Tiene fama de huraño y parco, pero sus colaboradores más cercanos dicen que eso es parte de mitología. Aseguran que más allá de la obsesión que caracteriza a los artistas que se dedican en cuerpo y alma a su obra, es un tipo agradable con un gran sentido del humor. Fuera de ese círculo, Pablo Larraín, el director más exitoso del Chile del siglo XXI, se mueve con hermetismo y no porque no le interese la difusión de sus películas. Al creador de Fuga, Tony Manero, Post Mortem, No y El club, cualquier cosa que huela a farándula, le provoca un rechazo visceral. No es ningún misterio que no es amigo de las entrevistas y que en más de una ocasión ha dado por terminado el diálogo cuando éste intenta ahondar en sus relaciones personales. Por eso el camino a la mente de Pablo Larraín no es otro que bucear en las imágenes de las cinco películas con las que conquistó el interés y los premios más codiciados de la elite del séptimo arte. Ahí, están sus sueños y certezas. 

Desde ese lugar, Neruda, la producción que presentará en la quincena de realizadores de la 69ª versión del Festival de Cannes marca un rumbo distinto, partiendo por su génesis. “Esta es la única película que no surge de mí, sino de una inquietud que tenía mi hermano Juan de Dios que ha sido mi socio desde siempre. El quería hacer esta historia. De a poco me fui entusiasmando. El guión lo trabajamos con Guillermo Calderón por casi cuatro años y el resultado fue un texto muy maciso, de unas 150 páginas. Distinto a todo lo que haya hecho antes”, cuenta, haciendo un alto en su torbellino creativo.

Según detalla Juan de Dios Larraín desde Madrid, la elección de la historia nace a partir de la revisión del libro autobiográfico del poeta, Confieso que he vivido. “Ahí, llegamos a los dos años que aborda la película, porque mezclan muy bien su vida emocional junto a Delia del Carril, una persecución política y el nacimiento del Canto General, probablemente su obra más maciza. De hecho, cuando recibe el Nobel, vuelve a este momento que para muchos es el que más lo marcó”

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—Pablo ¿cómo definirías esta nueva película?

—Es una especie de biopic falso. Un artefacto de cine que tiene trozos de literatura y poesía. Es un poco más clásica y tiene mucha música. Perfectamente podría haber sido creada en los años ’50, con suspenso y persecuciones, efectos en retroproyección y fondos creados a mano, pero sin efectos especiales. Lo interesante es que la historia no aborda el punto de vista del poeta, sino del policía que lo persigue. Se trata de un personaje que se deshace con otro. Es un poco como el gato y el ratón.

La elección de quién interpretaría al Premio Nobel de Literatura no despertó dudas para el director que el próximo 19 de agosto cumplirá 40 años. “Con Luis Gnecco trabajé mucho y es un intérprete maravilloso. Siempre es un placer reencontrarse con él. Tiene un dominio técnico muy elevado. Es duro y amoroso al mismo tiempo. Nunca sabes con qué te va a sorprender. Es como un niño que hace travesuras”.

Al dar a conocer el programa del certamen cinematográfico que se inicia el 11 de mayo, el mismo delegado general Edouard Waintrop, tuvo palabras de elogio para la cinta. “Es absolutamente magnífica y estamos felices de poder mostrarla. Pablo es un habitual de la quincena de realizadores y ya tiene su espacio aquí. No es exagerado decir que este lugar se agranda con Neruda”. Lo mismo ocurrió con el mexicano Gael García Bernal, quien integra el elenco en el que se repiten los actores fetiche de Larraín, como Antonia Zegers y Alfredo Castro. “Es de esas historias que con suerte encuentras cada diez años, que trascienden y se vuelven icónicas”, dijo, en un alto en las filmaciones hace unos meses.  

En la filmografía de Larraín, la presencia de personajes y momentos claves en nuestra historia reciente es indiscutible. Sin embargo, él mismo aclara que eso no es algo que lo determine de ninguna manera. “Lo extraño es que nunca fue muy organizado. A mí lo que me interesa es la teatralidad. Lo he dicho antes, no pretendo ser realista sino verosímil. Uno filma, pero es el público el que le da consistencia a la historia. En el caso de episodios y figuras históricas, se te pide ser arbitrario y responsable. Yo me pregunto: ¿Responsable de qué? ¿De las interpretaciones del público? Estoy en un lugar donde no quiero ser responsable de nada”, afirma.

“No me gusta hablar de las películas cuando están en proceso”, sostiene, al referirse a la expectativa que ha generado Jackie, su debut en el circuito hollywoodense. La cinta escrita por el ganador del Emmy Noah Oppenheim y protagonizada por Natalie Portman, transcurre en 1960, cuatro días después del asesinato del entonces presidente de EE.UU. John F. Kennedy. Aunque su estreno está previsto para el primer semestre del 2017, ya está haciendo ruido. Algo que Pablo Larraín enfrenta con un silencio sepulcral que en su momento recibió el respaldo del estudio a cargo, Protozoa Pictures.

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—Estás en plena internacionalización de tu carrera con películas como Jackie. ¿Cómo ha sido trabajar en las grandes ligas?

—Lo estoy pasando muy bien filmando las películas que me gustan. Cuando te metes con presupuestos más grandes evidentemente hay cambios. Existe más presión lo que también tiene que ver con que finalmente se trata de proyectos de alcance global que es, en definitiva, lo atractivo. Ahora, internamente siento que estoy en un lugar y en un momento en que estoy haciendo todo lo que quiero.

—¿Cuál es ese leit motiv?

—Constantemente estoy trabajando en dos o tres guiones, es un proceso de búsqueda. No quiero repetirme. Por eso siempre apuesto por la reinvención permanente. En mis películas busco un pedazo de humanidad.