Lleva acumulados millones de dólares con sus best sellers en donde predica su filosofía Kon Mari, a la que también le saca partido con costosos seminarios. Pero no terminó de hacerse famosa a nivel mundial hasta que Netflix subió el reality A ordenar con Marie Kondo a su plataforma. “¡Hola! Soy Marie Kondo. Mi misión es despertar la felicidad en el mundo por medio de la limpieza”. ¡La religión del orden! ¡Qué Jesucristo! ¡Qué Nirvana! ¡Qué Palito Ortega!

La FELICIDAD se alcanza or-de-nan-do. Con su aspecto frágil y dulce, tal como en todos los realities que hemos visto hace décadas ella entra a un hogar de personas en pecado de desorden y en cada episodio logra nuevos fieles que confiesan en cámara, ya no cómo les cambió la vida, sino cómo es que el marido se volvió más romántico luego de ordenar (¡!), cómo es que tras deshacerse de toneladas de bolsas de basura alcanzaron… sí, ya saben, la FELICIDAD.

Todo sigue la mecánica conocida: se explica quiénes son los “pecadores”, ella y su asistente e intérprete llegan al hogar en cuestión donde tocan el timbre y todos dicen con sorpresa “¡oh! ¡qué emoción! ¡miren quién está aquí!” o algo por el estilo. Luego, la sacerdotisa inicia la ceremonia que parte con una meditación (digamos, “un minuto de silencio”) y explica su filosofía (lo del komono es lo mejor).

Qué ocurre en realidad:

—En rigor, los elegidos del programa sufren el viejo y conocido Mal de Diógenes.
—Cuando no sufren de ese trastorno, necesitan terapia de pareja o educar a niños gritones que interrumpen cualquier conversación a chillidos exigiendo “¡quiero teta” a mamá. (¡Dónde están las feministas cuando las necesitamos!).
—Sra., Sr.: el orden puede hacer más agradable el día a día la pero no “trae la felicidad a nuestra casa” y a parte alguna. La vida es más compleja que eso, créame.
—Hay momentos que dan escalofríos y uno llega a pensar si esto no será un spin-off de Maniac o un episodio de Black Mirror .
—Eso sí (veamos el lado positivo): Sugiero como castigo-suave, sugerencia amable, hacer ver la serie al o l@s #adolescenteencasa que uno tenga.

VAMOS A LO PRINCIPAL

Donde Marie Kondo cruzó la raya fue cuando estableció en sus mandamientos que en materia de libros el máximo es 30. ¡Treinta! Desde esta columna yo te digo: ¡Marie Kondo #ConMisLibrosNoTeMetas! Hasta el sitio Lecturalia publicó ayer una foto hermosa con libros bajo la escalera diciendo: “Siempre hay sitio para guardar libros. No hagáis caso a Marie Kondo. Con solo 30 libros en casa yo me quedaría huérfano de páginas y memorias”. No faltó el que anunció “yo uso kindle”.

Para quienes no comprenden que se puede mascar chicle y caminar a la vez (o disfrutar de más de un placer), me ofrezco a hacer un programa sobre la felicidad de tener libros, físicos o virtuales. (Tengo una amiga que en algún momento se dedicó a la decoración y me sugirió guardar mis libros en la bodega. Ya no es mi amiga). Como estoy segura que mataría de un infarto a Marie Kondo si viera que en mi departamento no hay paredes si no estantes con libros (¡y en doble fila!), nunca la invitaré.

CONCLUSIÓN

Todo es tan delirante, tan “gringo”, tan obvio (y sí, oka, algunos tips sí que sirven) que uno termina mirándolo entre sorprendido y embobado, no sin cierto asombro acerca de uno mismo y las cosas que se pone a ver. En Netflix T1 8 episodios de entre 35 y 44 minutos cada uno.

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