In situ. Sin lecturas previas o ejercicios de memoria emotiva. En el desierto chileno partió la conexión de Juliette Binoche con la historia de Los 33. Tiene la certeza de que supo del rescate de los mineros en el momento en que éste sucedía, pero —aunque se esfuerza varios segundos para recordar— no registra el lugar en que estaba cuando vio la noticia desde este fin de mundo. “Viajo tanto”, se excusa. 

Nada raro para esta actriz francesa (51) que no para de moverse por el planeta desde antes de pisar un escenario o mirar a una cámara. Espíritu nómade que ha heredado a sus hijos, a quienes trata de incluir cuando sus periplos profesionales significan tomar aviones que tienen como destino rincones lejanos.

Así llegó hasta las afueras de Copiapó su hijo Raphaël (21). La acompañó en el set y a otras aventuras, como una visita para ver las estrellas desde el observatorio Paranal. Actividad de ensoñación que contrasta con la rudeza de interpretar a María Segovia, cuyo hermano Darío estuvo atrapado bajo tierra sin dar señales por semanas. 

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La mujer fue la cara de la tragedia, mientras exigía la búsqueda de cada uno de los hombres que trabajaban en la extracción de mineral cuando fueron sepultados. Fue líder del “Campamento Esperanza”, que se levantó en el cordón de las excavaciones de San José. Sus plegarias recorrieron el mundo. Volverse latina, activista y sufrida hermana era el desafío que atrajo y atemorizó a la artista Bleu y Chocolate

—¿Cómo fue tu encuentro con el desierto?

—En cierta forma fue algo metafísico. Nunca había tenido esa sensación de subir, mientras la arena bajaba frente a mí. También fue demandante. Al avanzar montaña arriba, siempre llegaba última.

—¿Visitaste la mina?

—Quería conocerla antes de partir el rodaje. Estuve en la entrada de una de ellas, pero no pude ingresar a la más profunda, esa que se mete en lo más oscuro de la tierra.

—¿El paisaje te ayudó a construir el personaje de María Segovia?

—Ella viene de una vida dura. María fue mi inspiración: conocer cómo cuidaba a sus hermanos y ayudó a mantenerlos. Y en el caso de la película, me conmovió cómo esperó todo el tiempo por un rescate. Concentraba la fe en medio del desierto… Ella construyó a una gran familia en el campamento. Todos esperando por los suyos. 

—¿Cuánto tiempo pasaste con ella?

—Sólo una vez. Temía decepcionarla por verme o sonar diferente a ella. Pero la conocí y sentí que la conocía. Me relacioné con ella a través de su mirada y forma de ser. No sé cómo explicarlo, pues tenemos diferentes vidas y somos de distintos países.  

—La directora Patricia Riggen dijo estar asombrada en la forma camaleónica en que te integraste al grupo de extras. No estaba la “estrella de cine”. Eras María, una más del campamento.

—Fue bastante natural. Primero, porque como ser humano, todos somos iguales. De ahí parto. Además, mi padre vivió muchos años en distintos lugares de Sudamérica. Entonces tuve noción cercana de estas latitudes. Cuando él volvía a Europa llevaba música latina y la escuchábamos. Por eso tenía un lazo con esta cultura. Sentí que llegaba a un lugar conocido.   

—Riggen también contó que fuiste invitada a casas a comer empanadas y a compartir con algunas familias.

—Sí. Por eso me gusta viajar por el mundo. 

—Nosotros reconocemos en ti mucha libertad para elegir proyectos. ¿Hay diferencia en trabajar en Europa versus Hollywood, donde las actrices sobre 50 años reclaman por tener mejores papeles?

—Siempre escojo trabajos donde pueda evolucionar, crecer, sentir una sensación de gratificación. Tenemos tanto que transformar de nosotros. Acá lo encontré en esta mujer llamada María, que luchaba porque buscaran y rescataran a estos mineros.

Antes del estreno de Los 33, el próximo 6 de agosto, Juliette Binoche recogió elogios por su trabajo en el teatro de Londres con la obra Antígona, en una visión moderna de la tragedia griega a cargo del director belga Ivo van Hove. La pieza, dado su éxito y calidad, fue transmitida por la BBC. Y a fines de septiembre la ganadora presentará ese protagónico en las tablas de Nueva York. 

En el cine, la ganadora del Oscar (El paciente inglés) fue figura en el Festival de Cannes por su reencuentro profesional con el realizador Olivier Assayas, con quien hizo sociedad en el drama familiar Las horas del verano, en 2008. En esta oportunidad cruzan a Hollywood para el intenso largometraje Clouds of Sils Maria.

En esa historia la musa gala es una actriz que se enfrenta al paso del tiempo cuando le ofrecen participar en la obra que la hizo famosa hace veinte años. Situación incómoda cuando en la versión del nuevo siglo debe tomar el personaje de edad, mientras que la sensación juvenil de la industria (Chloë Grace Moretz, de la saga Kick Ass) asume el protagónico. El proceso de la mujer madura es seguido de cerca por su asistente personal Valentine, quien es representado en la película por la megaestrella de Crepúsculo Kristen Stewart.

Binoche, en una actuación formidable, se lanza sin miedo al tema de la edad y la fama que aborda el largometraje de Assayas. ¿En la vida real? Da señales cruzadas cuando se toca el asunto. Lo que no tiene doble lecturas es su seca reacción cuando le recordamos su reemplazo a Isabella Rossellini en la campaña de Lancôme, cuando la italiana fue despedida de la firma a días de cumplir 40 años.  

—Fue alabada por Clouds of Sils Maria. Otras películas sobre actores que regresan al primer plano en sus 50 también sacaron aplausos y premios: Julianne Moore en Polvo de estrellas y Michael Keaton en Birdman. ¿Esa frontera de edad es un tema entre sus pares?

—No si te mueves fuera del sistema, de manera independiente. Puedo hablar sólo desde mi punto de vista y, en mi caso, me siento liberada en la madurez. 

—Con el paso de los años, ¿cómo recuerdas tu reemplazo en Lancôme de Isabella Rossellini?

—(Largo e incómodo silencio) No sé qué decir… Sólo me pidieron hacer un trabajo para Lancôme cuando tenía 33 años. 

—¿Cómo fue trabajar con Kristen Stewart y Chloë Grace Moretz? ¿Viste algo en ellas de los días en que empezabas en la actuación? 

—Me haces pensar en la edad todo el rato… Me relaciono con ellas sin el tema de los años. No me importa. Hablamos muy directamente y lo pasamos muy bien juntas. En esa dinámica también aprendimos de nuestras experiencias. No las observaba respecto a la juventud. Los medios parecen estar obsesionados con aquello. Hay que apreciar el don de la vida. Si no tienes la sensación del tiempo, no puedes crecer.