El sonido de la motocicleta comienza a desvanecerse en el aire. A medida que desciende de ella levanta la vista y aparece esa mirada. Destapa esos ojos celestes y profundos, marca patentada de su padre. Los presentes en el set admiran atónitos lo que está sucediendo. ¿Era una ilusión del desierto que jugaba con sus ojos? Tenían una gran razón para dudar de lo que veían: Habían contratado al hijo, y no al mismo Sean Penn.

Cara de pocos amigos, cabeza rapada y una cicatriz en el tabique de la nariz —para completar el look—, es lo que caracteriza a Hopper Penn (22). Todo es parte de un conjunto de chico malo old school, que también debe agradecer a su padre. Ese estilo es el que buscaba la línea de ropa italiana Fay para su colección primavera-verano. El desafío era claro, junto a su hermana Dylan, debía atravesar un desierto cercano a Palm Springs, California, y comprobar que lleva en la sangre el desplante escénico de sus padres, Sean y Robin Wright. Ella va confiada en el set, sabe lo que hace. Numerosas sesiones de fotografía, e incluso aparecer desnuda en la portada de la revista Treats, han esculpido su carácter. Mientras que su hermano intenta esconder la inexperiencia. Después de todo, es su debut en la moda.

Hopper era el hijo más reacio a los flashes y la vida de celebridad. Cuando tenía 19 años ya encaraba a un paparazzi, aunque de una forma totalmente reprochable. Con insultos raciales demostraba que él era otro Penn con el que no se podía jugar. Tras una disculpa publicada en TMZ, donde sostenía lamentar “profundamente la elección de mis palabras”, parecía poner fin a su incursión en el mundo de las celebridades.
Pero, como dicen, “de los arrepentidos es el reino de los cielos”, y ahora posa para las cámaras con soltura. Al parecer cuando Hopper decide hacer algo, no se queda solo en palabras. Ya su nombre fue tema obligado para las revistas especializadas en moda y Vanity Fair lo definió como “El ‘hijo de’ del que más oirá hablar en 2016”.

Además de verlo en publicidad, Hopper estará en las salas de cine. Dos películas lo mantendrán en la palestra mediática durante este año, War Machine y The Last Face. En esta última participó bajo la atenta mirada de su padre, quien dirigió el filme.
Su estada en el mundo de la moda, en tanto, es aún el terreno más endeble y existen múltiples dudas. “Todavía soy muy nuevo para este tipo de cosas”, comentaba para The New York Times sobre su paso por la semana de la moda en Milán.

Pero parece que ya tiene un área que le quita el sueño: el séptimo arte. Las expectativas son altas, un debut en el cine con dos cintas en un año no es menor. Y si ya sacó el gen de sus padres en cuanto a lo físico, será mejor que se persigne para tener la mitad de sus dotes actorales. Es decir, en su sangre lleva a dos eternos candidatos y ganadores de cuanta ceremonia cinematográfica existe en los Estados Unidos.
No hay que ser adivino para saber que Hopper Penn dará que hablar este 2016.