Por años Leonardo DiCaprio lleva una vida de ensueño. Trabaja con los mejores directores, sale con supermodelos y es de la clase de hombres que nunca está en titulares por razones equivocadas. Prácticamente desaparece del ojo público cuando no necesita promocionar su última película y salta a la noticia por causas admirables como la defensa del medio ambiente… Hablamos del chico de oro de Hollywood, el hombre que se convirtió en megaestrella con Titanic  y, desde entonces, ha dejado su marca en una serie de aclamadas películas: Pandillas de Nueva York, Atrápame si puedes, El aviador, Los infiltrados y El origen. Un legado de logros que pocos actores modernos —además de Russell Crowe y Daniel Day-Lewis— pueden igualar. Y con 38 años, DiCaprio probablemente tiene por delante un montón de actuaciones.

Este año da vida al protagonista de El gran Gatsby, esperada cinta de Baz Luhrmann (Romeo+Julieta, Moulin Rouge), basada en la novela de F. Scott Fitzgerald, que abre el Festival de Cannes. Hace ahí un papel tan glamoroso como icónico que, además, fue representado anteriormente por otra leyenda de la actuación: Robert Redford, en 1974. La producción actual bien podría convertirse en el rol decisivo en la carrera de DiCaprio y él lo sabe. “Es la gran novela americana. Cuanto más se explora el libro, más preguntas te haces sobre la personalidad y misterio de Gatsby. Es un honor increíble interpretarlo”, admite.
Dicaprio02A Leo lo vimos hace poco en una mucho menos glamorosa —aunque no poco sorprendente— interpretación. Fue el salvaje propietario de plantación Calvin Candie en Django, de Quentin Tarantino en el violento y revisionista spaguetti western que se convirtió en la película más taquillera del director (más de 400 millones de dólares).
“Me encanta la forma en que Quentin crea su mundo y rompe todas las reglas. Por eso quise ser parte de ese proyecto. Me gusta tomar riesgos… en mi trabajo, por lo menos”, dice el actor.
Ahora termina su quinto rodaje con Martin Scorsese: The wolf of Wall Street, una parábola oscura acerca de los excesos en la comunidad financiera. El aclamado director ha formado con él una dupla que saca aplausos de crítica y taquilla.
Hoy, en medio del caos en el Hotel Ritz-Carlton de Nueva York, DiCaprio se mueve con su aplomo típico, pese a reconocer que se siente “cansado” por el intenso plan de filmación de The wolf. En su vida privada está solo, después de terminar en octubre con Erin Heatherton (24), la modelo de Victoria’s Secret, con quien estuvo diez meses. Ha trascendido que se involucró con su coestrella en el filme de Scorsese, la australiana Margot Robbie (22).
—Django marca su primer villano, ¿qué sintió?
—Era de esos papeles en que hay que comprometerse, no contenerse. Este tipo de personaje te lleva más lejos de lo que realmente quieres ir, y no había absolutamente nada sobre él que me identificara. Es el más despreciable, cruel, enfermo y narcisista que puedas imaginar. Nunca he hecho nada que se acerque a este tipo de rol; sentí alivio al terminarlo. Lo odiaba.
—Esta ha sido una de las temporadas más ocupadas: Django, Gatsby y con The wolf of Wall Street a la espera.
—Nunca había hecho tres películas seguidas. No fue planeado así, pero estoy muy contento con el trabajo y eso es, en definitiva, lo más importante. Es uno de mis mejores años en términos creativos y espero seguir encontrando grandes proyectos.

EL RETIRO NO ES UNA OPCIÓN, según se desprende de esas palabras que refutan versiones de prensa en el sentido de que el ídolo de Titanic dejaría la actuación. Lo que sí está en su futuro cercano es un descanso indefinido.
—Sus compañeros de reparto dicen que puede ser muy intenso durante el rodaje.
—Siempre encuentro el proceso muy intenso, especialmente cuando se trata de un drama. En mi vida, en cambio, me gusta mantener las cosas más livianas. La verdad es que nunca asumo actuar como diversión, porque si quieres esforzarte para hacer un buen trabajo resulta muy difícil hacerlo de otra forma. No es que busque papeles oscuros. No es algo consciente. Sólo trato de ser parte de películas que conmuevan a las personas.
—¿Quiere dejar algún legado como actor?
—Me motiva por la posibilidad de unirme a la mejor gente y construir un cuerpo de películas que me permita mirar atrás y sentir orgullo. Cuando tenía 15 años vi filmes durante año y medio. Revisé todos los grandes largometrajes y actuación que pude. Desde entonces me pregunto, ¿cómo podría equipararme con ese tipo de trabajo que forma parte de legado del cine? Esa es mi real motivación. Deseo realizar algo tan bueno como lo logrado por mis héroes. Como actor hago lo posible para contar una historia de una forma verdaderamente artística. No he parado todavía; espero que los papeles nunca se detengan.
Dicaprio03—Tiende a personajes muy resueltos. ¿Es su preferencia?
—No lo sé. Sólo respondo a lo que leo en guiones. Y lo que veo en esas propuestas son personajes que me mueven emocionalmente, que me remontan a lo que me remeció en salas de cine a edad muy temprana. No sé si esa sed se apaga. Pero me encantaría probar otros géneros.
—¿Se acuerda de su etapa de fiestas previas al boom Titanic?
—De vez en cuando me dan ataques de nostalgia sobre esa época. Tenía un nivel de atención sobre mí que podía ser molesto, pero me encantaba salir con mis amigos y jugar póquer hasta el amanecer. Existía una sensación de liberación, ¡podía hacer casi cualquier cosa sin preocuparme de las consecuencias! A veces me gusta pensar que puedo retroceder el reloj y volver a esa etapa (risas). Antes de Titanic vivía al máximo. Actualmente, cada joven actor o actriz tiene que cuidarse mucho si no quieren que le destrocen públicamente su vida.

—¿CÓMO Y CUÁNTO AFECTA SU RELACIÓN CON LAS MUJERES SU POPULARIDAD?
—Me iba mucho mejor antes de ser tan conocido (sonríe). En cuanto la fama empieza a abrumarte, debes esconderte y no se puede llegar e ir a un bar a conocer gente. Pero todavía tengo una sensación de libertad y raramente me deprimo o preocupo. Mi vida es muy buena, me gusta sacarle el máximo provecho.
—¿Cómo  ha cambiado desde sus días juveniles en Hollywood?
—(Risas) Estoy mucho más tranquilo. Cuando chico tenía demasiada energía y actuar me servía para liberarla. Recuerdo que me encantaba imitar a los amigos de mi madre. Hacía pequeñas performances burlándome de ellos… mi mamá y abuelos se mataban de la risa. Actuar cumplía mis necesidades creativas y ha sido mi objetivo desde que tengo recuerdo. Pero también he invertido mucho de mi tiempo en promover temas ambientales.
—¿Qué significa para usted esa promoción ecológica?
—Es una prioridad. Lancé una organización (Fundación Leonardo DiCaprio) cuya meta es acrecentar la conciencia pública sobre temas del planeta. Estados Unidos y China deben ser un ejemplo para el resto del mundo en cuanto a energía limpia y tecnología verde. Cuando chico vivía en un ambiente urbano. Mi único acceso para comprender la naturaleza era a través de documentales, museo y funciones en IMAX sobre la selva. Ese tema me conmovió desde muy joven: la sobreexplotación de la selva y nuestros recursos naturales. Lo triste es que aunque hemos avanzado, estos asuntos y el cambio climático se mantienen ignorados. Así que este año voy a tomarme un descanso —después de tres películas seguidas en dos temporadas—, y lideraré esta formación de conciencia ambiental.
—¿Y cómo lidia con la etiqueta de sex symbol?
—Al final, debes centrarte en quién eres realmente. Si tienes demonios internos, pelearás con ellos sin importar si eres conocido o no. Todos hemos escuchado un millón de historias de personas que consiguen fama, riqueza, una gran oportunidad y lo arruinan todo. Tu vida no es tuya cuando los tabloides cada día inventan historias sobre ti. Ese es el inconveniente, debemos encontrar la manera de manejarlo.
—¿Cómo siente su vida?
—Quiero hacer de ella algo más que mi carrera. Una noche pensaba qué poco he vivido de manera ‘normal’ y el gran tiempo que he pasado en algún lugar lejano grabando una película. Empezar una familia es algo que considero más y más…

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