La hija de Billy Ray Cyrus fue protagonista de uno de los cambios de imagen más polémicos de los últimos años. Esta transición comenzó en 2008 con el álbum Breakout, desligándose de Hannah Montana, el personaje que la vio nacer. En el primer sencillo, 7 Things, Miley le gritaba a un ex novio las cosas que odiaba de él; poco a poco crecía emocionalmente.

Años después —la ahora platinada cantante— lanzó mundialmente Bangerz, su último y cuarto álbum de estudio. De ese trabajo, los tres sencillos (We can’t stop, Wrecking ball, y Adore you) encaminaron definitivamente a la artista hacia una etapa más atrevida. Aún permanece en la memoria colectiva la imagen de Miley desnuda sobre una bola demoledora para su video Wrecking ball.  

Se dice que el responsable de este cambio de imagen es su manager, Larry Rudolph, quien también se ha encargado de conducir en los últimos años la carrera de Britney Spears. Esta transformación podría estar asociada a las malas cifras de los anteriores trabajos de la artista, entendiendo que su tercer álbum Can’t be tamed fue un fracaso en ventas. Con Bangerz, repuntó tanto en ventas como mediáticamente.

El próximo 30 de agosto habrán pasado 2 años desde la polémica actuación con Robin Thicke en la entrega de los mismos premios que conducirá en Los Angeles. En ese entonces el Barclays Center de Brooklyn —y el mundo entero— enmudeció tras la provocadora presentación, que mostraba a la artista realizando obsenidades de alto impacto.   

El misterio se develará en pocos días. ¿Dará que hablar por otro escándalo o aprovechará el trampolín mediático que significa conducir estos premios para cambiar de imagen? ¿Será el comienzo de una Miley más madura? Solo queda esperar.  Aunque con el último topless podemos adivinar el resultado.