Con su piel blanca y los ojos azules, se veía perfecta como una estilizada periodista de clase alta en la escalofriante película El aro. Ahora, reporteros y comentaristas coinciden en que ella es ideal para representar a la princesa Diana en la primera película acerca de su vida privada —se han hecho varios telefilmes—, de los años finales y de su romance con el doctor Hasnat Kahn.
Al aceptar el rol protagónico, la actriz de 43 años estuvo consciente de que su actuación generará mucho más atención que cualquier otro papel que haya hecho. “Es espeluznante tomar el personaje… —sonríe Naomi—. Sufres una presión inmensa porque todo el mundo tiene una impresión tan fuerte de ella; pero eso te hace aceptar el desafío. No podría haberlo rechazado. Ella es un icono, forma parte de la historia y esa historia necesita ser contada”.
Dirige la película Oliver Hirschbiegel, famoso por La caída, que muestra los últimos días de Hitler, y que ha recibido tantas versiones con subtítulos divertidos en YouTube. Naveen Andrews (el de Lost) hace de Dr. Kahn.

LA REVISTA PEOPLE PUSO A NAOMI COMO UNA DE LAS 50 MÁS LINDAS del mundo, en 2002. Hija de un ingeniero de sonido que fue road manager de Pink Floyd, en la autobiografía de Nick Mason, baterista del grupo, aparece en una foto en brazos de su madre junto a su papá, su hermano (Ben), y toda la banda. La familia duró poco. Cuando Naomi tenía 7 años, su padre murió de una sobredosis. Y a los 14 partió a Australia con su familia, donde se hizo amiga de Nicole Kidman y empezó a actuar en la televisión de ese país. Watts y Kidman trabajaron juntas en Flirting. También participó en una miniserie al lado de un joven Russell Crowe.
Siguió su carrera en Los Angeles, donde David Lynch la lanzó al estrellato con Mulholland drive (2001). De ahí en adelante, partió una década de éxitos protagonizando El Aro; 21 gramos, con Sean Penn (nominada al Oscar como Mejor Actriz); un remake más de King Kong, y Promesas del Este, con Viggo Mortensen.
Ahora, en Londres, encarna la leyenda de Lady Di. “No estamos tratando de destrozar su memoria. Intentamos mostrar a la princesa en la mejor luz posible como ser humano, que tiene muchas capas diferentes”.
Aunque en este momento se queda en la capital inglesa con el actor Liev Schreiber —su pareja hace siete años— y sus dos niños (Sasha de 5 y Samuel de 3), Naomi y su familia pasan la mayor parte del año en Nueva York. Ahí, Schreiber actúa frecuentemente en Broadway. Como respetado actor teatral ha interpretado varias obras de Shakespeare, como Hamlet y Macbeth, con muy buenos comentarios y un premio Tony.
También tienen una casa de playa en el exclusivo sector de Hamptons, vecina a la de Ben Watts, un prestigioso fotógrafo que trabaja para Vogue, Vanity Fair, Esquire, GQ y Rolling Stone.
—¿Se siente cómoda en Nueva York?
—Disfruto la energía y la atmósfera, pero es muy diferente de Londres o del tipo de vida que tuve en Australia. Liev se siente más en casa en Nueva York, pero también tenemos nuestro lugar en la playa. Amo la arena y el sonido de las olas. Me encantaría que pasáramos más tiempo allá; me recuerda a Australia; me siento muy cercana a esa etapa de mi vida.
—Cuando aceptó, ¿no temió a la polémica relacionada con su parecido con Lady Di?
—Por supuesto. Temía las reacciones del público por mi interpretación. Sabes que las personas se van a quejar porque no te pareces mucho, porque no eres lo suficientemente alta, todas esas cosas… Es muy difícil hacer el papel de una persona que tuvo un impacto tan profundo y que dejó un recuerdo tan perdurable. Eso todavía está fresco y debes respetarlo. Pero quiero hacerle justicia y ayudar a su historia con la verdad.
—¿Qué estabas haciendo cuando te enteraste de su muerte?
—Filmaba una película en Canadá y nos fuimos a una pieza que se llenó de gente mirando las noticias y todos llorábamos consternados. Es uno de esos eventos que no olvidas jamás.
—¿Cómo es la vida de una mamá-estrella?
—¡Agitado! —se ríe—. Dos son difíciles de manejar y a veces pienso que sería mucho más fácil con dos niñitas jugando con tacitas de té y muñecas… Pero a Liev le encanta tener dos hijos y yo supongo que consideraría tener otro si alguien me garantizara que va a ser una mujercita.
—¿Viajan mucho con ellos?
—No tenemos elección. Están en edad preescolar y no crea muchos problemas llevárselos por varios meses mientras filmamos.
—Pero su casa sigue siendo Nueva York.
—Sí. Queremos que los niños tengan algunas raíces y un hogar en ese sentido, porque ni Liev ni yo lo tuvimos. Queremos asegurarnos de que nuestros hijos vivan la seguridad que proporciona contar con una casa más permanente. Pero, por ahora, van a tener que acostumbrarse a viajar porque nosotros necesitamos salir a filmar.
—¿Cuál es el lugar más exótico al que ha llevado a sus hijos?
—¡Hemos estado en todas partes! India, Africa… En Tailandia pasamos seis meses mientras hacía una película sobre el tsunami (The Impossible, que se estrena en octubre en España). Fue una experiencia fantástica para todos nosotros y los niños tuvieron la oportunidad de ver a todas esas criaturas salvajes, andar en elefante y cazar ranas. Tratamos de convertir nuestros viajes en una gran aventura y no dar vueltas en el hotel solamente. Creo que a esta edad ellos pueden tener una educación más valiosa viendo el mundo en vez de sentarse en una sala de clases y jugar con bloques y pintar con los dedos.
—Viajará menos cuando entren al colegio..
—Probablemente. El mayor, Sasha, ingresó a kindergarten este mes. Pero Liev y yo pretendemos seguir moviéndose con ellos de tiempo en tiempo, especialmente si las locaciones son interesantes. En algún momento necesitaremos quedarnos en un lugar por períodos más largos; por ahora somos muy móviles.
—Te tomaste algún tiempo libre después de tu primer hijo. ¿Cómo fue retomar la carrera con dos niños?
—Lo más difícil fue ponerse en forma después del primer parto. ¡Subí 20 kilos! Debí hacer mucho Pilates y otros ejercicios para mantenerme. Ahora juego tenis porque me encantan los deportes y su lado competitivo; es más divertido que ir a un gimnasio. Hoy todo es más fácil, puedo dormir, tener energía en las mañanas y no necesito tanto maquillaje al levantarme.

—CUMPLES 44 A FINES DE SEPTIEMBRE. ¿TE PREOCUPA ENVEJECER?
—Sí, como a toda mujer, especialmente cuando me miro al espejo y veo que ya no soy la de hace diez años. Pero me ha ayudado realizar muchas cosas interesantes en los últimos años. Cuando comencé mi familia, me preocupaba de lo difícil que iba a ser volver a actuar. Educar a los niños ha significado que mi atención está completamente ocupada. Me siento bien por la manera en que mi carrera ha evolucionado y las películas que he hecho.
—En algún momento no querías ser madre, aunque habías soñado con ello muchos años.
—Es que sucede eso cuando has trabajado harto y tomaste la decisión de enfocarte en tu carrera… Pero de pronto te encuentras que tienes treintitantos y te preocupa tu situación. Justo en ese momento conocí a Liev en un cóctel y todo funcionó.
—¿Cómo fue ese primer encuentro?
—Nos conocimos en el baile anual del Metropolitan Museum en 2005. Yo andaba con este vestido Calvin Klein muy sexy y femenino. Nos gustamos desde el comienzo, intercambiamos números de teléfono y nos llamamos después cuando yo regresaba a Los Angeles, donde vivía en ese momento. Tan pronto pude volé de regreso a Nueva York. Luego, trabajamos en una película en China (The Painted Veil, con Edward Norton). En cuanto se fue me llamó la atención cuánto quería estar con él de nuevo.
—¿Se siente realizada?
—Todavía soy muy ambiciosa y trato de encontrar el siguiente gran proyecto. Pero es una sensación muy diferente a la que tenía que cuando luchaba para conseguirme roles y encontrar buenas películas. Ahora tengo un hombre maravilloso y niños que me hacen volver a la casa. Despertar en la mañana con tu familia es una de las alegrías más grandes que puedes tener en la vida.

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