Basta con ver el título de El juez, el último trabajo de David Dobkin (Los rompebodas) para darse cuenta de que las películas de abogados, con jurados y discursos en el estrado, no estaban jubiladas. Y aunque la cinta transita por este subgénero, el drama familiar es el que toma protagonismo en una película que la crítica en el Festival de Toronto ya llama “la de los dos Roberts”.

Acá, Hank Palmer (Downey Jr.) es un exitoso abogado de Chicago, lleno de mañas, ego y problemas familiares, que es arrastrado a su pueblo natal tras la muerte de su madre y de pasada ver el decadente desmoronamiento de Joseph (Duvall), su padre, juez del idílico Carlinville hace 42 años.

Veinte años pasaron desde que Hank dejó atrás a su familia, ex novia (Farminga, siempre sobresaliente) y a sus hermanos para alejarse de esa severa figura paterna, quien tras el funeral de su madre se ve involucrado en un homicidio, obligando al hijo a defender al intachable juez y enfrentar todos los demonios del pasado.

Reunión de notables nominados y ganadores del Oscar (Duvall, Downey Jr., Billy Bob Thornton, Vera Farmiga), El juez destila la abrumadora presencia de tremendos buques de la actuación reunidos en pantalla. Downey Jr. se da un festín servido con maestría por Robert Duvall, quien con una actuación para manual de un duro que no se quiebra ni en las peores circunstancias, de seguro estará entre los nominados para la temporada de premios que se avecina.

El juez es una película sui generis dentro del subgénero de las cintas de abogados, sobre todo porque acá la familia reunida ante la adversidad, la freudiana problemática de “matar al padre” y el aceptar las raíces, el terruño, sin complejos, desvía la atención de los estrados, el martillo del juez y el archiescuchado “se levanta la sesión”. Larga duración para los estándares comerciales, El juez, con claras referencias a Matar a un ruiseñor (ganadora de tres Oscar) entra dentro de las buenas producciones estrenadas este año. La música melancólica de este drama legal es de Bon Iver.