incluyendo el personaje de Aaron (Jackson), se vuelve más y más salvaje, en la medida en que cruza la línea.

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