¿Con qué va a salir ahora, a los 49 años, Juliette Binoche?

Una decana del mundo del cine, esta belleza pálida, de pelo negro como un cuervo es casi volcánica en lo impredecible.
La actriz que alguna vez se dio el lujo de rechazar la oferta de Steven Spielberg para trabajar en Jurassic Park, está en Canadá filmando con el director británico Gareth Edwards (Monsters) un remake más de Godzilla, junto a Aaron Taylor—Johnson (Salvajes) y Elizabeth Olsen.
Puede ser su primera megaproducción tras 30 años filmando. Por algo George Clooney asegura que envidia la libertad de su carrera, que la ha llevado por filmes independientes, artísticos y otros populares.
¿Qué la motiva? “El desafío es encontrar lo nuevo”, dice Juliette sentada con un cojín en su falda en una estilosa oficina de Berlín al lado de la Potsdamer Platz.

—¿Qué es lo nuevo?
—Es ser creativo. Si repites las cosas que has hecho antes, estás muerto. No estás siendo innovador. Te conviertes en una fábrica.

—¿Por qué le tomó hasta ahora para unirse con todo a Hollywood?

—Quería crear mi propio sendero, mi propio espíritu y seguirlo.

Wp-Binoche-193Cuando nos encontramos para esta entrevista, la Binoche —vestida con leggings negras, botines y una chaqueta de cuero a la medida— acaba de asistir al estreno de su película Camille Claudel 1915, recibida con grandes aplausos. ‘Brillante’ y ‘fascinante’ son algunos de los adjetivos que usaron las revistas especializadas The Hollywood Reporter y Variety para describir su actuación como la escultora del mismo nombre que estuvo encerrada por décadas en un asilo cerca de Avignon. El filme —que incluye a enfermos mentales verdaderos— describe sólo tres días de la tormentosa vida de la hermana del escritor Paul Claudel.
Parece que Juliette pudiera desempeñar cualquier papel. Pero le ligan roles sensuales. En Cosmópolis, que se estrenará en julio en Chile (pero ya está en DVD), protagoniza ardientes escenas con Robert Pattinson (el famoso vampiro de Crepúsculo). En Elles, es una periodista de la revista Elle que hace un reportaje sobre las jóvenes y la prostitución, y ‘ellas’ la tientan… “Como actriz, vas a lugares peligrosos y siempre estás mostrando cosas que no siempre todos quieren ver o sentir”, señala encogiéndose de hombros.

Es una de las artistas más cotizadas de europa, con una carrera enorme, repartida a ambos lados del Canal de la Mancha.
En Francia, ha sido una eterna nominada al premio César, que finalmente obtuvo con Tres colores: Azul, de Krzystof Kieslowski. Pero gran parte de sus éxitos, como La insoportable levedad del ser (1988, junto a Daniel Day-Lewis), han sido en inglés. De hecho, se instaló en Londres en 1992 y filmó Cumbres borrascosas, con Ralph Fiennes. La crítica se burló de su acento (‘franglais’). No sabían lo que hacían.
Fue la primera en ganar la triple corona a la mejor actriz en Europa: en Venecia, por Tres colores: Azul (1993); en Berlín, por El paciente inglés (1996), y en Cannes, por Copia certificada (2010).
Cuando recibió el Oscar como Mejor Actriz de Reparto por El paciente inglés, señaló que no tenía nada preparado porque pensaba que lo ganaría la legendaria Lauren Bacall. Con su voz ronca, la diva la encaró: Te llevas mi Oscar, pero no te deseo el mal.

Sólo cinco actores franceses han obtenido un Oscar; los últimos: Marion Cotillard y Jean Dujardin.
No solamente actúa en la pantalla grande, ha presentado en teatro obras de Pirandello, Pinter, Strindberg, Ionesco; además, es una gran bailarina, y pinta.
Como si todo esto fuera poco, también ha sido el rostro de marcas de perfume y ha realizado comerciales. El más conocido es uno para Ferrero Rocher basado en su personaje de Chocolate, y está muy comprometida con causas sociales como Reporteros Sin Fronteras y la libertad de los intelectuales en Irán.
En el caso del filme sobre Camille Claudel, fue ella la que llegó directamente a buscar a Bruno Dumont, un director con influencias de Ingmar Bergman y Pier Paolo Pasolini, que no suele trabajar con estrellas. Le pidió que hicieran algo juntos. Es típico de ella esto de abordar a un autor que trabaja en los extramuros; aunque nunca ha tomado un crédito que no sea el de actriz, “de alguna manera me siento como una actriz-productora”, cuenta.
No está en su naturaleza esperar que las cosas ocurran, como declaró en una entrevista a la agencia AFP: “Creo que hay que reinventarse. Los actores tendemos a esperar que nos vengan los papeles, algo como por magia. No tenemos que esperar nada. Nos corresponde tomar la vida en nuestras propias manos”, agrega con una sonrisa tan amplia como el horizonte.
Dumont le propuso personificar a Camille Claudel. “Me sorprendió porque a los 16 años leí un libro sobre ella y me llamó la atención su fuerza y la tragedia de su vida. De hecho, un poster de Camille adornaba mi pieza adolescente. Nunca había actuado en este tipo de temas, tan cerca de la locura. Era un gran desafío”.

Wp-binoche-290Camille Claudel era una gran escultora. Juliette Binoche es una gran artista. En 2008, a los 44 años, se celebró a sí misma por partida triple. Hizo un par de exposiciones. Pintó los rostros de los 32 realizadores que le dieron forma a su carrera de actriz. Allí estaba Michael Haneke (Amour), con quien ha hecho dos filmes; Leos Carax, con quien estuvo emparejada cinco años… También realizó 35 autorretratos de los personajes que había interpretado.
Simultáneamente, presentaba una retrospectiva de sus películas y un espectáculo de danza con el coreógrafo británico Akram Khan. La crítica inglesa la linchó. “Fue demasiado duro, sobre todo considerando que no soy una bailarina. Eso me dio ganas de proseguir el trabajo”.

—¡Tanta cosa!, ¿no? Juliette

—Yo digo: Vivan, corran riesgos; todo es difícil, pero cuando uno se permite bailar, pintar, escribir, actuar, ahí queda claro que no sentimos el esfuerzo, sino la fuerza. Es ahí donde debemos encontrar algo en nosotros mismos.
También hacía muchas cosas su padre, Jean-Marie Binoche, escultor, director y actor, que se divorció de su madre, Monique Stalens, una profesora de teatro y actriz de ascendencia polaca, cuando Juliette era una niña.
Junto a su hermana mayor, Marion (hoy, una fotógrafa profesional), debieron asistir a un internado en los suburbios de París, donde descubrió su amor por la actuación. Fue mi manera de sobrevivir al colegio. Por supuesto, mis padres se preocuparon de que fuera una actriz, porque es tan incierto. Y como eran cercanos al teatro, sabían lo dura que era la lucha.Pero algo tenía claro: Si yo no era la primera en creer en mí, nadie lo haría en mi lugar”.

Se las arreglaba para sobrevivir como cajera cuando consiguió un papel en Yo te saludo, María, de Jean-Luc Godard (1985). Su jefa le previno: ¡Buena suerte!, pero te advierto: es un trabajo difícil y no sabes a dónde vas a llegar.
Lo que consiguió Juliette Binoche fue un lugar único en el cine mundial, aunque Gérard Depardieu no piense lo mismo. “¿Me puede explicar qué significa el misterio de Juliette Binoche?”, le dijo el enorme actor a la revista austríaca Profil. “Me gustaría saber por qué ella ha sido tan cotizada por tantos años. Si no tiene nada; absolutamente nada”. Juliette, que acababa de ganar el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes 2010, respondió: “No entiendo por qué él está comportándose así; no lo conozco; pero ese es su problema”.

Su vida amorosa ha sido caótica. Nunca se casó. “No crea que se debe a que soy francesa; no tengo nada contra eso”, observa.
Le propusieron matrimonio cuatro veces. “Nunca dije no. ¡Simplemente no di una respuesta!”.
Tuvo dos hijos de padres diferentes: Raphael (19 años), de una breve relación con el buzo André Halle, y Hana (13), de Benoît Magimel, su coestrella en la historia de la tórrida pasión entre George Sand y Alfred de Musset: Confesiones íntimas de una mujer (1999).
Entre 1994 y 1997 tuvo una relación con Olivier Martínez (actual pareja de Halle Berry).
Su belleza despertó el entusiasmo de François Mitterrand. En 1993, el entonces presidente de Francia la invitó a cenar al Elíseo, y le comentó, confiado, a la prensa: Soñé una noche que la besaba; ahora espero que sea mi amante… Binoche ni siquiera aceptó la invitación.