Uno de sus sueños como actor es aparecer al lado de Al Pacino, pero como ser humano es que el pueblo saharaui logre su bienestar. Lo primero, como él mismo lo dice, es cuestión de suerte, pero lo segundo tiene que ver con un apoyo humanitario en el que ha intervenido para llamar la atención de la misma ONU.

“Son nuestros refugiados y tiene que dejarse atrás esta lamentable situación, un conflicto que ha durado décadas”, expresa con indignación quien apoya la iniciativa de un acuerdo internacional que deje atrás hostilidades para dar paso a una vida digna de “un pueblo que ha resistido con valor e identidad propia”. Simultáneo al drama y conflicto que se desprende de la actualidad, Bardem emprende un nuevo viaje emocional hacia el choque de civilizaciones que dio origen a lo que somos. En Cortés –una nueva miniserie de Amazon– el actor interpreta al polémico conquistador español y su relación con el emperador azteca en el corazón del señorío que dirige.

“Se trata de una producción única y de ensueño. Una historia bastante compleja que muestra lo peor y lo mejor del ser humano en un viaje emocionalmente fascinante”, resume acerca de un relato épico producido en parte por Steven Spielberg. Uno de los célebres nombres que se suman a la lista de personajes con quienes ha trabajado. Es así como el primer actor español en ser nominado al Oscar –y primero también en ganarlo–, afronta nuevos retos colocando firmemente los pies en la tierra.

—Si bien has alcanzado el éxito gracias a tu trabajo, éste no es en sí mismo el objetivo final…

—Veo el arte como un compromiso auténtico con uno mismo y con la voluntad de manifestar una idea que puede provocar reflexiones. Ese derecho para expresar una opinión me parece fundamental al combinarlo con la necesidad de contar algo dentro de un viaje emocionalmente intenso. Si bien a veces es duro porque pasa que interpretas a personajes de los cuales no es tan sencillo desprenderse, el punto que importa es colocarte en un sitio para contar una historia en lugar de perseguir el éxito.

—En lo personal, ¿de qué manera consideras que lo has logrado?

—Con trabajo para alimentar esa suerte que percibo me ha ayudado a lo largo del trayecto. Es una combinación de ambas porque conozco a colegas profesionales con un alto nivel a quienes de pronto no les aparecen ciertas oportunidades. Por eso vivo agradecido.

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—Por otra parte, ¿cómo percibes la participación femenina en diferentes ámbitos de la actualidad?

—Su presencia es fundamental para tomar decisiones, para enriquecer perspectivas. Siempre he pensado que el ángulo de observación de la mujer es básico para entender el mundo en 360 grados. Aunque a la estructura social todavía le falta mucho para otorgarles espacios en las mejores condiciones. Creo en la igualdad definitivamente por la sencilla razón de tener los mismos derechos y capacidades. Nos complementamos en lo absoluto y eso no hay que perderlo de vista ni por un instante. La migración y las fronteras resultan ser otros temas que se convierten en nuevas metas en estos días… Lo vemos prácticamente a diario. Lamentablemente podríamos decir que no existe sitio en el mapa mundial que esté exento de estas situaciones. Algo se ha dejado de hacer en determinados lugares para conseguir un sentimiento adverso por parte de sus pobladores y otros ni siquiera un lugar en forma tienen. Tanto gobiernos como sociedad hemos dejado de hacer parte de nuestro trabajo durante mucho tiempo. Uno de los ejemplos de esta condición es el pueblo saharaui que está en uno de los más tristes abandonos a mitad del desierto, como si el mundo se hubiera olvidado de ellos. Se trata de un pueblo pacífico, fuerte y con identidad que ha resistido las peores condiciones durante más de cuatro décadas. Han sabido crecer a través de la paciencia y eso es sumamente admirable.

Algo no anda bien con la humanidad en términos generales…

Cuando las cosas más importantes se cree que están relacionadas solo con el dinero, aparecen varios problemas como la desigualdad. Siendo un poco utópico, tendríamos un mundo mejor cuando seamos verdaderamente conscientes del entorno. Ahí podríamos hacer clic con temáticas como la pobreza, accesos a salud y educación, a todo aquello que necesitamos como seres humanos para desarrollarnos con plenitud e integridad. A veces pienso que en realidad no es tan difícil alcanzar ese objetivo. Me parece que también es cuestión de preguntarnos qué podemos hacer en lo individual para provocar reacciones positivas en lo colectivo.

—Volviendo a tu trabajo, ¿resulta frecuente que observes hacia el pasado para reconocer el terreno que pisas en la actualidad?

—Es reconfortante el agradecimiento hacia atrás y hacia abajo, como cuando ves los primeros escalones que funcionaron como antesala. Pero a la vez prefiero fijar mi atención hacia delante con la intención de hacer mejor las cosas en lo profesional y en lo personal.

—¿Cómo reflexionarías frente al espejo en este instante?

—Sin que suene a arrogancia, sentirme orgulloso y en paz con lo que he hecho. Estar conforme porque sé que es lo que pude hacer hasta hoy. Al final me quedo con lo que soy, con lo que tengo y sé hacer. Eso me hace feliz.