Jennifer Lawrence tiene 23 años y —en ‘parámetros Hollywood’— lo tiene todo: el Oscar a mejor actriz (El lado bueno de las cosas), taquilla millonaria a nivel mundial (Los juegos del hambre), respeto de la crítica (Lazos de sangre), sitial estelar en la lista de las actrices más ricas de Forbes y la codiciada portada de septiembre de la revista Vogue. Abrumador… y ella parece no haber cambiado en nada desde que llegó a California como una inquieta adolescente en busca del estrellato. Así lo corroboran la fila de periodistas que la entrevistan por su seguidilla de películas, directores y compañeros de actuación. Detrás de toda esa intensidad en cámara mantiene el espíritu juguetón —casi infantil— de sus días colegiales en Kentucky.

Finaliza un 2013 a full. Cierra el rodaje de la saga de fantasía X-Men (en la que se reencontró con su ex novio Nicholas Hoult) y promueve tres cintas. En dos de ellas estará con Bradley Cooper —Selena y American Hustle—, su compañero de El lado bueno de las cosas. El tercer filme es aquel que la catapultó como ídola adolescente, Los juegos del hambre 2: En llamas, que estará en la cartelera el 21 de noviembre. Esta última historia futurista retoma a la heroína Katniss (Lawrence), luego de su triunfo en un torneo de vida o muerte. Ahora debe lidiar con su condición de celebridad y responsabilidad como líder de una revolución ad portas.

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—¿Cómo fue volver al equipo de Juegos del hambre?
—Fue genial ver de nuevo a todo el mundo.

—¿Qué fue lo más especial en la secuela?
—Trabajar con Philip Seymour Hoffman (Capote), soñaba con estar en una película con él. También, realizar escenas largas e intensas con Donald Sutherland.

—¿Qué pasa con la toma del matrimonio y su publicitado vestido de novia?
—Sí. ¡El traje es total! Impresionante. Pero no soy buena para manejar grandes vestidos… Menos cuando involucran escaleras (da carcajadas, en referencia a su caída en un Dior cuando subió al escenario a recibir su Oscar).

—¿Siente que encontró su propio poder y voz a través de estas películas de acción?
—Sí. Definitivamente me han expuesto a una gran cantidad de ojos y oídos.

—Actuó antes con Bradley Cooper y se reencuentran en American Hustle. ¿Por qué cree que funcionan tan bien juntos?
—Tenemos gustos similares. Así que nos atrae el mismo tipo de películas y directores. Me encanta trabajar con él porque es un gran tipo y actor. Cuando rodábamos El lado bueno de las cosas le hablé de una cinta llamada Serena para la que había firmado contrato, una producción que todavía no tenía un coprotagonista; leyó el guión y se sumó. Así que nos miramos y fue como: ‘Bueno, muy bien. Partamos de nuevo’. Luego vino American Hustle, donde el tema fue al revés, pues él ya había fichado para uno de los papeles estelares. Allí mi rol es sólo secundario, así que la dinámica no es la misma, ya que no compartimos ninguna escena. Al final, todo ha sido una coincidencia. Igual lo haría a propósito (risas).

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Recientemente Jlaw —como la bautizaron en el colegio— confesó que fue a terapia y tomó medicamentos en su infancia. Eran los años previos a ser descubierta, a los 14, en las calles de Nueva York por un ‘cazador’ de modelos. No destacaba en nada y vivía en un estado de angustia y desconexión. Ella dijo que fue una etapa ‘infeliz’. El panorama cambió de manera radical cuando se mudó a Los Angeles para darle una oportunidad a la actuación. Andaba alegre y el apoyo profesional ya no fue necesario.

—Los juegos del hambre aborda el tema de la rebelión. El director y los actores mencionan que usted es un espíritu libre. ¿Fue rebelde en la adolescencia?
—Nunca he sido rebelde, porque me viene una angustia intensa cuando se trata de meterse en problemas. Ese siempre ha sido mi mayor temor. Tampoco creo haber sido especialmente aventurera. A lo más, salté alguna vez desde la parte trasera de un autobús.

—¿Se considera valiente?
—Tengo un sentido de la aventura, pero soy muy prudente… No soy el tipo que piensa: ‘Oh, nada de eso va a pasar’. Soy de las que cree que todo le va a suceder. Así que supongo que manejo una cantidad normal de coraje.

—Se ha referido a la delgadez en las actrices de Hollywood y aseguró que no seguirá ese camino. ¿Por qué enfatizó ese tema?
—Es una responsabilidad. En la primera entrega de Los Juegos del hambre debía perder cerca de cinco kilos para representar a Katniss. ¿Por qué tendríamos que hacerla inalcanzablemente delgada? Ella era un persona a la que las chicas iban a querer parecerse. ¿Por qué no hacerla fuerte? ¿Por qué no hacerla hermosa, saludable y en forma? Así que fui muy firme en ese asunto, porque creo que la industria no asume la responsabilidad en lo que hace a nuestra sociedad. No me parece tener esa aspiración poco realista e imponerla no sólo en los artistas, sino que también en las personas que imitan a sus ídolos. No quiero ser parte de eso. Recuerdo lo que se siente ser una chica de 14 años, ver a una modelo de Victoria’s Secret y pensar: ‘Nunca voy a lucir así’. No deseo provocar que alguien sienta lo mismo.

—¿Cómo quiere que piensen las jovencitas?
—Todo el mundo tiene un tipo de físico diferente. Hay que seguir una dieta saludable y ejercitar si quieres (risas), pero no tratar de hacer del cuerpo algo que no es. Creo que lo más importante es que dejemos la forma en que hablamos el uno al otro. Es decir, abandonar a los tabloides que llaman a la gente gorda, como también no juzgar a las personas por cómo se ven. Los niños miran eso y piensan que es correcto ser cruel y burlarse del resto. Eso es muy peligroso para nosotros como sociedad. Esos medios se defienden diciendo: ‘Bueno, bienvenido al mundo real’. En verdad, nada cambia cuando alguien tiene esa mentalidad. Creo que es muy peligroso, si pensamos en la cantidad de niñas que mueren de anorexia y bulimia, o aquellas pequeñas que siguen dietas cuando tienen sólo 10 años. No es aceptable pretender que eso no está sucediendo y que no somos responsables de aquello.

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—Cuando le ofrecieron esta película casi la rechazó, y dijo que su madre la convenció, ¿Piensa en lo diferente que sería su vida si se hubiese negado?
—En términos profesionales no me arrepiento, tampoco en forma personal. Quiero ser sincera… tras fichar sí pensé que me iban a querer echar atrás, por suerte no fue así. Las mamás siempre tienen la razón. Lo único que sería distinto es que podría ir a una cafetería sin ser un manojo de nervios porque puedo ser abordada.

Lawrence se ha ido acostumbrando a andar con guardaespaldas, pero trata de no sentirse afectada. Como si viviera otra realidad, al igual que en su niñez. Jodie Foster, quien la dirigió en Mi otro yo, alaba su manejo de la fama y le atribuye su equilibrio a la sana relación con sus padres y dos hermanos mayores. La veinteañera soñaba —casi de manera premonitoria— que iba a ser una celebridad, aunque no sabía por qué talento.

—¿Recuerda el momento en el que decidió que esto era para usted?
—Tenía 14 años y leí un guión. En ese instante pensé: ‘¡Esto es!’ Por eso que no tengo nada que lamentar, porque aunque esta profesión tenga momentos desagradables y tristes, es lo que tengo que hacer.

—¿Por qué?
—Me encantan las películas. Amo los personajes, actuar y conocer a gente con un millón de diferentes talentos. Me encanta leer un papel y convertirme en esa persona. Trabajar ese rol con el director y que salga algo totalmente distinto al final, lo mismo que con ciertas escenas que terminan sorprendiéndote por el giro que toman. Es una sensación que se logra sólo cuando haces algo para lo que estás destinada. Y no podía huir de eso después de encontrarlo.