Empezó con un afiche en el cine. Un niño rubio caminando por el desierto, cuya sombra era la de Darth Vader. Me quedé parada, mirándolo, y no sé cómo ni por qué me obsesioné con la historia.

Han pasado 16 años y cada vez que me encuentro con alguna imagen de una envejecida Leia, o un enigmático Han Solo en un paradero de micro me siento igual que esa tarde en el cine. Cuando se estrenó La amenaza fantasma, estaba en quinto básico y era la única niña de mi curso interesada en esa nueva película de una saga que era mucho más cercana a nuestros papás o hermanos mayores. Nadie entendía mi interés repentino. Le pedí a mi papá que me llevara a verla apenas se estrenara, junté el álbum y todos los vasos con los personajes que venían en los cereales. Hasta hice un programa de radio –que grababa con una ahora obsoleta grabadora de cassette– en el que hablaba sobre los misterios de Star Wars.

Claramente, mi fanatismo no se compara al de ese tiempo, pero la ansiedad se mantiene intacta. Debo ser honesta, cuando comenzaron los rumores sobre una nueva entrega de la saga, no los tomé muy en serio. Para qué hacerse ilusiones. Lo primero que leí fue sobre la participación de J.J Abrams en el proyecto. Me costaba creer que George Lucas diera un paso al lado en la dirección de un nuevo episodio, pero no era algo tan descabellado. El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi tampoco fueron dirigidas por él. Recién cuando Carrie Fisher confirmó que volvería a encarnar a Leia, dejé mi escepticismo de lado. Sólo me faltaba ver las primeras imágenes para sentir que la fuerza estaba conmigo.

Vi el trailer seis veces seguidas. Era casi la una de la mañana y con mi pololo –que por estos días también está en #ModoStarWars– decidimos esperar para verlo juntos. Tratamos de buscar detalles escondidos en las tomas y descifrar cada una de las pocas palabras que decían los personajes. La mañana siguiente, internet nos entregó un montón de teorías sobre el gran secreto de esta nueva película y el por qué de la ausencia de Luke (algo de lo que hablamos durante semanas).

Ya tengo mis entradas, compradas en una caótica pre-venta que me obligó a esperar hasta el fin de semana para, todo por reencontrarme con el maravilloso mundo de George Lucas. Me preparé con una maratón de los episodios anteriores (mi favorito sigue siendo el quinto), he evitado todas las críticas de la película y decidí instalar la extensión anti spoilers de Google Chrome para no toparme con ningún tipo de información relevante.

Lo cierto, es que como buena padawan, tengo fe. Confío en el proyecto liderado por Abrams, no sólo por su experiencia en el género, sino porque es un verdadero fanático de la saga y logró convencer a Carrie Fisher, Mark Hamill y Harrison Ford de volver a esta galaxia muy muy lejana.

Y bueno, si El despertar de la Fuerza no me convence, no perderé las esperanzas. Con dos nuevas secuelas confirmadas y las especulaciones sobre un spin-off que estaría dedicado a Han Solo ya me doy por pagada.

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