Pese a su corta edad, Kevin MacDonald (46, Escocia) tiene un currículum que ya quisieran viejas glorias de la industria del cine: un Oscar a mejor documental con A day in september —que cuenta el atentado de 11 deportistas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972—; dirigió la alabada cinta El último rey de Escocia, y en 2005 su documental Touching the void —sobre dos escaladores que casi mueren al tratar de subir el Siula Grande en los Andes Peruanos—, ganó el premio Alexander Korda a mejor película en los premios BAFTA (la competencia británica de los Oscar). Si bien considera que los documentales son su “primer y último amor”, convive también en el día a día con la industria hollywoodense.

Estudió literatura inglesa y siempre quiso ser periodista, por lo que comenzó a experimentar con pequeñas películas documentales que grababa en una vieja cámara High 8 que tenía. Nieto del director de cine Emeric Pressburguer, partió su carrera como documentalista precisamente realizando una biografía de su abuelo llamada La vida y muerte de un guionista que más tarde transformaría en el documental Making of an englishman.

Ese fue el inicio de una carrera brillante que ahora lo tiene sumido en el retrato de un nuevo rey: el del rock, Elvis Presley. En su única visita a Chile, hace unos meses, con motivo de la presentación de Marley (2012), en el festival de cine In-Edit Nescafé, CARAS habló con él. 

—¿Qué se siente ganar un Oscar?

—Es surreal… Por 24 horas te sientes parte de la realeza y después vuelves a ser un documentalista desconocido…. (se ríe). Tener un Oscar en Estados Unidos es como que la reina te haga caballero en Inglaterra…

—¿Qué tan importante es para un cineasta como tú  aceptar la pleitesía de Hollywood?

—Creo que depende qué clase de cineasta quieres ser. No veo los Oscar en ninguna categoría como una verdadera representación de cuál es la mejor película del mundo o del año. Creo que hay muchas razones de por qué algunas ganan y otras no. Creo que mi mejor documental es Touching the void. Fue el más exitoso a nivel de crítica, el más exitoso comercialmente, pero no obtuve ninguna nominación. Así es como funciona, creo. Me siento afortunado de haber ganado uno y me ha ayudado, pero no significa mucho para mí. Soy bastante cínico sobre todos los premios.

—¿Qué disfrutas más hacer: documentales o películas?

—Son placeres demasiado distintos uno del otro y diferentes dolores de cabeza. Disfruto cosas de cada uno de ellos y tengo suerte que hasta este momento puedo hacer los dos. ¿Cuánto tiempo durará? No lo sé, porque el cine es un mundo muy complejo y hacer películas es muy difícil porque son caras y si no haces películas que hagan dinero no podrás seguir haciéndolo por mucho tiempo, por lo que veremos. Pero creo que los documentales son mi primer amor y probablemente mi último.

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Luego del éxito de A day in september, Kevin recibió una llamada del mismísimo Mick Jagger, vocalista de los Rolling Stones, preguntándole si estaba disponible para hacer un documental sobre él. “Estuve cinco meses siguiendo a Mick por todo el mundo y conociendo gente. Pero lamentablemente no le gustó mi versión y me lo quitó, ya que él lo estaba financiando… Igual tengo mis mejores anécdotas de esas noches con Jagger”. 

Luego de ese episodio se prometió que nunca más permitiría a un productor ejecutivo tener autoridad sobre el corte final de alguno de sus trabajos, ya que limitaba su visión como creador. Manifiesto que dejó claro a los productores de Marley antes de empezar a trabajar en la cinta. 

Paradójicamente, hoy se encuentra embarcado en un nuevo proyecto biográfico con Jagger. Pero esta vez sobre Elvis, en una cinta de Fox 2000 que llevará por nombre Last train to Memphis y que está basada en el best seller del mismo nombre del escritor norteamericano Peter Guralnick y que está siendo producida por el vocalista de los Rolling Stones. La cinta debería comenzar su filmación en los próximos meses y se centraría en los primeros años del “rey del rock”.

Era 2005 y Kevin caminaba por las calles de Kampala en una escena del rodaje de El último rey de Escocia. Pasaba por una comunidad rasta en las afueras de la ciudad y vio grandes murales con la figura de Bob Marley por todas partes. En ese mismo momento se detuvo a pensar en el alcance que tenía que haber tenido para estar presente ahí, en una población en el medio de Africa, y tener decenas de muros con su cara pintada en ellos. Se dio cuenta de que no era una casualidad y que ese mismo escenario se repetía en distintas partes del planeta. “Esa fue una de las cosas que me hizo querer hacer la película desde un principio, ya que Bob es posiblemente el cantante más famoso de todos y quería saber por qué es así, por qué la gente alrededor del mundo, desde el Tíbet a China, Japón, lo relaciona de la manera en que lo hace”, explica.

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—Cómo te preparaste para el documental Marley, si ya parecía estar todo dicho sobre él con varios libros y documentales sobre su persona.

—No habría hecho la película si no hubiera creído que había más cosas que contar. Sin embargo, no estaba seguro con qué me iba a encontrar hasta que empecé a investigar y a conversar con personas. Yo no lo sabía entonces,  pero hablé con gente que nunca lo había hecho antes; tal vez un tercio o la mitad de los testimonios que aparecen en mi película. Leí algunos libros y vi algunas cosas que habían sido documentadas, pero sobre todo me gustaba ir descubriendo cosas en el camino. Algo que tratamos de hacer fue que mi voz estuviera presente haciendo preguntas todo el tiempo, porque yo era un ignorante así como la audiencia también lo es. 

—¿A qué otro artista te gustaría retratar en un documental?

—De todos los héroes clásicos rockeros, uno que me gustaría mucho hacer, porque me intriga mucho su figura, es David Bowie. Y nadie ha hecho una buena película sobre él. He tratado de persuadirlo, pero hasta el momento no he tenido éxito, pero voy a continuar…

Kevin MacDonald debe irse, pero antes de terminar se da el tiempo para hacer una última reflexión sobre la gran diferencia entre las películas y los documentales. “Hacer ficción es más fácil porque puedes hacer un plan, desarrollar un buen guión, encontrar el dinero. Es una vía más ordenada. Al hacer un documental estás esperando que los dioses te den algo interesante”.