Los tacones sonaban en el pavimento y los vestidos rozaban las calles cercanas al hotel Ritz-Carlton. Tráfico cortado y una alfombra roja que iba desde las escaleras del hotel hasta la entrada del Teatro Municipal de Las Condes. En un salón, un grupo selecto de invitados compartía con los actores en un coctel ultra privado antes de salir a la red carpet con una seguridad pocas veces vista; mientras dentro del teatro, el resto de los invitados –unos 1.200– también disfrutaban del champán pero alejados de la farándula y la política.

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Ya cerca de las 21.30 horas apareció sobre el escenario Don Francisco quien dio la bienvenida a Antonio Banderas, Mario Casas, Coté de Pablo, Kate del Castillo, Rodrigo Santoro y Lou Diamond Phillips. La ausente: Juliette Binoche, que se encuentra en temporada de teatro. Y mientras Banderas compartió un sentido poema, que el mismo escribió durante sus días en el desierto, llamado La mina y el minero, en las butacas lo observaban el ex presidente Sebastián Piñera junto a Cecilia Morel, el ex ministro Laurence Golborne que sintió algo de pudor al verse reflejado en la pantalla grande; a su lado, Cecilia Bolocco enfundada en su traje con capa burgundy; Leonardo Farkas con una chaqueta más encendida que las de Juan Yarur –la misma que usó para su portada de CARAS– y zapatos brillantes; Carolina de Moras y su polémico traje de dos piezas, y en las cuatro primeras filas los más importantes: 31 de los 33 mineros con sus familias.

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El entusiasmo por el rescate y el orgullo de ser chilenos se sentía en la audiencia; incluso hubo un instante para la política con una verdadera ovación para Sebastián Piñera, pero ya empezada la función, se hizo el silencio y la emoción embargó a muchos. Los mineros observaban callados, y sus mujeres más de alguna lágrima derramaron. En la pantalla volvieron a vivir  aquellos días a más de 700 metros, donde el heroísmo y las miserias se vivieron por igual. Y entonces el poema de Banderas cobró realismo:

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 “Abajo, la mina y el minero se abrazan porque se sienten solos sin mañanas ni promesas, mientras las venas tuneladas escupen la ansiada sangre metálica./ Madre tierra, cántame la nana de los millones de años, ‘cuéntame el cuento del magma y el azufre’. Susurra el minero, mientras chupa la teta pétrea de la loba dormida”.