Hasta J.K Rowling se quedó sin palabras con la noticia. Y es que esta fue una mañana difícil para todos los fans de Harry Potter, especialmente para los que tuvimos la fortuna de crecer al mismo tiempo que los personajes y ver cómo ese mundo maravilloso pasaba de nuestra imaginación a la pantalla grande.

Fue un regalo de primera comunión. La Pottermanía todavía no se instalaba en este lado del mundo y los primeros tres tomos de la vida del niño mago recién llegaban a las librerías. Pasé por La piedra filosofal, La cámara de los secretos y El prisionero de Azkabán en un mes y ya no me quedaba qué más leer. Pocos meses después, se confirmó que la exitosa saga llegaría al cine bajo la atenta mirada de su creadora. Rumores sobre la producción hay muchos: que Rowling puso una cláusula que exigía que todos los actores debían ser británicos, que pidió que Robbie Coltrane fuera quien interpretara a Hagrid o que la mayoría de los sets de la película fueron creados en base a los cientos de dibujos que la escritora hizo a medida que escribía los libros, fueron solo algunos.

Lo cierto es que, obsesiva y meticulosa como Hermione, Rowling no dejó nada al azar. De hecho, lo que conocemos del universo Harry Potter a través de sus siete entregas, es sólo una parte de lo que esta inglesa ha creado. Para no perderse a medida que avanzaba la historia, escribió un libro de la vida de cada uno de los personajes más importantes. Sin duda, uno de los más interesantes debe ser el de Severus Snape.

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El profesor de pociones siempre fue uno de mis personajes favoritos (lo siento, Sirius) y creo que no hubo mejor elección que Alan Rickman para darle vida. El gesto con la boca cuando estaba en una situación incómoda, la forma en que giraba sobre sus talones cada vez que salía de una habitación, esa indescriptible emoción que mostraba cada vez que estaba cerca de Harry y ese aire de hombre atormentado y misterioso, fueron interpretados de forma magistral por el actor que hoy nos dejó luego de una dura batalla contra el cáncer.

Para mí, y creo que en este punto hablo por muchos fanáticos, Snape es y será siempre Alan Rickman. Después de ver la primera película (en el estreno y luego en una función normal sin la ansiedad de mis 13 años), la imagen que había creado en mi mente sobre este antipático profesor cambió de forma radical. A partir de ese momento, siempre lo vi exactamente como su intérprete, ese que era un referente del cine británico y que, injustamente, jamás fue nominado a un Óscar.

Nos queda su patronus con forma de ciervo, el mismo de su gran amor, y que lo convirtió en el inesperado héroe de esa historia. Como él mismo le dijo a Dumbledore, no importa cuánto tiempo pase, él seguirá ahí. Siempre.

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