Menos de seis meses se demoró el imitador Stefan Kramer en producir El ciudadano Kramer, su segunda entrega cinematográfica sucesora de la película chilena más taquillera de la historia: Stefan v/s Kramer, que llevó a más de dos millones de espectadores al cine.

Supo que tenía que hacerla, y rápido, cuando sus breves imitaciones a los candidatos de las primarias reventaron YouTube. Trabajaba 15 horas diarias para llegar justo al estreno. De seguro este segundo movimiento cinematográfico dejará boleterías llenas y auspiciadores en éxtasis.

Pero el asunto aquí no tiene que ver con récords. El tema es que El ciudadano Kramer pretende continuar una saga estilo Papelucho, es decir, que da para cualquier cosa, en pantalla. Sin duda el talento del comediante es magnífico y su oportunismo, superior. Estrenada diez días antes de una segunda vuelta presidencial, sus caracterizaciones, muecas y guiños esta vez a 25 personajes del mundo de la política y la farándula rayan en la perfección. Carlos Larraín, Camilo Escalona, ME-O, Hinzpeter, Gómez, Zalaquett y hasta Don Francisco pasan y pasan en un gag continuo en el que incluso están —menos de un minuto— las candidatas Bachelet y Matthei.

Pero por si no lo nota, todavía no hablamos del argumento de El ciudadano Kramer. La verdad, poco importa. Hay que reconocer que es superior a la antecesora, pero eso, como parámetro, no aplica. El cine es cine y esto, sólo se le acerca, lo rasguña.

Risas habrá. Muchas. Kramer les da una notable vida paralela a sus imitados. Y su discurso está al borde de la impostura. Pero una película no es. Un gran show, sí. Incalificable por el talento del imitador y su no-formato, queda a riesgo propio ir a verla al cine. De seguro millones de chilenos no se abstendrán de pagar su entrada y reírse doblados en su butaca.

> Revisa el tráiler de El ciudadano Kramer