Girl power. La solidaridad y entusiasmo femenino terminaron por dar frescura a la noche eterna del Oscar. Las duplas de nuevas ‘amigas’ acapararon las cámaras en la alfombra roja, la platea y el escenario en una jornada de ganadores predecibles, como la elogiada Julianne Moore (Siempre Alice). La gran incógnita era sólo qué título tomaría la estatuilla a Mejor Película: Boyhood o Birdman. Carrera que finalmente —después de cuatro horas de suspenso— reconoció a esta última cinta y a su director mexicano, Alejandro González Iñárritu.

Era el cierre de una temporada de apuestas. Sólo la conversación sobre la justicia de la decisión final seguirá entre los más fanáticos del cine. El público se quedará con las postales de esas divas que hicieron reventar el Twitter por look, sus reacciones en primera fila, discursos e inesperadas actuaciones.

Neil Patrick Harris (How I Met Your Mother) en su correcto debut como anfitrión, no logró opacarlas. Al contrario, se sumó a ellas y, espontáneamente, incluyó en su rutina a la poderosa Oprah Winfrey y a la actriz Olivia Spencer.

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Pero el show femenino partió horas antes con el esperado desfile hacia el interior del Kodak Theater. Todo tipo de diseños encandiló a expertos y fans. Pero, sin lugar a duda, el vestido 2015 lo llevó Lupita Nyong’o. Seis mil perlas vestían su cuerpo ébano en una creación de Francisco Costa para Calvin Klein que, mínimo, costó 150 mil dólares. Nácar que luego brilló de manera impactante bajo los focos: a ella le tocó partir la noche anunciando la estatuilla al calvo actor JK Simmons (Whiplash).

Minutos más tarde fue el turno de Patricia Arquette, quien fue ovacionada al recibir el Oscar a Mejor Actriz Secundaria por Boyhood. Siempre de salidas inesperadas, su discurso sacudió la modorra de la esquemática ceremonia. En tono político, exigió igualdad de condiciones entre hombres y mujeres, especialmente en los salarios que mueven a la industria hollywoodense.

A esa altura convertida en heroína, la rubia fue vitoreada desde primera fila por Meryl Streep y Jennifer López. Una dupla que se transformó rápido en protagonista de toda la gala: se sacaron selfies con celulares, comentaban todo, lloraron con las palabras de algunos ganadores, arengaban al resto a ponerse de pie para celebrar el show. Y detrás, como cómplice, siempre tenían a Jennifer Aniston.

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Aunque la ex Friends no fue nominada por su alabado trabajo en la película Cake, llegó con ganas de entretenerse. Tomó en brazos a Emma Stone, lanzó bromas a los que estaban cerca, aplaudió a morir a Julianne Moore cuando ganó el premio y siguió de fiesta en fiesta hasta la madrugada.

Poder femenino que encontró su máximo punto en uno de los segmentos finales, con el homenaje a los 50 años de La novicia rebelde. La elegida para ser la María de este nuevo siglo fue nada menos que Lady Gaga. El público olvidó los estrafalarios guantes con los que llegó a la ceremonia (y que generó todo tipo de memes humorísticos en internet), tras verla entonar de manera impecable un medley de la clásica cinta ganadora del Oscar. Presentada por Scarlett Johansson, la cantante apareció con un angelical atuendo y alcanzó con gracia hasta las notas más difíciles. Todos de pie, con Streep y JLo liderando la ovación. Aplausos que crecieron hasta echar casi abajo el teatro cuando llegó a abrazarla Julie Andrews.

Mientras, la diva pop lloraba de emoción en bambalinas. La mítica estrella de la historia sobre el clan Von Trapp y Mary Poppins la alababa públicamente. Un icono de ese otro Hollywood que, pese a ceremonias fomes y títulos desechables, nadie desea olvidar.