“Han sido 20 años muy agitados, con altibajos”, dijo el hijo de Mario Moreno Cantinflas, el pasado 20 de abril, cuando se cumplían dos décadas de su muerte a causa de un cáncer al pulmón. Seguramente, Mario Moreno Ivanova recordó el camino pedregoso iniciado a partir del día en que su primo Eduardo Moreno Laparade se convirtió en su enemigo al reclamar parte importante de la fortuna del actor. En ese momento nació otra película que no es más que otra herencia que dejó Cantinflas, después de una vida exitosa y aparentemente feliz que hoy se ve más gris que colorida.

El único hijo había prometido para este año una celebración en grande para recordar al “peladito” enredado para hablar, con pañuelo al cuello y bigote particular que llenó de orgullo a su país, contribuyendo al desarrollo del cine local y de la identidad mexicana. Moreno Ivanova estuvo entre los miles de seguidores que fueron a la misa en la Catedral Metropolitana de Ciudad de México e hizo dos anuncios: la creación de un museo-circo itinerante que, desde octubre, viajaría por distintas ciudades del país y de Latinoamérica para recordar a su padre; y el inicio, en mayo, de la filmación de una película sobre su vida. Esto último no creó grandes expectativas: lleva tres años prometiendo lo mismo.

El único hijo había prometido para este año una celebración en grande para recordar al “peladito” enredado para hablar.

Quienes visitaron aquella tumba en el mausoleo familiar del Panteón Español honraban a un grande del cine mexicano que participó en 51 películas y que, en 1956, ganó un Globo de Oro por su protagónico en La vuelta al mundo en 80 días, que forma parte de la breve aventura hollywoodense del cómico, quien después del tibio recibimiento de la película Pepe, rodada en Los Angeles, regresó a su país para seguir haciendo carrera en su propio idioma, porque la “cantinfleada” sacaba más risas en español. Aun así, Moreno recibió otra nominación a los Globos de Oro, obtuvo una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y hasta fue padrino del matrimonio de Elizabeth Taylor con Michael Todd.

Intrigas y misterio

Lo que sus seguidores no sabían entonces es que la vida de Mario Moreno era bastante más complicada de lo que aparece en algunos diarios y libros. La periodista y escritora mexicana Guadalupe Elizalde es de las pocas personas que tuvo acceso al círculo íntimo del actor y, también, a sus reflexiones sobre los afectos y la familia, cuando fue invitada a escribir su biografía autorizada Mario Moreno y Cantinflas rompen el silencio, poco tiempo antes de morir.

Elizalde dijo que el libro le generó mucha frustración, pues cuando lo vio editado notó que alguien le había “metido mano”, ya que los pies de las fotografías eran especialmente ofensivos con el hijo de Cantinflas. Esa mano era la de quien se autodenomina el “sobrino predilecto”, Eduardo Moreno Laparade, quien creó y dirige la Fundación Mario Moreno Reyes.

La historia tiene profundas raíces. Desde la adolescencia los primos no se llevaban bien, pero el conflicto se agudizó con la enfermedad del actor y después por los derechos y ganancias de las 39 películas que hizo con su productora Posa Films y Columbia Pictures, entre ellas El bolero de Raquel (1956) y El padrecito (1964). La pelea por la titularidad de estas cintas destapó las oscuridades de una vida en que los personajes no eran precisamente ingenuos ni bonachones…

Cuando su tío estaba moribundo, Moreno Laparade llegó al hospital de Houston y salió con un papel firmado por él, en el cual le cedía los derechos de sus exitosas películas. Con ese documento en la mano se enfrentó a su primo Mario (hijo de Cantinflas) y le enrostró ser el heredero natural porque él era adoptado. Y todo dio un vuelco cuando éste le reveló que no había tal adopción, que sí era hijo biológico de su padre y que lo supo de su boca cuando cumplió los 18, aunque no se lo dijeron nunca a su madre.

Punto de partida

Esta intriga se remonta a los años ’60. Mario Moreno estaba casado con la rusa Valentina Ivanova, con quien estuvo hasta el día de la muerte de ella por un cáncer a los huesos. Se habían conocido en una carpa de circo, donde él hacía sus primeras rutinas como comediante. No se separaron más. Gracias al personaje de Cantinflas amasaron una gran fortuna que les permitió todos los lujos posibles; sin embargo, parecía poco ante el principal deseo de Valentina: un hijo.Wp-Cantinflas-193

La leyenda cuenta que el actor era estéril y que adoptaron un niño norteamericano, a quien bautizaron como Mario Arturo Moreno Ivanova. Pero hoy esa versión cambia con la afirmación del hombre quien asegura ser Moreno de sangre, y producto de la relación secreta de su padre con Marion Roberts.

Una tarde de 1959, esta joven turista estadounidense, quien había visitado México varias veces, se encontró sola y con una deuda heredada de sus amigos de viaje: la cuenta de un hotel. Un recepcionista quiso ayudarla y le dio el dato de un señor con fama de caritativo y buena persona: Mario Moreno Reyes. El actor efectivamente pagó la cuenta y, se cree, no volvió a ver a Marion hasta meses después, cuando ella llegó embarazada al estudio de grabación en Los Angeles para ofrecerle el hijo que esperaba a cambio de dinero. Cuentan que Moreno, que deseaba hacer feliz a su mujer, compró al niño por diez mil dólares y se lo llevó a su país. Esta es la versión que avala el director de cine Miguel Delgado, quien estaba en el set en el preciso momento en que se produjo el trato.

De la adopción nadie se enteró porque el actor tenía tanta cercanía con el presidente (como con la mayoría de las figuras del PRI), que nunca revisaban su avión privado. Y en él se llevó al niño. Moreno Ivanova va más allá y asegura que su padre tuvo una relación extramarital con Marion, que ella quedó embarazada y le entregó el niño, aunque al año se arrepintió y voló a pedirle al comediante que dejara a su mujer y formaran una familia. Cantinflas se habría negado. Esa sería la razón por la cual ella se suicidó en un hotel, dejando una carta en la que le pedía que cuidara al hijo de ambos.

Historia no oficial

Los dos Moreno llegaron a tribunales en 1993. A poco andar entró en la pelea Columbia Pictures.

El lazo sanguíneo no se ha confirmado, pese a que en algún momento corrió el rumor de que exhumarían el cuerpo del actor. Por su lado, el sobrino Moreno Laparade desmiente la versión, define a Moreno Ivanova como un delincuente e, incluso, lo acusa de haber golpeado a su padre cuando él se encontraba en su lecho de muerte. No cree para nada que él sea sangre de su sangre y está seguro de que la versión sobre el supuesto pecado de su tío es una triquiñuela para quedarse con la herencia. Y, por supuesto, niega las acusaciones que lo relacionan con el robo de 70 millones de dólares de las cuentas bancarias de la familia el día de la muerte de Cantinflas.
Que los primos no se quieren, ni duda. Y en México para cualquier periodista sería un sueño imposible juntarlos para una entrevista.

Los dos Moreno llegaron a tribunales en 1993. A poco andar entró en la pelea Columbia Pictures y el productor Enrique Meir, que reclamaba cinco de las películas, complicando más el panorama. A partir de entonces las ganancias de estas producciones quedaron depositadas en una cuenta que manejará una corte en Estados Unidos hasta que se resuelva quién es el titular. Hoy, la disputa podría parecer resuelta: en diciembre de 2012 el Tribunal Superior de Justicia de Ciudad de México dijo que Eduardo Moreno Laparade es el único y legítimo dueño de los derechos de las películas y que su primo deberá pagar por los daños y costos del largo proceso judicial. Moreno Ivanova pretende apelar.

Al respecto, la biógrafa Guadalupe declaró a la revista mexicana Cambio 16 que estas riñas familiares fueron siempre por poder. Comentó: “Ante la supuesta incapacidad de Mario para manejar los bienes, otros quisieron hacerlo por él. Y don Mario nunca puso las cosas en claro: vivía para su hijo casi de manera obsesionada”.
Hoy, la película de los Moreno es como un thriller plagado de ambiciones, amenazas, ofensas, denuncias de maltrato, abuso de drogas y hasta la participación activa de los nietos de Cantinflas.

Hoy, la película de los Moreno es como un thriller plagado de ambiciones, amenazas, ofensas, denuncias de maltrato, abuso de drogas y hasta la participación activa de los nietos de Cantinflas.

¿Qué habría dicho el actor cuando su sobrino acusó a Moreno Ivanova de farrearse su fortuna “por meterse todo por la nariz”, algo que el hijo negó, pese a que reconoce que le gustan la fiesta y el whisky? En ese momento entraron en escena sus dos ex esposas, Abril del Moral y Sandra Bernat. La primera lo acusó de ser adicto a la cocaína y de abandonar sus labores de padre; la segunda, de maltratarla y de incitar a sus propios hijos a consumir drogas.

Moreno Ivanova tiene dos hijos de su primer matrimonio y tres del segundo. De estos últimos, todos han tenido problemas con las drogas, incluso, el mayor lo acusó de corrupción de menores, alegando que a los 12 años empezó a consumir alcohol y a los 14 se inició en las drogas. Si bien después no ratificó su denuncia y hoy viven juntos, la madre —rehabilitada de su propia adicción al alcohol— confirma que eso fue cierto y amenaza con revelar más detalles incómodos de la familia Moreno si su ex no le paga los 150 mil dólares que le debe por el cuidado de sus hijos. Como adelanto, ya dijo que su ex marido le habría pedido al médico que atendía a su suegro que declarara que él estaba muy débil y enfermo en sus últimos días, cuando, en realidad, Cantinflas estaba lúcido y hasta tuvo fuerzas para viajar a Acapulco por el día a concretar la venta de un terreno (lo que contradice la versión de Moreno Ivanova de que su padre estaba tan mal que no podría haber firmado el papel que su primo tiene como bandera de lucha por la herencia).
Lo cierto es que las flores de la tumba de Cantinflas siempre están marchitas.