Toneladas de millones de dólares recaudará La monja, el último lanzamiento del denominado universo de El conjuro, creado por el director James Wan.
Los americanos se refieren al jump scare cuando hablan de esas películas que vemos en el cine entre saltos de conmoción y miedo. Si tuviéramos que calificar a La monja en una escala jump scare, estaría bastante arriba. Pegada al techo para ser sinceros.

Este esperado spin-off de El Conjuro 2 se posa sobre los orígenes de una entidad demoníaca conocida como Valak —encarnada en una aterradora monja— y que ya tuvo un par de cameos aterradores en las historias de James Wan. Entrando en el desagradable plano de las comparaciones, esta vez con el otro spin-off de la saga, Anabelle, La monja se encarama una montaña arriba de la muñeca maldita.

La historia, que temporalmente sería la primera de la saga, se sitúa en plenos años cincuenta en una abadía de clausura de Rumanía, donde una monja comete un aparente suicidio. A petición de El Vaticano, el Padre Burke (Demián Bichir) viaja junto a una joven novicia (Taissa Farmiga, hermana de Vera) para intentar averiguar qué sucedió allí.

Con la dirección de Corin Hardy y el guión del mismo James Wan y Gary Dauberson, ambos son claves en generar una atmósfera que nunca deja de inquietar en sus precisos 96 minutos de duración, con una muy lograda fotografía, que conecta bien con la mejor tradición del cine de terror italiano y una estética gótica que no tiene nada que envidiar al Drácula de Ford Coppola.

Es precisamente esa atmósfera la que hace exitosa a La monja, cuyo tráiler fue censurado por Youtube por ser demasiado crudo. En una de las primeras escenas dentro de la abandonada abadía, los protagonistas llegan a una puerta que dice “Dios llega hasta aquí”. En ese instante, el espectador debe prepararse para un festival de saltos, escalofríos y estómagos apretados.

Llevando a un nivel superior algunos clichés del género, La monja seguramente se volverá rápidamente en un ícono del terror de masas junto a Freddy Krueger, Chucky, Samara de El aro o el payaso It. Razones, verá, tiene de sobra.