Pasar de ser una niña normal a convertirse en la actriz mejor pagada del mundo, según Forbes, no puede dejar indiferente a una persona. Es el caso de Jennifer Lawrence, quien con apenas 25 años se ha transformado en una superestrella de Hollywood.

Una vida común en Louisville, Kentucky, una de las 30 ciudades con mayor población de los Estados Unidos fue la cuna de la ganadora al Oscar como mejor actriz en 2013 con la película Silver Linings Playbook. Lugar hogareño, muchos dirían, donde se mezclan altos edificios con casas de arquitectura Victoriana. Quizás ello le entregó tintes de humildad a Jennifer, atributo que se manifiesta cada vez que se detiene para saludar a sus fans: “No crecí en el negocio del entretenimiento, ni siquiera crecí en Hollywood. Así que estoy muy consciente de cómo es el mundo real y lo duro que puede ser conseguir las cosas. Es muy difícil que se me suban los humos a la cabeza o que me crea mejor que nadie, porque no lo soy”.

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Comenzó a buscar la fama a los 14 años cuando les mostró a sus padres el interés que tenía por convertirse en actriz. El apoyo de ellos fue crucial para que 11 años después se transformara en la persona deseada por un centenar de directores para papeles protagónicos en sus filmes. Con la llegada al estrellato ha logrado cumplir varias metas que los adolescentes apenas sueñan. Conoció a Bill Murray, que para ella es una “leyenda viviente”, como también pudo encontrarse con la matriarca de las Kardashians, Kris Jenner, quien hasta asistió a su cumpleaños para cantarle y celebrar con ella.

Pero ser una celebridad no solo le ha dado flores a quien encarna el papel de Mystique en la saga X-men.- “Desde que me hice popular, siento que la fama es un arma de doble filo que debe usarse con gran responsabilidad, porque es muy traicionera… puede ser tanto una oportunidad como una maldición, depende de ti cómo la uses. Puede ser muy mala consejera si no te ubicas”, ha dicho la actriz. Y sabe perfectamente de qué habla: Jennifer fue la cara más visible en la filtración de fotografías íntimas de celebridades que ocurrió en 2013. Además sus idas y vueltas con Chris Martin, el vocalista de Coldplay, han sido alimento cotidiano para una decena de portales dedicados a las polémicas. Pero su presencia no da espacio a pensar que estos malos momentos la han afectado. Se muestra casi siempre de tacones altos que la hacen ver más imponente aún, y con una mirada fuerte que deja de lado cada vez que ríe. Una imagen que no permite entender por qué se ocupó tanto Photoshop en ella para la portada de Flare, criticada en todos los sitios web especializados.

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—¿La fama te ha afectado emocionalmente?

—Sabes, no creo que estar al pendiente de todo lo que dicen de ti sea realmente bueno para nadie. El secreto para mantenerse a flote en esas circunstancias es entregarse de lleno al trabajo. Y es lo que hago. No me pongo a leer cada cosa que dicen de mí, porque de otra manera puedo volverme loca.

—¿Has aprendido de las relaciones personales y profesionales gracias a tu trabajo?

—He aprendido poco a poco, como cualquier otra mujer que pasó de ser estudiante a trabajar en el campo profesional. Pienso que lo más importante que una persona puede hacer en cualquier tipo de relación es no olvidar cómo tus actitudes afectan a la gente que te rodea y nunca ser frío o desconsiderado, para que la vida fluya de la manera más armoniosa posible.

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Solo con su simpatía y un simple comentario sobre Amy Schumer por su cinta Trainwreck, lograron crear una amistad que se traducirá en película protagonizada por ambas. “Amy y yo estamos hechas la una para la otra creativamente hablando. Ha sido la experiencia más divertida de mi vida”. Ahora su trabajo se ve concentrado en las entregas de X-men: Apocalypse y la última película de una saga que ha originado gran parte de sus fans: The Hunger Games: Mockingjay – part 2, que se estrenará el 19 de noviembre en Chile. Y es que el valiente personaje de Katniss ha trascendido la pantalla grande y ha servido para que sus admiradores se enfrenten a la adversidad. Tan así que durante protestas en Tailandia, en 2014, el famoso gesto de la mano, hecho en la película, estuvo presente en las manifestaciones.

—Los seguidores de The Hunger Games tratan de encontrar similitudes entre la protagonista y tú, ¿qué opinas?

—Siempre he sido reacia a compararme con Katniss porque nuestras circunstancias son diferentes. La responsabilidad que ella tiene no se puede comparar con la mía, porque lo más difícil que tengo que enfrentar son largas horas de trabajo y responder a muchas preguntas de la gente. Katniss, sin embargo, tiene que vivir entre la vida y la muerte, la guerra y la destrucción. 

—¿Pero percibes algo en común con ella?

—No me puedo definir como una rebelde porque siento mucha ansiedad ante circunstancias adversas. Pero soy una mujer que me rebelo frente a las injusticias y la agresividad de la gente. ¡No soporto a las personas rudas y groseras! La gente que toca la bocina una y otra vez en sus autos cuando la luz acaba de cambiar a verde, me enerva… y, en general, detesto todas las injusticias.

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—¿Extrañas la época en que eras una perfecta desconocida o disfrutas de tu actual popularidad?

—Mira, tengo días en que siento ambas cosas (risas). Muchas situaciones maravillosas se dan gracias a mi trabajo, pero existen otras que son difíciles o que a veces no me siento completamente lista para afrontar. Te confieso que hay días en que siento que tengo que sacrificar cosas que me gustan y que no debería dejar a un lado, pero son gajes del oficio y… ¡amo mi trabajo!

—Tus personajes han forjado un gran grupo de fans. ¿Te sientes una líder para tus seguidores?

—¡Para nada! Solamente soy una actriz. No soy la líder de ninguna causa importante. Pero sabía que tal cosa podía pasar con este trabajo y tras aceptar un papel como el de Katniss. Al final, es algo que me hace feliz, aunque también sé que por ello debo ser muy cuidadosa con lo que digo y hago.

—Eres conocida como una mujer auténtica y fuerte. ¿Eres siempre así tras cámaras?

—Creo que sí. Aunque algunas veces es frustrante que cualquier tontería que digas o hagas pueda crear una tormenta en un vaso de agua. Uno no cambia, es el mundo alrededor tuyo el que cambia. Te doy un ejemplo. Salí con una amiga a comprar un bulldog francés para su cumpleaños y comenzamos a conversar con el chico que lo vendía. No me percaté que mientras hablábamos él nos tomaba fotos con su teléfono, para luego venderlas por internet. Mi plan era salir tranquilamente con una amiga, sin tener que cuidarme de cada persona con quien me tropezaba. Y ahora, siento que tengo que hacerlo. No quiero cambiar, pero la gente tiene que dejar de ser tan desconsiderada e invasiva…