Mila Kunis empezó su carrera como actriz cuando tenía 9 años y había llegado hace poco a América desde Rusia, su país natal. Su sueño comenzó con apariciones mínimas en catálogos y comerciales de productos infantiles, hasta que en 1995 obtuvo su primer papel en la cinta Make a wish, Molly.

Desde ahí no se detuvo más y sumó varios roles a su currículum en Hollywood que le valieron personajes protagónicos, como el de Amy Mitchell en la película Bad Moms (2016) que a inicios de noviembre estrenó su segunda parte basada en la Navidad. Además de generarle ilusión por el éxito en la taquilla, Bad Moms Christmas le trae recuerdos de sus primeras fiestas en Estados Unidos. “Viví en la Rusia comunista hasta los 7 años y no fue lo mejor. Ahí no pasa mucho durante Navidad, además éramos pobres y teníamos que preocuparnos de otras cosas antes que de decorar un árbol. Cuando llegamos a América, me sorprendió todo el glamour de esta época”, recuerda Mila Kunis, y confiesa que su familia no resistía la emoción y montaba una gran fiesta cada año.

El primer árbol de Navidad que compraron tenía ojos, boca y podía cantar. Después de 20 años, la familia Kunis lo sigue conservando como su mejor recuerdo de fin de año y del inicio de una nueva vida. Ahora que armó su propio hogar con el actor Ashton Kutcher, con quien tiene dos hijos Wyatt (3) y Dimitri (11 meses), Mila dice ser una fanática de la decoración navideña.

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“Tengo un montón de guirnaldas por todas partes, muchas decoraciones grotescas. Y estoy orgullosa. Definitivamente, no somos elegantes para eso”, confiesa sobre su casa en Los Angeles. Sin embargo, este año comenzará una nueva tradición: los niños no recibirán regalos: “El año pasado Wyatt tenía dos años y fue demasiado. No le dimos nada, pero sus abuelos… La niña ya no aprecia los regalos. Sólo espera cosas”. Contó que ella y Kutcher quieren enseñar a sus hijos a dar no solo a recibir. “Nos gustaría hacer una donación a un hospital infantil o a alguna entidad similar”, agregó.

“Amo la industria del cine”

Después del éxito de Malas madres del 2016, cinta que recaudó más de 180 millones de dólares en todo el mundo, quedó muy claro que había identificación y se grabó Bad moms Christmas.

—Generalmente, las mujeres son tratadas con delicadeza en Hollywood, pero en esta película les dieron todo.

—Totalmente. ¿Y por qué no? Es divertido. Nunca he entendido por qué solo los hombres deberían comportarse así. Además, la película se llama Bad Moms y no Good Moms. A pesar del éxito de taquilla, los buenos pronósticos para esta segunda entrega y los planes actorales para 2018, la actriz quiere concentrarse a trabajar fuera de cámara. “Amo producir. Tenemos una gran compañía junto a dos amigas. Se llama Orchard Farms y hace tres años vendimos 14 shows, pero es todo un asunto ponerlos al aire. Esa es una historia diferente, pero amo realizar y amo la industria del cine completa”, señala.

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—¿Te veremos menos en pantalla?

—Eso espero. La razón por la que empezamos la compañía fue porque con mi esposo prometimos que nunca separaríamos la familia ahora que tenemos una hija. Por eso pienso que una productora es una buena solución para ambos.

—Empezó muy joven en esta industria. ¿Quisiera lo mismo para sus hijos?

—No. Y la única razón para eso es no. Amo lo que hago y nadie me pidió que lo hiciera. Mi familia quería que me quedara en la escuela y estudiara una carrera. Pero aquí estoy, a los 34, muy agradecida de poder enseñarles a mis hijos mi mundo.

—¿Y si su hija a los 9 años te dice que quiere ser actriz?

—La sentaría y le diría que no hay problema, pero que esperemos a los 18 para tener esta conversación de nuevo.

—Con los casos de acoso sexual que han sido revelados en Hollywood, ¿le preocupa tener una hija en ese ambiente?

—Le pongo un cinturón de castidad y listo.

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—Hablando en serio, es un problema. ¿No le parece?

—Creo que es un problema en todas las industrias, solo que en la nuestra es más visible por el momento. Es cómo el mundo funciona, pero estoy muy orgullosa de todas las mujeres que tienen el valor de hablar y alzar la voz.

—¿Qué podemos hacer para evitar que esto pase de nuevo?

—Justo lo que estamos haciendo ahora. Necesitamos encontrar un camino para lidiar con esta situación y eso viene desde la educación, hay que educar a los niños y niñas. Esa es la clave. Y desafortunadamente ahí es donde seguimos fallando.