De no ser por las actuaciones de Diane Keaton, Susan Sarandon, Robert De Niro y Robin Williams, El gran casamiento (The Big Wedding, de Justin Zackham) pasaría por las salas sin pena ni gloria encajonada en la, a estas alturas, repetida categoría de ‘películas de matrimonio románticas y livianitas’.

Y aunque esas características son el esqueleto inesquivable de esta cinta a veces demasiado corriente, la participación de estos tesoros vivos de la actuación le suben los bonos a la historia, donde Alejandro (Ben Barnes) anuncia su matrimonio con Missy (Amanda Seyfried) a su familia adoptiva.

La situación comienza a enredarse cuando aparece la madre biológica de Alejandro, una colombiana muy apegada a la religión que ni imagina que Ellie Griffin (Diane Keaton) y Don (Robert De Niro) están divorciados hace más de diez años. Y menos que Bebe (Susan Sarandon), la pareja de Don, forma parte del entuerto que va escalando para convertir el gran evento de la vida en un verdadero desastre.

En tiempos en que las comedias sesudas reinan, El gran casamiento —remake de la francesa Mon frère se marie (2006)— corre contra la corriente con una historia simple, con humor liviano y que tiene la enorme ventaja de no ser pretenciosa en sus formas.

Y se queda ahí, porque aunque no dan ganas de salir arrancando de la sala, el guión es de una precariedad gigantesca, sólo salvable, hasta cierto punto, por el respeto y desplante que derrocha el cuarteto Keaton-De Niro-Sarandon-Williams, quienes le entregan mística y elasticidad actoral a una película fácil. ¿Pero alguien puede negarse a ver cómo estos gigantes de la actuación se parodian y aceptan el reto de hacer comedia básica? ¿Acaso hace cuarenta años podrían haber hecho lo mismo?
Sólo esa idea merece pagar la entrada.

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