Ser invisible resultó. Una década exacta le costó a Mel Gibson (60) exhibir una sonrisa sincera, desde que fuera arrestado en Malibú esa infame noche de julio de 2006 por manejar ebrio y atacar a los policías con comentarios antisemitas y misóginos. Hollywood —que ama las historias de redención de estrellas caídas— no lo perdonó ni le dio espacio en todo este tiempo para que el australiano retomara su ubicación privilegiada. No les bastó con sus disculpas públicas, entrevistas a corazón abierto, encuentros con rabinos californianos, ni tampoco el apoyo incondicional de nombres como Jodie Foster. La mancha que dejó su temperamento explosivo, pasión religiosa y demonios con la bebida no desaparecía para sus pares. Pero el reciente Festival de Venecia demostró que su apuesta por reinsertarse detrás de la cámara puede cambiar el futuro. 

Con una llamativa barba reapareció en Italia como director de la película Hacksaw Ridge y logró una ovación de 10 minutos que sacó titulares instantáneos. En su nuevo largometraje no renuncia a esos relatos que ama: biográficos, épicos, sangrientos, de contenido moral. Elementos ya presentes en sus megaéxitos Corazón valiente y La pasión de Cristo. En este caso se trata de la historia de un joven doctor adventista del Séptimo Día que fue al frente en la II Guerra Mundial sin portar armas por objeción de conciencia. El soldado norteamericano salvó a más de 70 combatientes desde la primera línea en Okinawa ante la mirada perpleja de esos compañeros de batallón que lo tildaron de cobarde y maltrataron inicialmente por su convicción religiosa.

Inevitablemente durante el certamen europeo tuvo que referirse a su exilio hollywoodense. En una extensa entrevista con el medio digital Deadline recogió el guante sobre su conducta escandalosa que lo llevó a convertirse en un paria. “He trabajado mucho en mí durante estos últimos diez años. No quise entrar a la típica rehabilitación de dos semanas que hacen las celebridades, declararme sano y volver a meter la pata. Creo que la mejor manera en que alguien puede demostrar arrepentimiento es ‘repararse’ y en eso he estado. Sólo me siento feliz de estar aquí. Si te empeñas puedes llegar a algún puerto”.

Un obstáculo en esta redención es la cantante rusa Oksana Grigorieva (46), ex novia y madre de su hija Lucía (6). La mujer pidió a un tribunal de Los Angeles que el actor le regresara a la niña, quien lo acompañó durante el rodaje de Hacksaw Ridge en Australia. Dijo sentirse “devastada” por estar lejos de la pequeña.

Ante cualquier ‘ruido’ personal, el actor tiene otra carta en espera para seguir con su redención: la continuación de La pasión de Cristo.