Lo responde todo. Sonríe y posa sin problema. Y cuando no trabaja, se refugia en una vida de lectura y labores hogareñas. Si un extraterrestre aterrizara en el plástico corazón de Hollywood, no creería que Meryl Streep es la gran diva de la industria. Menos, cuando a los 65 años no entrega signos de desaceleración: sigue interpretando grandes papeles a una edad en que pocas actrices son contratadas. Y a pesar de acumular tres Oscar —además de 18 nominaciones a este trofeo de la Academia (entre otros diversos e importantes premios y honores)—, esta leyenda mantiene una ambición feroz. Algo que, según confiesa, la vuelve loca cada vez que se compromete a una película.

Sin embargo, eso no pasó en su nueva cinta En el bosque. Se trata de una adaptación del musical de Broadway creado por Stephen Sondheim y que llega a las salas chilenas el próximo 22 de enero. Una cinta que dirige el experto en el género Rob Marshall (Chicago, Nine). La producción tiene el atractivo de contar con Streep como una maligna bruja, dentro de esta trama que combina varios cuentos de hadas de Disney unidos en una sola historia.

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La estrella no dejó pasar la oportunidad de jugar con su lado pérfido, en medio de un mundo mágico donde canta, lanza maldiciones y atormenta a Cenicienta y compañía.

“Cuando cumplí 40 me ofrecieron interpretar tres brujas diferentes. ¡Todo en sólo un año! En ese momento me di cuenta de que (si aceptaba) era así como continuaría mi carrera: la industria no sabe qué hacer con las mujeres cuando llegan a una cierta edad. Así que las rechacé y seguí diciendo no a esos personajes. Pero cambié de opinión cuando llegó este papel, porque es muy diferente: ella se transforma. Su propósito es revertir la maldición que le lanzó su madre. Además, creo que los cuentos de hadas han evolucionado, hoy ‘dejan moraleja’. Antes se relataban a los niños para asustarlos y mantenerlos alejados de los peligros de la vida, mientras que a las niñas se les alentaban a casarse con hombres ricos: un príncipe con quien vivir feliz para siempre. Y las cosas funcionan de esa manera… Allí es cuando En el bosque se pone emocionante, azaroso, extraño y parecido a la vida real. Eso es demasiado entretenido”.

—Antes de aceptar, ¿conocía la producción de Broadway?

—Vi el musical cuando la gran Bernardette Peters interpretaba a La Bruja. Lo encontré fantástico. ¡No hay nadie como Stephen Sondheim! El es alguien que compone música ‘cantable’ y enfocada en los personajes, melodías que cuentan historias. Su ingenio es incomparable.

Admite que al salir del teatro no podía parar de cantar, que estaba ‘abrumada’ por la experiencia. “Me siento muy afortunada por recoger este tipo de oportunidades, a una edad en que muchas mujeres están tristemente dejadas de lado. Es casi un milagro”.

Eso sí, hace un par de semanas salió a defender a Russell Crowe (Gladiador), quien declaró que las mujeres debían tomar roles de acuerdo a su edad y que si no lograban trabajo era porque se postulaban a papeles de “chica ingenua”. El actor recibió una oleada de críticas, pero Streep coincidió y dijo a la prensa: “Es bueno vivir en el lugar en que te encuentras”.

En esta oportunidad, la artista comparte cartel con figuras de recambio: Anna Kendrick (Cenicienta), Johnny Depp (El Lobo), Chris Pine (Príncipe), James Corden (El Panadero) y Emily Blunt (La mujer del panadero). Y Meryl Streep estaba fascinada con la oportunidad de cantar después de Mamma Mia!

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Es otro siglo. Entre las décadas del ochenta y noventa se estableció como la actriz más grande de su generación. Pero a ella le interesaba más pasar tiempo con su esposo, el escultor Don Gummer, y sus cuatro hijos (Henry, Mamie, Grace y Louisa) en Connecticut. Sólo cuando estos últimos entraban a la adolescencia volvió a tener nominaciones a premios por Las horas (2002). Fue un renacimiento que selló con su tercer Oscar por La dama de hierro. Y el año pasado postuló nuevamente por Agosto.

Hoy, ella y su marido viven en la urbana zona de Tribeca de Nueva York.

—¿Es muy diferente el trabajo como actriz en este tipo de películas de fantasía?

—Todavía se trata de actuación: entras en el proceso de transformarte en el personaje y creas un mundo con tus nuevos compañeros. Lo que lo hace más divertido es usar un traje extravagante y hacer volar mi imaginación.

—Muchas personas no saben que estudió ópera cuando era adolescente.

—Mira, cuando tenía 13 años no me agradaba la ópera. ¡Ufff! Me gustaba ser porrista y coquetear con los muchachos… Me interesaban Barbra Streisand, The Beatles y Bob Dylan. Pero me encantó cantar. Mucho. Tuve una voz que ya no existe: muy alta, ligera y libre. Con los años ya cambió a una mucho más profunda.

—¿La música formaba parte de su educación en la casa?

—Mi padre era pianista. Bueno, en realidad era un hombre de negocios que le habría gustado ser músico. Compuso canciones y escribió un musical junto a un amigo. Era un romántico. A mi madre le hubiera gustado ser una cantante de salón y tarareaba a Cole Porter.

—¿Fue diferente preparar En el bosque, en comparación con Mamma Mia!?

—Esta vez mis hijos no tienen que aguantar que los vuelva locos con los ejercicios de canto (risas). También Mamma Mia! incluía hits con los que crecí y en un ánimo alegre. En el bosque es una historia más oscura.

—Ha tomado papeles de grandes mujeres, ¿se identifica con alguna de éstas?

—Trato de imaginar que soy como ellas de diferentes maneras. Mi objetivo es encontrar la esencia y entregar su alma y humanidad básica al público. Quiero que vean más allá de la apariencia del personaje y creo momentos donde la gente identifique lo que son en el fondo.

—¿De dónde viene ese instinto?

—Probablemente de mi infancia. A menudo me sentía rechazada y mal entendida. Siempre traté de mostrarle a la gente quién era. Era insegura. Entonces, al actuar, quería deshacerme de todo eso y encontrar la verdad en las mujeres que interpretaba. Cuando jóvenes actores me piden consejos los invito a invertir en ellos. Les digo: Edúcate en todo menos en actuación. Aprende todo lo demás y busca más información sobre la condición humana. Soy curiosa y siempre quise entender lo que convierte a alguien en un tipo de persona.

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—¿Trató que sus hijos tomaran un camino distinto al suyo?

—Con mi marido pensábamos: Quizá salga un biólogo molecular entre ellos… Pero eso no va a pasar con nuestro ADN. ¡Así que tenemos artistas! (sonríe). Hay un millón de maneras diferentes de situarse en esta profesión, pues el mundo del espectáculo es muy grande. 

—Se mudó a Nueva York con su esposo cuando el último de sus hijos dejó la casa. ¿Cómo cambió su vida?

—Mucho. Toma un tiempo ajustarse. Pero luego descubres que tienes que encontrar nuevas maneras de llenar tu día y disfrutar ese tiempo junto a tu pareja. Comienzas a ver a tus amigos más seguido y haces muchas más cosas en pareja que no eran posibles cuando vivías con tus hijos. Así que hemos sido capaces de usar esos momentos para acercarnos.

—A menudo dice que la familia es su mayor triunfo.

—A veces fue desgarrador vivir el proceso de la partida de mis hijos a la universidad, porque siempre me gustó dedicarme a ellos. Actuar puede ser mi pasión, pero ellos siempre han sido mi mayor alegría en la vida… Me encanta mimarlos cuando nos juntamos. Sólo me preocupa que algunas (Mamie y Louisa) me siguieron en la actuación y tienen que lidiar con las decepciones que yo viví.