Años atrás lo más importante para los actores era conseguir buenos agentes y publicistas para hacerse paso en Hollywood. Actualmente, pareciera ser que el camino más rápido a la fama tiene directa relación con Prada, Yves Saint Laurent, Dior o Tom Ford. Y eso lo sabe perfectamente la estilista Micaela Erlanger, quien reforzó su reputación en el círculo de las estrellas al crear los looks ‘ganadores’ de Lupita Nyong’o, la revelación del Oscar por 12 años de esclavitud. Bastaron algunos estilosos paseos de la desconocida artista en la temporada de premios, para que los medios la calificaran como un nuevo ícono de la moda.

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Pero Lupita fue sincera. Cuando le preguntaban por su nuevo estatus de referente fashion, ella responde: “se lo debo a mi estilista”. Juntas, según ella misma explicó a la cadena ABC News, revisan cada una de las propuestas que han acaparado las cámaras. Un juego entretenido de estilo que varió desde los hot pants muy chic hasta el inolvidable vestido Prada color “azul Nairobi” de dramático escote con el que se llevó la estatuilla de la Academia.

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Un camino que tuvo varias ‘paradas’ marcadas por la propuesta arcoiris de la figura africana nacida en México. Su color de piel, en contraste con el vestido azul de Stella McCartney que usó en el Chateu Marmont y el verde de Christian Dior Couture que deslumbró en los BAFTA inmediatamente rebotaron en los blogs de moda, que la ubicaron en la sección de mejores vestidas. Pero, definitivamente, el vestido Ralph Lauren rojo con capa con el que Lupita apareció en el Globo de Oro fue el broche de oro para cerrar la temporada pre Oscar.

Graduada de la prestigiosa escuela neoyorquina Parsons —donde estudió Diseño y Gestión de Empresas de Moda—, Erlanger responde que su idea de mujer con estilo único es “aquella que no sigue tendencias y lleva su propio look con gracia”. Y, ciertamente, eso es lo que trabaja junto a Nyong’o.

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El ‘método Micaela’ para vestir a un cliente es el siguiente: investiga a la persona, busca fotografías y averigua cómo luce su cuerpo en diferentes ángulos. Pero lo más importante, para que haya sintonía, es que la imagen que propone coincida en un ciento por ciento con la personalidad de la persona. De allí todas las conversaciones con la actriz keniata. Casi una terapia en que la estilista dice convertirse en una confesora de las artistas que la contratan, conociendo las inseguridades, colores favoritos y nivel de riesgo a la hora de aparecer en una gala.

Esta adicta a lo vintage, antes de hacerse un nombre de la mano de la ganadora del Oscar, trabajó en el departamento de publicidad de la editorial CondéNast, específicamente en Cosmopolitan. Luego fue asistente por seis años de Annabel Tollman, editora de moda de la revista Interview. Su salto como estilista lo tuvo con Joely Richardson, la estrella rubia de piernas eternas en Nip/Tuck. Otra consagrada que está bajo su tutela es Winona Ryder. Sin embargo, para Micaela fue otra británica la que le dio más notoriedad en la industria: Michelle Dockery, la heroína de la serie Downtown Abbey. Gracias al carácter más audaz de la artista a la hora de escoger atuendos, su carrera tomó impulso.

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Y el buen gusto de Erlanger tuvo rápido resultado: la actriz firmó un contrato con Miu Miu para ser el rostro de su próxima campaña, se convirtió en portada de revistas —entre ellas Glamour y Dazed— y compartió con Anna Wintour en la primera fila durante la Semana de la Moda de París.

Seguidilla de triunfos que llegó a otro nivel con Lupita en el Oscar, recibiendo su premio con un cintillo de oro y diamantes de Fred Leighton. Micaela lloró. Y, seguramente, pensó en su cita favorita de la legendaria diseñadora Edith Head: “Puedes tener todo lo que quieras en la vida, si te vistes para eso”.