Traía el talento en la sangre. De su madre heredó una capacidad actoral y una belleza esculpida con el paso de los años. De su padre, la genialidad de un cineasta. Cuando la actriz sueca Ingrid Bergman y el director Roberto Rossellini dieron a luz a su primera hija, las cartas ya estaban tiradas. Isabella Rossellini también se convertiría en una celebridad dentro del mundo del cine. Con una personalidad serena y siempre haciendo gala de su intelecto, la actriz ítalo-estadounidense —nacida en Roma— ha desarrollado una larga carrera en las pantallas. Vocación que, ni el inevitable paso de los años ni las barreras que la industria cinematográfica le impusieron, pudo detener. Hoy, con 63 años, Isabella hace gala de sus arrugas tal y como lo haría un atleta levantando con orgullo una medalla. “La gente cree que es una tragedia envejecer y a mí no me parece una experiencia traumática. Está bien, siento que mi cuerpo no es el que era; pero jamás escucho por ahí las ventajas de hacerse mayor: te encuentras más libre que cuando eras joven porque en la edad anterior estás demasiado obsesionada con el éxito, el dinero y la búsqueda de la independencia”, aseguró en una entrevista para El País.

Con pelo corto, oscuro y casi sin accesorios ni joyas, Rossellini continúa vigente y ahora vuelve a las grandes ligas. Su última apuesta es Joy, una película dirigida por David O. Russel en donde narra la vida de una madre soltera que, de la noche a la mañana, se transforma en una empresaria multimillonaria. Isabella interpreta a la nueva novia del padre de la protagonista y comparte pantalla con rostros como Jennifer Lawrence, Bradley Cooper y Robert De Niro, grupo que ya había trabajado junto en Escándalo Americano (2013) y El Lado Bueno de las Cosas (2013). La cinta fue estrenada el 25 de diciembre de 2015 y ha sido nominada a dos Globos de Oro —como mejor película y mejor actriz—. Una apuesta que, según la misma Isabella, está repleta de feminismo.

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“La película habla sobre las mujeres y sus habilidades para los negocios y para los inventos innovadores. Empodera a las mujeres y eso me gusta”, comentó a la prensa.
Pese a su talento y seguridad, cuando la actriz recibió la llamada del director ofreciéndole el papel, apenas se lo creía. “Jamás me imaginé que pensaría en mí. ¡Hasta me dijo que desde hace años que quería trabajar conmigo!”, declaró en la misma entrevista. Isabella nunca pensó que Russel la seguía desde que, allá por el año 1986, ella protagonizó una de sus cintas más emblemáticas, Terciopelo Azul, donde interpretó a Dorothy Vallens, una mujer que mantenía una relación sadomasoquista con su pareja y por la cual fue ganadora de un Independent Spirit Award. El filme tuvo un enorme éxito y fue considerado por muchos la mejor cinta del año, llevando al estrellato internacional a su director, David Lynch, con quien la actriz tuvo una relación por varios años.

Pero los inicios de Rossellini en la pantalla fueron mucho antes. Si bien cuando niña dividía sus días entre Roma y París, ya con 19 años se trasladó a Nueva York. Su primer trabajo fue como reportera de un canal de televisión. Al poco tiempo, se casó con el director de cine Martin Scorsese, de quien se divorció al poco tiempo. Con 28 años decidió probar algo diferente, por lo que comenzó una carrera como modelo publicitaria. Si bien su camino en el mundo de la estética y la belleza se inició un poco tarde, el éxito la enfrentó de sopetón cuando en 1990 Lancôme le propone ser su imagen a cambio de un multimillonario contrato.

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Todo parecía miel sobre hojuelas hasta que seis años después la firma decidió cancelar el convenio, por considerarla demasiado mayor para ser un rostro de una marca de cosmética. Isabella tenía 44 años y aquella noticia le cayó como un balde de agua fría. Desde allí, mantiene una cruzada por aceptar el envejecimiento natural del cuerpo, al tiempo que se opone a las cirugías estéticas y levanta su pancarta de crítica contra la obsesión que la industria cinematográfica posee por la eterna juventud. Pese a lo anterior, Isabella no abandonó el mundo de la cosmética. Creó su propia línea de maquillaje bajo el amparo de Lancaster. ‘Manifiesto’ es el nombre de la firma de la cual ella misma es imagen, pese a que su padre jamás entendió la afición que ella tiene por el maquillaje.

No obstante, la actriz siempre tuvo una buena relación con Ingrid y Roberto. En agosto de 2015 se cumplieron cien años del nacimiento de Bergman. La ganadora de tres premios Oscar murió a los 67 años dejando un gran legado tras de sí. Historial que Isabella siempre ha querido mantener patente. Tanto así, que en 2013 publicó un libro con imágenes inéditas de su madre, Ingrid Bergman: A life in pictures. Relación igual de cercana fue la que tuvo con su padre, incluso llegó a filmar en 2006 el cortometraje Mi papá tiene cien años con el cual tributa al hombre que siempre fue su mentor.

Si bien podría pensarse que, al ser hija de dos célebres figuras del cine, Isabella tendría que vivir para siempre bajo el alero de la fama de sus progenitores, Rossellini supo hacerse un espacio, dejando en claro que el talento es mucho más que herencia, belleza o juventud.