Colorina, discreta y con un grandioso talento, son las tres características que mejor describen a Julianne Moore (53). Actriz que, alejada de las luces y los escándalos, se ha consolidado como una de las más aclamadas de Hollywood. Reconocimiento que no viene en vano. Pese a mantener una actitud reservada, la pelirroja ha probado de todo. Desde filmes eróticos hasta thrillers y comedias, deslumbrando con su soberbia actuación. “Disciplina, mucho trabajo y mantenerse alejada de los chismes”, dice ser su clave para conseguir el éxito. Receta que la ha llevado a obtener cuatro nominaciones a los premios Oscar por su participación en las películas Boogie Nights (1997), El fin del romance (1999), Lejos del cielo (2002) y Las horas (2002).

Estudió cine en la Universidad de Boston y comenzó su carrera como actriz en la televisión de Nueva York, participando en comedias televisivas, pero rápidamente llegó a la pantalla grande. Fue su trabajo en cintas como Short Cuts (1993) dirigida por Robert Altman, y El mundo perdido: Jurassic Park de Steven Spielberg (1997), las que iniciaron su camino a la cima. Ha demostrado que en cada rol es capaz de reinventarse, echando abajo todo tipo de expectativas. Esto quedó claro con su participación en Boogie Night, en donde personifica a una estrella de la industria pornográfica sumergida en las drogas. El filme sorprendió tanto a los críticos como a las audiencias, quienes alabaron la participación de Julianne. Ahora acaba de estrenar Sin escalas —junto a Liam Neeson y Lupita Nyong’s—, producción dirigida por Jaume Collet-Serra que trata de un agente federal encargado de la seguridad en los vuelos y que debe enfrentar una situación de terrorismo en un viaje intercontinental.

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—¿Qué tal fue trabajar con Jaume? ¿Cómo es él en el set?
—Primero tuve una reunión con él y quedé impresionada por lo claro que estaba sobre cómo quería realizar la película. Además, tiene una energía tremendamente contagiosa y es un increíble director de cine. Cuando nos conocimos, le conté que mi marido había visto recientemente una de sus películas. Encendió el televisor mientras se cepillaba los dientes y dos horas más tarde todavía estaba sentado allí, frente a la pantalla con la pasta dental dentro de su boca. Es que sus películas son geniales, tienen buen ritmo y son convincentes.

—La cinta está ambientada en un solo lugar… ¿Esto la hace sentir, un poco, como estar en el escenario de un teatro? ¿O son cosas distintas?
—Son cosas distintas en el sentido en que, a pesar de estar en tan sólo un espacio, el punto de vista cambia constantemente. Estar sobre un escenario significa que sólo hay un punto de vista durante toda la obra: desde donde mira la audiencia. Pero una de las cosas que Jaume ha hecho muy bien aquí es que él tenía un espacio pequeño, y fue capaz de articularlo en todo tipo de formas, ya que siempre está cambiando la perspectiva y el punto de vista. Algunas escenas se desarrollaron en la cabina delantera, otras en la de atrás. De hecho, Linus Toache y yo jamás nos vimos las caras, porque Linus estuvo durante toda la película en la cabina y yo en business, por lo que nunca estamos en el mismo lugar. La película definitivamente captura la claustrofobia de la espera, cuando 200 personas aguardan en el mismo infierno.

—Se hicieron muchas cosas para que el avión pareciera real. ¿Se sentía así cuando estaba a bordo?
—El avión es grande. Hicieron un  gran trabajo con él, pasando por la creación de la cocina, la cabina del piloto y las áreas de asientos de pasajeros. Aunque es un poco más ancho y alto que uno de verdad, por supuesto. De hecho, en medio de la filmación tuve que volar a París para un trabajo y usé el mismo estilo de maleta que en la película, y me di cuenta de que es mucho más fácil mover cosas en el avión de simulacro que en uno de verdad.

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—¿Fue extraño subir a un avión real después de esto?
—Fue muy divertido. Al igual que filmar una escena fuera del avión, en el aeropuerto. La noche que estuvimos allí yo decía: “¡Oh, Dios mío estoy aquí tan a menudo. Y ahora grabando una escena se siente realmente extraño!”. Nos proporcionaron una puerta de embarque que no estaban usando esa noche. Sin embargo, la seguridad siguió siendo muy estricta y tampoco podíamos entrar y salir a vagar a nuestro antojo.

A fines del año pasado, Julianne volvió a impresionar personificando a una madre sicótica y ultracreyente en el thriller de terror Carrie (2013), basado en el libro de Stephen King. Papel que volvió a probar su versatilidad ante la cámara. De la misma manera que lo hará en 2015 con la película de fantasía Seventh Son, en donde será una bruja loca y malvada. Sin embargo, frente a tanta variedad de personajes, cualquiera diría que Moore es una mujer inestable y un poco excéntrica. Nada más lejano a la realidad. La pelirroja destaca por su reserva y mesura. “La gente cree que las actrices somos muy vulnerables emocionalmente, además de poco prácticas. Pero creánme, no soy así. Mi casa permanece limpia y organizada. Quizá no soy una gran cocinera, pero todas las mañanas les preparo un rico desayuno a mis hijos”, asegura. Respecto a su vida privada, Moore siempre quiso una familia grande. Está casada con Bart Freundlich, con quien tiene dos hijos —Caleb (16) y Liv (11)—. Inspirada en ellos, también se ha dedicado a la literatura infantil. Hace un tiempo, publicó la novela Freeckleface Strawberry, un libro para niños protagonizado por una pequeña colorina con pecas. Desde allí, ha lanzado 3 libros más, todos con un notorio carácter autobiográfico.

—¿Cómo compatibiliza trabajo con vida familiar?
—Soy muy consciente de que quiero ser una madre presente. Por lo que si tengo que grabar una película lejos de casa, trato de calendarizarla para el verano, así toda mi familia puede venir conmigo. De otra forma, jamás me alejo por más de una semana.

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—Hace poco también participó del rodaje del remake del thriller clásico de 1970, Carrie, en el que interpreta a una madre… ¿Cómo fue esa experiencia?
—¡Genial!, además me encanta el director, Kimberley Peirce. Creo que es un gran cineasta. También me gusta mucho Chloe Moretz que interpretó a Carrie. Ella es una chica muy dulce, tan sólo un año mayor que mi hijo. Lo interesante fue que Chloe es una adolescente real, mientras que en la última versión de esa película sólo actuaron adultos. Así que fue divertido explorar la relación entre una madre y una hija que realmente tenían la edad de los personajes.

—Y en cuanto a su otra película, Seventh Son que se estrena en 2015… ¿Cómo es volver a trabajar con el actor Jeff Bridges?
—En ese filme interpreto a la Madre Malki, una bruja malvada. Es muy divertido volver a grabar con Jeff —no lo hacía desde The Big Lebowski—. La película será una fiesta de maravillosos efectos especiales. Además, también podré trabajar con Sergey Bodrov, quien es un director bastante interesante. Al parecer, se viene un 2014 increíble.