En una entrevista concedida en 2013 a la revista Paris Match, Karl Lagerfeld hablaba de su relación con Yves Saint Laurent y afirmaba: “No sé cómo van a hacer las dos películas sobre él. Parece que yo aparezco en una. Pero tendrán un problema para encontrar quién hará de Jacques De Bascher. Ya no existe gente así…”. Jacques fue el gran amor del diseñador. Un dandi de aspecto proustiano, por años reducido al silencio y hoy resucitado gracias a dos filmes que retratan parte de la vida del modisto.

Es la segunda cinta estrenada este año en Francia, Saint Laurent dirigida por Bertand Bonello, la que ahonda en la oscura relación que habría tenido el joven con el diseñador nacido en Argelia y que habría aportado a la supuesta enemistad con Lagerfeld.

Al parecer a De Bascher se había metido en la cabeza conocer a Lagerfeld y lo consiguió una noche de 1973 en el Sept, el club de moda de la época en París, con solo 23 años. Fue tal la impresión que ejerció sobre el alemán, que inmediatamente se convirtió en su favorito y al otro día partían junto a la pandilla del diseñador a la casa que alquilaba los veranos en Saint-Tropez.

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Jacques de Bascher nació en Saigón en plena administración colonial, criado en Neully-sur-Seine en una familia clásica francesa que poseía un pequeño castillo que les costaba mantener. A los 15 años se hizo amigo de un profesor de inglés que admiraba a Oscar Wilde y quien recibió a varios jóvenes con ganas de salir de sus monótonas vidas. Según cuenta Alicia Drake en The Beautifull Fall: Lagerfeld, Saint Laurent, and Glorious Excess in 1970s Paris, libro que retrata las vidas paralelas de los dos gigantes de la moda, Jacques se sintió “subyugado por este profesor refinado, diez años mayor, que escribía cartas en latín y conducía un Jaguar con el que lo iba a buscar al liceo”. Este mentor será determinante en la definición de su imagen, ya que gracias a él, Jacques descubrió el refinamiento. 

En plenos años setentas, comenzó a vestirse como aquellos dandis románticos del siglo XIX, luciendo una llamativa estética sensual de fin de siglo. “Su tenida es incongruente para el momento y para su edad. Camisa con un pañuelo anudado de seda con rayas azules, shorts largos color crema que muestran unas piernas de adolescente y en la mano, una delgada selección de poemas de Robert de Montesquiou. Su aspecto de escolar contrasta con su bigote, alusión proustiana que acaricia su labio superior con dos pinceladas meticulosas”, así lo describe Drake. Además se hacía llamar Jacques de Bascher de Beaumarchais, un título adquirido tarde, que a su familia de “pequeña nobleza” finalmente le fue rechazado. 

Un complejo de inferioridad social sería entonces el punto que compartiría con Karl Lagerfeld, “provincial”, “normal”, “burgués”: son términos —y realidades— inaceptables en el vocabulario de la moda”, relata Drake. La vida debe ser excepcional y Lagerfeld lo entendió desde un principio. La fascinación amorosa de Lagerfeld por Bascher reposaba sobre una admiración de clase por una cultura francesa noble que él no poseía. 

Pero la ambigüedad se instaló desde un comienzo en cuanto al lugar que ocupaba Jacques en la vida de Karl. “Se dice que fue mi novio, pero no es cierto. Era la persona más divertida y más distinta a mí que he conocido. Salvaje, chic y divertido. Tenía todos los defectos y todas las cualidades. Era divino, pero otros lo encontraban diabólico”, contó el diseñador en una entrevista a El País en 2009. Quienes se interesan en esta relación se enfrentan sistemáticamente con la cuestión de saber si fue física o completamente idealizada, Lagerfeld dijo en los ochentas que Jacques era solo su “asistente”. 

Lo que sí se sabe es que el fastuoso estilo de vida que llevaba De Bascher corría por cuenta de Karl. Vivía en un departamento en Saint Sulpice pagado por el diseñador y no dudaba en organizar fiestas en las que circulaban todo tipo de drogas. Pero el joven lo veía como su pago. Quizás, una frase de la cinta Saint-Laurent cristaliza esta idea cuando su personaje declara: “Dicen que no hago nada, pero es falso: Yo inspiro a Karl”. Y es verdad que Lagerfeld aprovechó esta relación también, ya que comenzó a vestirse de forma más extravagante y a atraer la curiosidad creando mitos en cuanto a su vida. 

El “Kaiser” y su pandilla salían casi todas las noches, también la de Saint-Laurent, cruzándose seguido en los clubes de la capital. Jacques ya había hecho algunas incursiones en el territorio del francés acercándose a sus acólitos, acción que muchos en esa época no osaban. Luego de una gran amistad durante la juventud, el éxito profesional y las diferentes formas de ver la vida, hicieron que ambos diseñadores se alejaran y formaran grupos diferentes en el París de la época. Pero el joven dandi fue incluso más allá y a fines de 1973, a menos de un año de conocer a Karl, comenzó una tórrida relación con Saint-Laurent que para muchos, como lo demuestra la cinta de Bonello, sería la causante del descenso a los infiernos de Yves y el desencadenante de la enemistad entre los creadores de moda más importantes de la segunda mitad del siglo XX. 

Cuando el idilio comenzó, Jacques tenía 23 años e Yves 37. Según cuenta Alicia Drake en su libro, Yves era enamoradizo y Pierre Bergé, su eterna pareja y socio, “debía recoger los pedazos luego de las rupturas y las decepciones”. Rápidamente, aquello que debía ser una más de sus aventuras se transformó en una loca pasión. No es esta vez la elegancia francesa que atrae a Yves hacia Jacques, sino el sentido de la fuga permanente, poder escaparse de la torre de cristal que se había construido en torno a él y la marca que lleva su nombre, desafiar eso saliendo todas las noches y ahogándose en alcohol. 

Saint Laurent siempre fue frágil, maniaco depresivo, según algunos. Había sufrido varias crisis, que pasaban desapercibidas gracias a Pierre Bergé, quien se encargaba de todo. Aunque siempre estaba al límite, con Jacques las cosas pasaron a otro nivel, Pierre no aguantó y dejó el departamento en el que vivían juntos. Tres años duró la relación, durante ese tiempo Yves trató de convencer a Jacques de dejar a Karl, lo que nunca logró.

Todo parecía un episodio típico de ‘desorden a la Saint-Laurent’, pero terminó siendo una devastación personal y el fin de una era. El grupo del diseñador culpaba al joven dandi, “después de Jacques, Yves exageró tanto que tuvo que detener completamente las fiestas y las drogas, entonces se puso a funcionar con pastillas”, cuenta Thadée Klossowski, marido de Loulou de la Falaise y parte de la banda. Para Pierre también fue Bascher el responsable: “El lo odiaba, más valía que no se cruzaran nunca. Bergé le tenía odio por haber conducido a la ruptura con Yves, de haberlo corrompido, de haber tenido el poder de hacerlo”. 

Pero fue el mismo Pierre quien logró finalmente la ruptura. Testigo de la decadencia de Yves, de cómo Jacques había afectado la relación entre los dos y previendo lo que podría ocurrir al imperio creado alrededor de la imagen del diseñador, Bergé fue a visitar a Jacques. Nadie sabe qué le dijo, pero nunca más vio a Yves. “Años después, Bergé no soportaba tenerlo cerca. Si se cruzaba con él, lo llamaba gigoló, pedía que lo echaran del local y desacreditaba (siempre de forma implícita) la labor de Lagerfeld”, relata Drake.

Finalmente con todos los testimonios de la época, se deduce que es más una mezcla de muchas cosas y no solo Jacques de Bascher la causa del alejamiento entre los dos diseñadores. Lo que es cierto, es que ambos vivieron algo intenso con el joven dandi.

Con los años Jacques continuó con sus alocadas fiestas hasta que poco a poco comenzó a desaparecer de la vida mundana parisina, pero nunca desapareció de la vida de Lagerfeld. Este, junto a Diane de Beauvau-Craon, su única novia mujer y con quien se casó, estuvieron con él hasta que el sida lo venció en septiembre de 1989. 

Esta historia le dio una identidad, la publicación del libro de Alica Drake y luego los biopics sobre la vida de Saint Laurent lo mostraron al público como la persona que enemistó a dos grandes de la moda, quien llevó a uno de ellos a la perdición y como un gigoló aprovechador y toxicómano. El personaje perfecto para una trama interesante. Finalmente, algunos salieron a defenderlo, como Karl: “¡Lo que se dice de Jacques de Bascher es vergonzoso! Tenía un chic absoluto. Se vestía como nadie, antes que todo el mundo. Era la persona que más me divertía, él era mi opuesto. Era también imposible, odioso y perfecto. El inspiró celos espantosos. ¡No fue mi culpa si Yves se enamoró de él! Por mi parte, yo no me acostaba con él, contrariamente a lo que se piensa. Yves murió, Jacques también, ellos no pueden defenderse. A mí no me gusta que se insulte a los muertos”.