Temprano en su carrera Jude Law (44) dejó claro que sólo su cara era angelical. ¡Amén!  Es un hecho que sus facciones perfectas y sonrisa seductora son peligrosas para quienes han caído ante ellas tanto en personaje como en la vida real. Algo que, sin duda, atrajo al director italiano Paolo Sorrentino (ganador del Oscar por La gran belleza), quien lo convocó como protagonista para la polémica miniserie The Young Pope. En el rol del guapo sacerdote norteamericano Lenny Belardo el inglés se mueve con un cigarrillo en mano y esquiva el sol con unos Wayfarer.

Hábitos que no cambia al ocupar a la máxima posición del Vaticano, donde toma el nombre de Papa Pius XIII y agita las aguas. Ante la polémica propuesta, el realizador se apuró en decir que la apariencia del actor inglés no es excepcional frente a otros representantes de la Iglesia. Y para enfatizar su punto mencionó al asesor de Benedicto XVI, el alemán Georg Gänswein a quien Vanity Fair puso en portada bajo el titular “Ser bello no es pecado”

En el caso del pontífice de esta serie —que llegará a Chile por Fox Premium—, hay actitudes que la buena genética no exime de una cita en el confesionario. El impredecible Pío tiene sus propios demonios, que van desde los misteriosos agentes que lo ubican en esa posición a un pasado infantil en un orfanato. Lo más cercano a una consejera que lo guíe es la severa Hermana María (Diane Keaton).

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Desde el estreno en el Festival de Venecia, Jude Law retorna al primer plano y, de paso, muestra el paso del tiempo. Está más relajado y prioriza sus gustos en la agenda profesional. De marzo a junio presentará la obra Obsession en Londres, Viena, Amsterdam y París. Y en lo personal, aprecia cada segundo de relación con la sicóloga Phillipa Coan, de la que habla abiertamente: “Ella es mía y de nadie más. Estoy muy, muy feliz”, declara. Parece que por fin está en el “lugar perfecto”, el mismo que encuentra entre dunas en su última campaña para Prada.

—¿Investigaste para este personaje?

—Sí, pero no encontré lo que quería. Paolo Sorrentino me dijo: Se el hombre, interpreta a ese hombre que es Lenny. Entonces el trabajo se concentró en el guión y crear a esta persona con la carga de haber sido un niño de orfanato. Ver qué lo motiva, cómo sobrevive, cómo actúa políticamente, de quién se oculta y a quién deja entrar a su vida. Con ese ‘mapa humano’ comprendí qué tipo de Papa quería ser. Se da una extraña similutud de realidad y ficción: Me coloco el vestuario para entrar en el personaje y Lenny se pone la ropa para ser el Papa. Así que en verdad no entendí al Pontífice hasta que comprendí a Lenny.

—Antes de esta miniserie, ¿cuál era tu opinión sobre el Papa?

—Me interesó saber del Papa actual (Francisco) y las maquinaciones que llevaron a un nuevo cónclave cuando existía un líder vivo. Creo que es la primera vez en 300 años que un Papa (Ratzinger) dimitía. Todo eso me intrigó. Además el nuevo elegido es supuestamente humilde, modesto y toca temas contingentes. De repente estaba obsesionado con él: ¿Qué esta haciendo? ¿A dónde va? ¿Qué usa?

—Una de las escenas más fuertes en la miniserie es cuando el protagonista lucha por ser anónimo. Hubo un período en que los paparazzi te siguieron a diario, ¿este papel revive tu deseo de ser  desconocido?

—Es un tema muy oportuno e interesante en el papado de Lenny. Vivimos en un mundo donde todos están obsesionados con poner sus vidas en imágenes editadas en internet. Así que la idea de que alguien quiere permanecer anónimo para tener más impacto es fascinante. Esa curiosidad sobre mi vida fue algo que no negocié. Yo quería actuar, contar historias y trabajar con gente maravillosa, contribuir al teatro y cine. No para que un proyector brillara en mí.

—¿Paolo te dijo por qué tú interpretarías a un gran Papa?

—No, yo le pregunté. El sentía que yo podía transmitir el mundo interior que deseaba para Lenny. Había un misterio y una ambigüedad que se adaptaba a la forma en que vio mi trabajo.

—¿Y cómo se actúa con una Diane Keaton en un papel sorprendentemente serio?

—Se pasaba diciendo: Soy comediante, no puedo hacer esto, soy divertida. Ella es Annie Hall, no sólo la actriz. Se entretenía mucho conmigo. Me decía Eminencia o Su Santidad, nunca Jude.

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—¿Sorrentino te guió de una manera especial para este Papa?

—Todos los directores son distintos. Nosotros conversamos mucho desde el inicio del proyecto sobre lo que él quería del guión y eso estaba claro cada día en el rodaje.

—Con una carrera tan intensa, ¿cómo manejas la paternidad de cinco hijos?

—De veinteañero sentí que pasaba mucho tiempo en el extranjero, pero los mayores viajaban conmigo. Ultimamente tengo la impresión de estar mucho más en casa (Londres). Como cualquier papá o mamá que trabaja haces que todo funcione.

—Con dos de ellos (Rafferty e Iris) entrando al modelaje, una escena obsesionada con la imagen, ¿cuál es tu actitud?

—En primer lugar, mi hijo no tiene grandes aspiraciones por modelar. Le ofrecen cosas y las hace (como el reciente desfile de Tommy Hilfiger). Lo ve como una forma de conseguir algo de dinero para el bolsillo y continuar su carrera musical. El es un músico. Mi hija, por el momento, es más curiosa por todo el mundo de la fotografía y moda (es centro de la última campaña de un labial de Burberry); siento que también lo toma como un medio para un fin. La generación joven se da cuenta de que todo es una experiencia. Estoy lleno de consejos si quieren oírlos.

—¿Quieren escucharte?

—No, ¡son adolescentes!

—¿Crees en algún tipo de divinidad?

—Creo en un sentimiento de divinidad. Al ser una pieza de la naturaleza adviertes que no estás solo. Puedes mirar un hermoso paisaje, conmoverte y tener una conexión divina. Cuando hablas con alguien o al leer algo que te ilumina. No puedo pensar en ‘algo’. Son sentimientos puros.