Léa Seydoux habla tonterías o es su coqueta estrategia para recibir piropos. De presencia impactante, esta parisina de 30 años, mirada felina azul, relajada en jeans oscuros, con una camisa blanca y el pelo recogido hacia atrás todavía afirma que no es lo suficientemente linda para ser una Chica Bond. “¡Ay, Dios! En verdad no me sentí segura cuando me dieron el papel”, dice riendo y mostrando esa separación fabulosa —y muy gala— entre sus dientes. “Realmente no me creí tan bonita para interpretar a Madeleine”.

Llama la atención, pues tiene un ejército de fans que la considera una bomba sexy de su país, además de contar con campañas para Louis Vuitton y Mui Mui; a las que suma su protagónico para la fragancia Prada Candy. Por eso se intuye una ligera desconexión con lo que ve frente al espejo.
Su carrera, que ya alcanza una década, partió con notoriedad: para 2009 la nominaron al premio César como la Promesa de la temporada por una película irónicamente titulada La Belle Personne.

Ahí Hollywood la puso en su radar y le dio pequeños —aunque relevantes— papeles. Aparece en Bastardos sin Gloria, de Quentin Tarantino; Medianoche en París, de Woody Allen en París, y junto a Tom Cruise en Misión Imposible: Protocolo Fantasma. Salto no menor para una francesa.
Pero fue una cinta rodada en su idioma la que la hizo inolvidable mundialmente: La vida de Adèle. Drama romántico lésbico y de escenas sexualmente gráficas que le valió el trofeo a Mejor Actriz en Cannes 2013 (que compartió con su coprotagonista Adèle Exarchopoulos).
Esa visibilidad se tradujo en pasos certeros hacia la ‘Lista-A’ del cine internacional. Y prueba de aquello es su elección para dar vida a Madeleine Swann, la altiva Chica Bond en la nueva entrega del agente 007 titulada Spectre. Aquí, nuevamente, Daniel Craig se pone bajo las órdenes del director Sam Mendes (Skyfall).

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Ahora el famoso espía va tras la pista de una misteriosa organización, mientras protege a la hija de un poderoso enemigo (Seydoux).
Con su sencillez, pocos adivinarían el origen privilegiado de Léa (nieta de Jérôme Seydoux, presidente del imperio fílmico Pathé, y con un tío abuelo CEO de Gaumont). Sólo su natural elegancia en la alfombra roja la delata.

—¿Qué significa para ti ser Chica Bond?

—Algo increíble, sobre todo porque soy francesa y sigo el legado de grandes actrices de mi país como Eva Green, Sophie Marceau y Carole Bouquet, quienes dejaron su sello en estas cintas. Hoy yo soy parte de este universo. Y eso es realmente genial.

—¿Qué te gustó de Madeleine?

—Primero dije que sí a la película. No pude leer el guión, ya que no estaba listo. Sam quería volver a escribir algunas escenas. Igual cuando actúo se trata de las emociones que entrego. No tomo un esquema. En mi caso es un proceso más misterioso.
Esta nueva princesa del cine francés explica: “La mayoría de las escenas son con Daniel y se da una dinámica difícil de describir, tal vez porque él es inglés. Por eso construí mi personaje a partir de mis propias sensaciones”.

—¿Y si tuvieras que describir a Madeleine?
—Diría que es bastante orgullosa. Incluso, cuando se conocen con James Bond no se llevan nada bien. Tal vez se siente a la par con él. No lo espera ni necesita para salvarse. No sé cómo la mostrarán al público, ya que todavía no he visto la película. A veces lo que hay en el guión y lo que termina en pantalla es muy diferente. Sí puedo afirmar que ella es algo más que una maqueta armada en una página. Y la química entre Madeleine y Bond es demasiado fuerte. Por ahí la descubrirán.

—¿Parece una Chica Bond muy distinta?
—Sí. La clásica mujer de la saga es más un estereotipo: muy sensual y que siempre se va a la cama con este espía. En este caso hay una lectura casi política. Fueron muy inteligentes en la historia.
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—¿Habrías postulado sin ese giro?

—Puede ser. Pero no tengo miedo del cliché. Incluso en pequeños roles, como el de Misión Imposible, siempre se puede hacer algo atractivo. Además, en esta profesión tampoco me obsesiona sólo el personaje: se trata del director, los actores… Me atrae el proceso. Y esta saga es, obviamente, interesante.

—Supimos que casi arruinaste tu elección.

—Olvidé las líneas. Creo que me dio pánico escénico. Mi audición fue muy temprano y, como estaba nerviosa, tomé cerveza. Una muy mala idea.
Seydoux estaba muy avergonzada, pero se animó a preguntar si podía volver al casting.

—¿Te ponen mal las audiciones?
—Tuve el miedo porque era una película Bond. O sea, algo realmente grande. Aunque también es una sensación que viene a menudo…

—¿Usas el trago para relajarte?

—No… (carcajadas). No, no, no. El alcohol no es para mí. Para actuar necesito una mente clara.

—¿Te gusta audicionar?

—Me gustaba. Ahora, tal vez, es más difícil: te sientes un poco juzgada. Además, el público ya me conoce por La vida de Adele. Soy más famosa y no es tan cómodo. Hoy uso ese nerviosismo.

Su casting más estresante fue para La Chica del Dragón Tatuado. “Realmente quería ese papel”, enfatiza por el rol que le dio la nominación al Oscar a Rooney Mara en la cinta que también estelarizó Daniel Craig. “No estaba destinado”, dice. Cuatro años más tarde comparte con el rubio inglés.

—¿Cómo fue trabajar con él?
—Buenísimo. Aunque tengo que confesar que estaba un poco nerviosa. Me sorprendió mucho. Es un ser humano increíble. Toda la experiencia fue estupenda. Diría que eso es lo nuevo en Spectre: la relación es mucho más intensa, compleja y profunda. El es realmente muy bueno.

—¿También para besar?
—Fue divertido porque él igual estaba nervioso. Al final fue así: ‘Ok, vamos… ¡Cinco segundos y lo hacemos!’ (risas).

—Cuando niña eras muy tímida, ¿todavía te sientes así?

—No tanto…, a veces. Hay ciertos momentos en que, tal vez, me encierro. Es por eso que varios elegimos esta profesión. Aprendí a tener más confianza gracias a la actuación.