Ambos son leyendas. Leyendas cansadas –hay que agregar–, debido a un vuelo atrasado y un largo día de entrevistas. Esta tarde Michelle Pfeiffer (55) y Robert De Niro (70) parecen algo agotados en nuestro encuentro. Pero no les tomó mucho tiempo para entusiasmarse en la conversación. De hecho, como se podría esperar, es la actriz quien se pone locuaz y agradable durante esta cita en el hotel Berlín Ritz-Carlton, mientras que él asume su habitual actitud tímida en su silla, que sólo abandona para abordar una importante historia personal. En cualquier caso, ambos parecen identificarse con La familia, del director Luc Besson (Nikita, El quinto elemento). Una comedia de acción que los muestra como informantes de la mafia, escondidos con sus dos hijos en un pueblo de Francia por las autoridades norteamericanas bajo el programa de protección a testigos. A pesar de las ocasionales escenas de tensión marital, las estrellas son ejemplos perfectos de la química en pantalla.

¿Una película que toca el crimen organizado? Ninguno de estos artistas es ajeno al tema. Menos el ganador del Oscar, famoso por sus títulos gangsteriles como El padrino, Buenos muchachos y Analízame, entre tantos otros. La rubia hizo uno de sus bailes más inolvidables en Caracortada y jugueteó en Casada con la mafia.

—Es bueno verlos juntos. ¿Por qué se demoraron tanto en coprotagonizar una cinta?

—Michelle Pfeiffer (MP): No lo sé. Hubo un par de oportunidades en que casi lo hicimos y luego no se dio por una razón u otra. Antes de La familia hicimos dos películas juntos (Stardust, Año Nuevo), pero nunca compartimos tiempo en pantalla o el set. Por eso estaba muy emocionada con esta oportunidad.
—Robert De Niro (RN): A mí me habría gustado hacer esto antes.

—¿Desde cuándo se conocen?
—MP: La primera vez que nos vimos Bob no lo recuerda, y con razón. Fue en una de mis pruebas iniciales en Hollywood, cuando tuve una reunión con él para Toro Salvaje. Llegué tarde y ni sabía quién era él. Yo era muy joven. Desde ahí nos topábamos de nuevo en las alfombras rojas del par de películas en que coincidimos.

—¿Mantiene ese espíritu de fan luego de trabajar con él?
—MP: Todavía lo admiro muchísimo. Pero estoy más tranquila. Ya no me pongo nerviosa a su alrededor.

—¿Qué es lo que admira de Michelle Pfeiffer?

—RN: Por años traté de hacer algo con ella. Una vez iba manejando y la llamé por celular, pero la conexión falló… Así que esta película marca nuestro debut juntos. Tal vez volvamos a filmar nuevamente en el futuro.

—Con una carrera increíble que se pasea por décadas, ¿se detiene a mirar sus clásicos o piensa en las películas que vienen?

—MP: Casi nunca miro mi trabajo anterior. Tampoco paso mucho tiempo pensando en el futuro. Trato de tomar mis decisiones basándome en el presente. Me encanta lo que hago. Ahora tengo el síndrome del nido vacío, que me libera más para tentarme en esa gran cantidad de opciones que antes no pude tomar porque me alejaban de la casa y de mis niños. Este es un momento emocionante para mí.

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—En la película, cocinar y juntarse en torno a una parrilla es importante para la familia que representan. ¿Les pasa lo mismo en la vida real?
—RN: Yo no cocino. En mi caso tengo un chef que se encarga.

—Cuando le llega un guión,  ¿cómo maneja la construcción del personaje más allá de lo que está en el texto?

—RN: Todo se mezcla. Cuando lees de manera automática te creas tu propia opinión sobre la historia del personaje. Lo importante está en las páginas. Si se escribe bien, todo lo que gira en torno a un papel es más sencillo de entender. Y en estos días no es fácil encontrar un buen libreto.

—¿Qué le sucedió con La familia?

—RN: La película tiene como base la novela Malavita. En primera instancia, Luc Besson la iba a adaptar y producir. Sentí que el texto estaba muy bueno. Juntos nos dedicamos a buscar un director, pero él decidió hacerse cargo, ya que se dio cuenta de que nos iba a tomar demasiado tiempo hallar a un realizador que fuera bueno, estuviera disponible y que manejara su mismo gusto. Me alegra el resultado y que Michelle se nos uniera.

—Usted acaba de cumplir 70 y su padre murió de cáncer a los 71… ¿Piensa en aquello?
—RN: Voy a tratar de dar vueltas por este mundo lo más que pueda. Mi padre tuvo cáncer de próstata y yo también. Me hice cargo, pero él dejó que ciertas cosas de su enfermedad se desarrollaran, Me arrepiento de eso. Creo que él estaría vivo hoy si eso no hubiera sucedido. Actualmente me he puesto muy proactivo en torno a mi salud. Si hay algo que va a pasar, prefiero saberlo ahora y combatirlo, en vez de evitarlo por miedo. Tengo la intención de estar en buena forma por mis hijos. Todos estamos allí, nos tenemos el uno al otro.

—Mencionaron la falta de buenos guiones. Pero hoy existen excelentes historias en TV. ¿Les interesan?
—MP: Sí, es emocionante. Es muy interesante ver allí a grandes actores. Lo atractivo de muchos programas para el cable es que tienen temporadas limitadas de siete a diez episodios por año. Eso es más o menos un compromiso de tres meses, lo que te libera para otras cosas.

—En la película tienen algunas escenas de asesinatos y también de amor. ¿Cuándo se relajaron más?
—MP: Matando (risas). Una toma romántica íntima se aleja de una escena íntima. Me pongo un poco tímida a veces. Pero me sentí muy cómoda con Bob, no ensayamos para nada. Los dos tenemos matrimonios largos y familia, así que no pasamos mucho rato hablando del tema. Nos presentábamos al set y se venían todas esas historias…
—RN: Sabemos cómo funciona.

—¿Qué se necesita para mantener una relación a largo plazo?
—RN: Tomar las cosas como vienen.
—MP: Seguir para adelante. Creo que la confianza es muy importante. Y el respeto.

—¿Qué es lo más importante para usted: el proceso o el resultado final en pantalla?
—RN: Los dos. Lo bueno de las películas es que se pueden cometer errores y tener la oportunidad de hacer todo de nuevo. También probar cosas diferentes y, en la edición, ver las dos opciones y sacar algo bueno. En una obra de teatro no tienes ese lujo. Actúas y eso es todo.

—En una oportunidad dijo que hay que ganarse el derecho a interpretar a un personaje. ¿Cómo se logra?
—RN: Tienes que haber investigado, trabajar en el papel hasta llegar al punto en el que sientes que tienes el derecho de asumir el rol. Quizá no eres perfecto, pero crees en el derecho a asumir lo que haces. Aunque la gente te critique.

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—Si pudiera inventar su propio programa de protección a testigos, ¿cómo sería?
—RN: ¡Ay, Dios! No lo sé. Me gustaría pensar que en alguna bonita isla tropical. Como Gauguin en los Mares del Sur. Pero me agradaría volver los fines de semana a Nueva York.

—¿La familia siempre ha sido importante? ¿Hubo oportunidades en que necesitó estar solo para encontrar su propio camino?
—RN: Siempre hay tiempo para uno. Se puede tener lo mejor de ambos mundos. Como cada miembro de la familia tiene tiempo para sí mismo.

—¿Qué se necesita para ser un buen padre?
—MP: La perseverancia. En muchos sentidos se maneja las mismas características que un actor. No necesariamente un buen actor, pero uno que sobrevive. Regular esa delgada línea en que se exigen límites para mantener a tus hijos seguros, y en la que también se entrega la suficiente libertad para que cometan sus propios errores y desarrollen una cierta resiliencia. Y, siendo optimista, en ese camino inculcarles algunos valores para tratar a la gente y moverse en el mundo. Pero ser padres no es una ciencia perfecta .

—¿Cree que van a entrar en el mundo del espectáculo?
—MP: En este momento no muestran ningún interés real. Pero todavía están explorando su camino, los dos están en la universidad expuestos a todo tipo de cosas nuevas. Ya he visto cambios en mi hija, quien va un par de años adelante que mi hijo. Así que vamos a ver. Les digo: ‘Sigan su pasión’. Pero eso no es fácil. Yo tuve suerte porque lo supe muy joven, pero no todo el mundo sabe claramente lo que quiere. Supongo que no es tan simple.

—¿Cuál sería el consejo para sus hijos? ¿Cuiden su salud?
—RN: Sí, les inculco cómo mantenerse sanos. Son chicos de carácter muy fuerte.