Dominio perfecto: el secreto a voces de tres décadas de provocación ante los flashes. Un gentil movimiento de pierna en la alfombra roja del BFI London Film Festival inmortalizaba viralmente los atributos de Nicole Kidman (49) en redes sociales. Al mismo tiempo, la ganadora del Oscar mantenía el pulso de una sensual caminata tras el terciopelo de un Armani Privé, directo a la premiere de Lion, la cinta que protagoniza junto a Dev Patel, David Wenham y Rooney Mara.

Será el drama real, dirigido por el australiano Garth Davis y adaptado del libro autobiográfico A Long Way Home, el que traerá de vuelta a la rubia en un posible camino al reencuentro con la estatuilla que levantó en 2002 por The Hours.

En la piel de la australiana Sue Brierley es que Kidman jugará su rol como la madre adoptiva de Saroo (Dev Patel), un niño de cinco años que se separó accidentalmente de su familia biológica en una estación de trenes de la India y que crece bajo el alero occidental hasta que decide volver en búsqueda de su pasado en Calcuta. “Es una historia que realmente me conecta”, señala Kidman.

Elenco y actuaciones aplaudidas por la crítica internacional, mientras la actriz prepara el estreno de la serie de ficción para HBO Big Little Lies, donde compartirá pantalla con Reese Witherspoon y Shailene Woodley.

En temporada de estrenos, Nicole también celebra diez años de matrimonio junto al cantante neozelandés Keith Urban, con quien tiene dos hijos, Sunday (8) y Faith (5). Mientras, la prensa aún especula de sus polémicas declaraciones acerca de su matrimonio con Tom Cruise —con quien adoptó a Connor (21) e Isabella (23)—, donde aseguró al medio internacional Red: “Era muy joven cuando me casé. Ahora miro atrás y pienso, ‘¿qué?’’’. En esta entrevista, la australiana se confiesa, recapitula más de tres décadas de carrera y profundiza sobre su “instinto maternal”.

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—Nicole, partamos desde sus inicios… ¿Cómo comenzó su carrera y qué siente cuando está ‘en escena’?

–Siempre quise ser actriz, lo supe desde muy niña. Sin embargo, en Australia la actuación era vista como un hobby y no como una profesión. A pesar de que mis padres también eran tradicionales, nunca se opusieron. Fue así como decidí tomar clases. Ahí, en los ensayos y lecturas, supe que esto era lo mío. Sólo puedo explicar lo que siento afirmando que esto es parte de mi ADN y la verdad, he tenido una excelente vida gracias a mi trabajo.

—¿Cómo se prepara antes de cada actuación?

—Dependerá de cada guionista. He trabajado con algunos que construyen el relato junto con el actor y otros, como Buck Henry en To die for donde dices: ‘Ah!, este texto es perfecto’. Es como si no quisiera cambiar una sola palabra. Esa disciplina la adopté del teatro, donde aprendes guiones y los repites ‘al pie de la letra’. Uno no va e interpreta de cualquier forma a Shakespeare o Chekov…

—En la cinta To die for vimos su lado más cómico. ¿Qué piensa de la comedia?

—Por como soy, creo que me vinculo más con la comedia negra y por el hecho de ser australiana, con la sátira (ríe). Admito que me encantaría participar de alguna comedia del subgénero screwball (clásico durante la Gran Depresión en Estados Unidos)… Mi hija de ocho años me recuerda a la comediante Lucille Ball y me hace reír cada mañana con sus performances. Sólo espero tener la oportunidad de participar de una producción así… Miro a Carol Lombard y me pregunto: ‘¿cómo logra?’. Admiro el trabajo del antiguo Woody Allen, la habilidad de Meryl Streep y claro, De Niro…

—Mencionó a directores a quienes sigue… ¿alguno ha cambiado su vida?

—Claramente, Stanley Kubrick me cambió profundamente. Trabajar con él se sintió como estar en la obra central del colegio, con el maestro de los maestros. No sólo cambió mi rol como actriz, sino lo personal. También hay directores más ‘filósofos’, que analizan el día a día, como Jonathan Glazer o Jane Campion. O los hay como Baz Luhrmann, quien te impulsa hasta llegar a los niveles más extraños y a los lugares más maravillosos o hay otros que comienzan y logran un buen salto, como es el caso de Garth Davis en Lion.

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—Y en The hours obtuvo el Oscar y pudimos ver su versatilidad…

—Pero son las palabras de David Hare, el guionista. Volvemos a lo anterior, donde el que escribe la obra es clave. El me dio la riqueza de esos diálogos, tan increíbles que estaban listos para ser actuados. También fue el espectacular trabajo del director, Stephen Daldry… una sincronía perfecta de un equipo cercano, que me dio la gran oportunidad de realizar el personaje de Virginia Woolf.

—Ese momento se define como el peak de la carrera de un actor… ¿Cómo ve el éxito en el presente?

—Exito… Creo que mi relación con él es un poco lejana. No tengo claro cómo definirlo aún, sólo sé que estoy concentrada en mi camino. Haber ganado un Oscar significó mucho, pero sin duda me demostró la soledad en la que estaba inmersa, porque no tuve con quién compartir ese momento. Cuando lo recibí pensé: ‘Creo que tengo que hacer algo y… buscar el verdadero amor’. Eso me demostró que aún conservo la capacidad de asombro, de curiosidad. Aún me emociono con una buena obra, con una novela o una película. Me gusta saber lo que las personas piensan de mi trabajo. Me sucedió con la obra Photograph 51 (que presentó en Broadway el 2015), donde conectarme con el público me motivaba a seguir. Del otro lado, cuando uno hace cine, es extraño no poder compartir la sensación con la gente. Hoy me preocupo de sensibilizarme con lo que me rodea, con mi trabajo. No hay nada peor que una sociedad insensible. Siempre busco la conexión, porque me gusta que la gente sienta y a mí también me gusta sentir.

—¿Tuvo entonces la oportunidad de reunirse con Sue Brierley antes de interpretarla en Lion?

—Claro. Ella vive en Tasmania y fue a Sydney a pasar el día conmigo. Nos parecemos mucho, tenemos tantas cosas en común que, en lugar de hablar de cómo interpretar su historia, nos dedicamos a conversar de nosotras… de la vida, de nuestras opiniones. Es muy gratificante sentir eso y después pensar: ‘Ahora debo interpretarla’.

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—¿Qué fue lo que más la identificó de Lion?

—Sin duda, la interpretación de mi personaje. Sentí que Sue tenía un discurso que yo también siento. Fue tal cual me pasó con The hours. La historia de una visión durante la juventud, que anuncia la llegada de este niño en un momento difícil, quien de alguna forma, encontraría a Sue como madre. Pero además, la magnitud y la realidad del relato. He interpretado a muchas madres, pero en este momento de mi vida, siento que mi instinto maternal cala muy hondo en mí, de una manera muy poderosa. Me gusta lo que habla la película sobre madres biológicas y adopción. Mi misión es transmitirlo en la pantalla.

—Finalmente, ¿cómo cree que la industria ha cambiado en estos 30 años de carrera?

—He percibido un cambio muy fuerte y hay grandes oportunidades para quienes están empezando. Cuando miras la televisión o ves Netflix, te das cuenta de la cantidad de nuevos espacios que hay para actuar, producir o conseguir financiamiento. Con todas esas posibilidades, aún es difícil ver producciones con criterio, que entreguen un mensaje con contenido. En lo personal, si me llega un guión, independientemente de quien venga, lo leo. Es difícil contactarnos, lo entiendo, pero uno siempre tiene ‘al amigo del amigo’. Así de simple, a esta altura, esas cosas sí pasan.