Natalie Portman va a dar mucho de que hablar en esta próxima temporada de premiaciones tras su actuación en la película Jackie de Pablo Larraín, que se enfoca en los días que siguen al asesinato de John F. Kennedy en 1963, desde la perspectiva de su viuda, Jacqueline Kennedy, una de las mujeres más queridas pero a la vez más enigmáticas del siglo XX.

Portman, quien ha sabido encarnar a este personaje, muestra la forma en que le tocó lidiar con el nombramiento de Lyndon B. Johnson como presidente, además de explicarles a sus dos hijos que su padre “tuvo que irse al cielo”, pasando por el planeamiento del funeral y su salida como primera dama de la Casa Blanca.

Si bien no es una película biográfica, Portman encarna tanto la ansiedad y la angustia como la ira de una mujer que pierde a su marido y tiene que enfrentar al mundo al mismo tiempo, mientras trata de superar la pena. Natalie Portman conversó con CARAS sobre su rol.

—Jackie Kennedy en su momento fue una mujer que estuvo rodeada de mucho poder. ¿Qué tanto te sientes identificada con ella en ese aspecto?

—En la película hay una mirada específica de su forma de ver el mundo. Tuvimos que evaluar y discutir mucho acerca del matrimonio de Jackie, que fue uno muy imperfecto, y lo que sintió de estar en él y salir de él abruptamente. Mostrar ese aspecto de su vida fue importante para nosotros.

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—¿La Jackie que interpretas tuvo alguna libertad creativa para la película o el comportamiento de tu personaje se aferró estrictamente al guión?

—No, este personaje es definitivamente una versión con elementos ficticios, y lo digo porque nadie sabe exactamente cómo era el comportamiento de Jackie a puerta cerrada con su familia, en su intimidad. Nadie sabe lo que ocurrió entre ella y su sacerdote, o entre ella y sus hijos en esos días. Hay muchas cosas que imaginamos, pero también hay muchas cosas que son ciertas. El tour a la Casa Blanca es exactamente como sucedió, las mismas palabras y pausas. De esa manera hay mucho de su diálogo que está tomado directamente de citas suyas, de las entrevistas que dio a Schlesinger y que interesantemente ella misma editó. Pero igual hay muchas piezas que se perdieron y eso nos dio el pie para imaginar lo que ella pudo haber dicho en ciertos sitios y la forma en que sintió los momentos que no quiso compartir con el público, o que simplemente no encajaban con la historia que ella estaba contando.

—¿Pero tu personaje mismo no sigue una línea específica?

—Bueno, sentimos que teníamos que ser lo más cercanos posibles a la naturaleza de Jackie por los hechos históricos y los libros que leí, los videos que existen de la época y así aprender a hablar como ella y a tener sus ademanes. Pero al final de cuentas, yo no la conocí, nunca hablé con ella, por eso mucho de lo que pienso sobre su persona es imaginado. Ella misma dijo en alguna ocasión que la historia no es siempre lo que sucedió sino cómo lo escriben los que la cuentan. Y eso es parte de todo esto.

—¿Qué tanto tuviste que conversar del personaje con Pablo Larraín? ¿Cuál era la intención del director al respecto?

—Pablo es único en su forma de pensar, y siempre aborda las cosas de una manera que ni yo misma emplearía en primera instancia, lo cual es emocionante porque por supuesto eso enriquece mucho a lo que uno ya tiene como actor. El añade ideas, y muchas veces decía cosas que no tenían sentido para mí, como agregar sentimientos que yo estaba segura de que Jackie no estaría sintiendo en momentos específicos. Pero siempre confié en su intuición como artista y como persona, y tuvimos una relación de trabajo muy cercana que nos dio el espacio para tratar de ensayar muchas cosas. Yo sabía que ante todo él estaba buscando algo tan cercano a la verdad como fuera posible y nada más. Y luego al ver las escenas puedo sentir la tensión en ellas por los mismos detalles que él tenía en cuenta.

—¿Sientes que su sensibilidad como director pudo cambiar la percepción del personaje para ti?

—Oh, claro. Pienso que debido a que (Pablo Larraín) es un director chileno, él no tenía en su cabeza esa mitología que existe sobre Jacqueline Kennedy Onassis o sobre la familia Kennedy como la tenemos en los Estados Unidos, esa actitud casi de reverencia. Y eso me parece crucial para poder mostrar a una mujer que tiene virtudes y defectos de una forma mucho más clara y humana, en lugar de tratarla casi como si fuera de una familia de la realeza a la que hay que proteger.

—No obstante, por la forma en que interpretas a Jackie se puede notar que hiciste un trabajo extenso de reconocimiento…

—¡Por supuesto! Desde el acento hasta sus movimientos, su cercanía con la sociedad de Nueva York y todo eso fue parte de mi trabajo.

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—¿Específicamente qué tanto investigaste sobre Jackie para interpretarla?

—No te imaginas la cantidad de libros que leí sobre ella. Como unos veinte sin exagerar, y vi cuanto video pude encontrar de los Kennedy y de Jackie. Hay mucho material sobre ellos y documentos, por supuesto. De hecho mientras estábamos rodando, con Pablo seguíamos encontrando cosas y nos enviábamos correos electrónicos para discutirlas. Y debido a que existe esta clase de fascinación pop sobre su personalidad, por ser un ícono de estilo, de moda y de clase, hay muchas cosas interesantes sobre ella que fueron de gran ayuda, porque aprendes que era muy consciente de su imagen. Hay gente que la percibe como una mujer superficial, cuando en realidad fue muy compleja.

—En algún punto de la película ella afirma no querer casarse con un presidente. ¿Crees que lo dijo en serio?

—Pienso que esa línea de la película representa su tipo de humor negro, que todo el que la conocía bien sabía que tenía. Y eso hacía que la gente la quisiera tener en su mesa cuando había una cena social. Ella poseía un humor inteligente y negro. Y esa no era su personalidad pública, porque era muy políticamente correcta en público. Por eso creo que tras en privado pudo ser un poco oscura y mostrar su humor de manera más notable.

—¿A ti te gustaría estar casada con 
un presidente?

—No quisiera realmente (risas). Poniéndose en los zapatos de Jackie, era una situación única. Creo que para ella todas las circunstancias de su vida fueron muy específicas. Nadie en la historia había vivido lo que a ella le tocó. Así que sí, por supuesto, he pensado mucho acerca de lo que tuvo que vivir.