Su pelo está mucho más corto de lo normal y, además, aparece afeitado, sin su habitual conjunto de pañuelos y collares en el cuello. Tampoco anda con su clásico sombrero. Johnny Depp (50) lleva un pasar limpio, sin alcohol ni cigarro, entregado al Pilates. Una nueva vida que, según la prensa que sigue sus pasos, es responsabilidad de la actriz Amber Heard (27), su pareja y sexy coestrella en Diario de un seductor (2011). El actor se ve saludable y feliz.

Con el árido paraje de Santa Fe de fondo, la estrella se sienta a conversar sobre ´El Llanero Solitario`. Película con estreno en Chile para los próximos días, donde volvió a explotar su vocación camaleónica para interpretar al indio Toro, fiel compañero del héroe vaquero que protagoniza Armie Hammer (Red social).
Depp se abre a hablar sobre sus genes indígenas, el género del western y la fama. Se reserva cualquier comentario sobre su vida personal y el quiebre con la actriz francesa Vanessa Paradis (40), con quien tiene dos hijos, Lily-Rose (14) y Jack (11). Menores son las posibilidades de que otorgue pistas sobre su vida amorosa con Heard, la despampanante rubia e icono gay que dejó a su novia por él.

Detrás del cambio

Los recientes vaivenes de su vida privada habían sido reportados sólo desde los trascendidos: sus comunes deslices cuando estaba con Paradis, aquella personalidad impredecible que fue minando su relación, la distancia por trabajo que lo alejó de la francesa… Las revelaciones sobre su quiebre con la diva gala que entregó en la última edición de la revista Rolling Stone llamaron la atención a nivel global. “Las relaciones son muy difíciles. Especialmente en nuestra situación porque estoy constantemente lejos o lo están ellos, así que es duro. No fue fácil para ella. Tampoco para mí. Ni para los niños (…). Por la razón que sea, no cesa el hecho de que te preocupes por la otra persona, la madre de mis hijos. Siempre voy a estar en sus vidas”.

Mientras él habla, ella canta. Paradis acaba de sacar un disco titulado Love songs… Album que incluye un tema en que él aparece como coautor. Tras un extenso pacto de silencio por el quiebre aparecen estos gestos. Hay paz.
La reinvención de Depp se extiende a la fantasía en pantalla, donde asume otra piel: la indígena.

—¿Cómo fue verse en maquillaje?
—En el espejo vi a mi bisabuela. Al parecer, ella tenía sangre india: usaba trenzas y andaba con el tabaco en sus pechos. Me trasladó a su época.

—¿Por qué le interesa tanto el tema nativo americano?
—Lo heredé de mi gran maestro, padre y amigo Marlon Brando. En la historia del cine, este grupo ha sido retratado como salvaje o algo menos que un ser humano. Por lo tanto, era importante para mí, y una excelente oportunidad, conocer su historia.

—¿Fumó la pipa de la paz?
—Sí. Tan a menudo como fue posible (da una carcajada). Porque me gusta la paz (más risas). Ser bienvenido por los comanches —nación que me adoptó en el proceso de construcción del personaje de Toro— significó muchísimo. No soy particularmente una persona espiritual.

—¿Cuál es su western favorito?
—Difícil pregunta, hay tantas películas magníficas. Siento que Jim Jarmusch hizo un poema increíble y épico del género con Dead man. No la he visto, pero me encanta Jim y leí el guión. Una maravilla, por cierto.

—¿Quiso educar a las nuevas generaciones sobre los westerns e indígenas?

—Mi esperanza era hacerlo de una manera extraña: tomar el cliché para que fuera reconocido por las personas que han sido condicionadas a ver el nativo americano de una forma clásica en la representado del cine. Así que todo fue una especie de truco: atraer al público con el estereotipo y luego cambiar las reglas para tomar un camino diferente. Tenía que aceptar lo que se considera como caricatura de Toro.

Wp-Jon-450—Toro ha visto un montón de cosas. Como él, ¿qué le da curiosidad?
—Todo, en verdad. No necesito mucho. Creo que si conservas la curiosidad por la vida, te mantienes joven más allá de los números. Y tengo 60 años (risas).

—Si Toro y el Capitán Jack Sparrow (Piratas del Caribe) pelearan, ¿quien gana?
—Toro está perdido (risas). El Capitán Jack es demasiado oscuro. No se necesita mucho tiempo y sería desagradable.

—¿En la creación de Toro temió por críticas?
—Siento que mi representación de la nación comanche fue entregando una ‘luz’ adecuada. Siempre van a aparecer críticos, pero creo que me acerqué de la manera correcta. Es todo lo que puedo hacer.

—Si pudiera cambiar algo en el mundo como Toro, ¿qué sería?
—No quiero cambiar nada. Todo está bien, no quiero nada.

Su lado guerrero

—¿Cambiaría algo por anonimato?
—Esa es una pelea perdida hace bastante rato. Ahora estoy acostumbrado a vivir como un fugitivo, así que no importa realmente. ¿Anonimato? Lo recuerdo, ya no existe, así qué ¿podría cambiar? No sé, me gusta mi vida. No, no quiero transar nada.

—¿Cuál es el retrato de Estados Unidos que deseaba entregar a la audiencia? El Llanero Solitario y Toro son dos ejemplos de hombres que están inmersos en la historia del país en un periodo muy particular.
—Esos años fueron terribles en términos de los pueblos indígenas de América, tratados como prisioneros. Se vieron obligados a convertirse en cristianos y católicos, también a abandonar su cultura, creencias y religión. Fue muy loco para esa gente. Lo que me encantó de Toro es que él es una banda aparte. Siente que se llevó a cabo un acto horrible en contra de su pueblo. Por lo tanto, abrumado, él se va por su cuenta para vengar aquello. Quise ser capaz de mostrar a esas personas como guerreros, que es lo que son, pese a que fueron torturados y con sus mujeres violadas. Hay una tremenda historia allí.

—Mencionó que tenía un antepasado nativo americano, ¿puede elaborar aquello?
—Es extraño que me lo hayan dicho sólo cuando niño en Kentucky. Me contaron que era cherokee, creek, chickasaw, tantas cosas diferentes. Al crecer sólo me quedó el vago recuerdo de alguien mencionando este origen. Pero siempre he tenido fascinación y conexión con ellos. Esta película fue una gran oportunidad para poder tratar, por lo menos —como ya he dicho—, de aminorar el cliché.

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