Ya a nadie extraña que a los 25 años Jennifer Lawrence vaya por su quinta nominación al Oscar —una ganada por El lado bueno de las cosas en 2012— y que por Joy ya se haya llevado el Globo de Oro por su papel como Joy Mangano, una mujer cesante y que, en pleno nacimiento del telemarketing, decide inventar un trapero para sacar adelante a su familia y soñar, tal como lo hacía de niña.

Con guión y dirección de David O. Russell y un elenco de peso integrado por Robert De Niro, Edgar Ramirez, Diane Ladd, Virginia Madsen e Isabella Rossellini, Joy es una reinterpretación contemporánea del clásico sueño americano, ese donde todos tienen la oportunidad de convertirse en millonarios. Joy hace el viaje, desde lo profundo de la bancarrota económica y emocional para luchar frente a las voces y realidades que le indican volver a su rincón de mediocridad. Ante eso se rebela y se transforma desde la timidez a la agresividad en el mundo de los negocios.

Con un elenco poderoso que tiene a De Niro con sus mejores cinco minutos de actuación en años junto a los otros miembros del reparto, Russell cumple con una película bien aceitada, que fluye, pero que comparada con el resto de su filmografía, parece menor. Lawrence se lleva todo el peso de la historia de esta mujer divorciada que se convirtió en la reina del telemarketing. Joy es una película de momentos. Hay grandes escenas, casi todas levantadas por Lawrence, una historia potente pero que dispara hacia muchos lugares sin encontrar un camino definitivo y con un cierre que más parece compromiso.

Lawrence tiene posibilidades de un Oscar por Joy, película hecha a su medida con este viaje de la self made woman ochentera, pero en general no cumple las grandes expectativas que generaba un elenco, director e historia tan gringa, de esas que le encantan en la Academia.