Es uno de los  actores más guapos de Hollywood. Conocido por sus papeles de perfecto galán, Matthew McConaughey (44) posee una enorme fanaticada femenina y ha estado catalogado por años como protagonista de comedias románticas donde conquista con su sonrisa de chico bueno. Cintas como The Wedding Planner o Cómo perder un hombre en 10 días, son parte del repertorio que lo ha llevado a ocupar un lugar importante en el mundo cinematográfico.

Pero tanta película rosa terminó por aburrirlo. Y tomó la decisión de desaparecer de las carteleras: abandonó Los Angeles y se instaló en Florida para centrarse en su recién formada familia y buscar un nuevo destino para su carrera. Quiso dejar atrás esa antigua imagen de galán… y lo consiguió con éxito. Su radical cambio partió con cintas como Killer Joe, The Paperboy y Mud, en donde personificó roles más oscuros.

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Sin embargo, la muestra más fehaciente de su nueva imagen audaz es Dallas Buyers Club. Película basada en una historia real que lo ha llevado a conseguir su primera nominación a los premios Oscar. En ella interpreta a un enfermo de Sida, mujeriego y homofóbico que, tras enterarse que sólo le queda un mes de vida, decide someterse a un controvertido tratamiento, al tiempo que comercializa con medicamentos ilegales. Con el fin de darle credibilidad a su personaje, el actor tuvo que bajar 26 kilos. Dejando atrás su tonificada figura y sorprendiendo con una imagen demacrada y enfermiza.

—¿Cómo fue perder tanto peso?
—Complicado. Lo más difícil fue pasar por diferentes etapas. Al principio, era bastante fácil adelgazar con ejercicio y comiendo menos, pero luego llegué a un punto en el que sólo lo conseguía con la reducción de calorías. Mi objetivo era perder cuatro libras a la semana (1.800 gramos), lo que funcionó bien al comienzo, pero las cosas se fueron poniendo más difíciles. Además, pierdes mucha fuerza y tu nivel de energía es muy bajo. Mi único consuelo era beber una o dos copas de vino en la cena.

—¿Fue difícil recuperar el peso?
—Más o menos, ya que tienes que ser muy cuidadoso sobre cómo lo haces. Hay que entrenar al cerebro y el sistema digestivo para ingerir más alimento. Yo sólo quería ponerme a comer, pero los médicos dicen que es peligroso. Así que hay que tener un poco de paciencia.

—¿Qué tiene de especial el personaje de Ron Woodroof que lo hizo querer atravesar esta dura prueba física?
—Ron es un tipo rudo. Un hombre de negocios salvaje y egoísta. El no es un sujeto noble, sino más bien es la clase de persona que está dispuesta a jugar con fuego. Por ello, esta cinta es muy diferente a otras sobre el Sida. Además, es contada desde un punto de vista heterosexual que la hace aún más única.

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—Este tipo de películas son parte del proceso de transformación de su carrera… ¿Odia ahora su antigua imagen de galán?
—No, para nada, pero odiaba repetirme. Estaba cansado de hacer comedias románticas y películas que realmente no significan mucho para mí, así que decidí disfrutar de mi tiempo como padre y esperar hasta que algo interesante llegara. Las ofertas se acabaron después de unos años y fue como si hubiera caído en el olvido. Pero entonces, directores como William Friedkin y Steven Soderbergh se pusieron en contacto conmigo y querían que participara de sus películas. Ese fue un capítulo completamente nuevo para mí. Yo no perseguía ninguna de esas cintas, pero sentí que debía tomar la oportunidad. Decirle que no a las cosas que ya estaba aburrido de hacer y esperar hasta que algo bueno apareciera. ¡Y ocurrió!

—¿Qué significa para usted la nominación al Oscar?
—Es un honor para mí ser objeto de ese tipo de nominaciones y estaría mintiendo si te dijera que no me gusta el reconocimiento del público y de mis compañeros. He sido muy halagado por mi trabajo en los últimos años y estoy en un momento muy feliz de mi vida.

Pero McConaughey no siempre quiso ser actor. Al acabar la secundaria, entró a estudiar derecho en la Universidad de Austin, Texas. Sin embargo, a los pocos meses descubrió que lo suyo era el teatro. Hoy, el guapetón finalmente encontró su rumbo. Y no sólo en lo laboral. Luego de unas cuantas relaciones amorosas —incluidas Sandra Bullock y Penélope Cruz— sentó cabeza. El 2012 se casó con la modelo y presentadora de televisión brasileña Camila Alves, con quien ahora tiene 3 hijos. Levi (5), Vida (3) y Livingston (1).

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—¿Ser padre fue un gran cambio para usted?
—Es maravilloso. He querido tener mi propia familia desde que era joven. Sólo me tomó un tiempo encontrar a la compañera perfecta. Camila es una mujer hermosa, cariñosa y sensual que hace que mi vida sea mejor cada día.  Tener hijos también me ha ayudado a ser mejor actor, ya que ellos me recuerdan cómo jugar y transformarme en otra persona de manera auténtica

—¿Es más difícil trabajar lejos ahora que tiene niños?
—Los echo de menos. Pero Camila es muy solidaria. Cuando le planteé la idea de volver a participar en dos películas, me dijo: “Está bien, debes seguir adelante y hacerlo”. Ella es el tipo de mujer que quieres en tu vida, porque entiende lo que significa el trabajo. Hay un montón de familias en las que uno de los padres tiene que estar ausente por un lapso de tiempo, tenemos la suerte de poder alimentar a nuestros hijos. Así que sólo tenemos que trabajar en los detalles, porque al final somos una familia grande y cariñosa.

—¿Qué pensaba Camila sobre su apariencia demacrada en la película?
—Ella me apoya en todos mis proyectos, pero esta vez pensó que estaba llevando las cosas demasiado lejos (risas). Fue difícil para ella ver cómo me ponía tan delgado, además que dejamos de comer juntos durante ese tiempo.

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—Tuvo un pequeño papel en El lobo de Wall Street junto a Leonardo DiCaprio, ¿Qué lo llevó a aceptar ese proyecto?
—Martin Scorsese. Yo había estudiado todas sus películas en la universidad y siempre soñé con conocerlo y trabajar con él. No soy vanidoso, por lo que no tengo ningún problema en interpretar un rol secundario, siempre y cuando haya una gran historia detrás. En este caso, no sólo tenía la oportunidad de trabajar con alguien que he idolatrado durante toda mi carrera, sino que también interpretar un personaje increíble.

—Siempre ha parecido ser el tipo de hombre que está lleno de confianza con un espíritu alegre y despreocupado…
—¡¿Qué puedo decir?! Creo en vivir el presente y hacer que cada día cuente. Yo no le presto mucha atención al pasado o al futuro. Conocí a una mujer fabulosa y he construido esta familia juntos. Y en los últimos dos o tres años siento que he estado en el camino correcto. En realidad, no hay nada mejor que eso.