De sonrisa perfecta. Aquella de candidato en plena campaña. George Clooney (54) sabe hace bastante tiempo que su impecable dentadura y carisma tienen efectos que van más allá de sus paseos por alfombras rojas. También utiliza esos atractivos recursos para atraer cámaras a causas políticas propias y a las de otros, especialmente en su papel de cara hollywoodense del Partido Demócrata. Sirvió en las elecciones a Obama y hoy se cuadra con Hillary Clinton.

El ganador del Oscar —tal como lo hizo con el actual residente de la Casa Blanca— es el anfitrión de la glamorosa gala en Los Angeles que busca recaudar fondos para la campaña de la ex Primera Dama. Es un secreto a voces que el actor siente especial simpatía por el otro aspirante del mismo frente, Bernie Sanders, pero es consecuente con su promesa inicial de apoyar a la que podría ser la primera mujer mandataria de su país. El año pasado dijo públicamente: Haré todo lo que quiera para ayudar. En este caso, dinero.

Cuando en 2012 tomó el mismo papel para Barack Obama en la exclusiva noche californiana se reunió una cifra de más de 30 mil dólares.

No es secreto la aversión del actor hacia el candidato republicano Donald Trump, a quien hace unas semanas calificó de “fascista xenófobo” y “oportunista”. Así que del brazo de su espectacular mujer Amal, abogada especialista en temas de Derechos Humanos, se vaticina mayor presencia de él en esta carrera a Washington. Casi en estado de alerta ante el mediático millonario.

Este contexto ha hecho inevitable que en la promoción de ¡Salve, César! (en la cartelera chilena la próxima semana) George Clooney toque la contingencia. Él es la figura central de esta comedia donde se reúne por cuarta vez con los directores Joel y Ethan Coen. Lo acompañan en el elenco el sexy Channing Tatum (con una escena de baile que tributa a grandes del género como Gene Kelly), Scarlett Johansson (inspirada en la ‘acuática’ Esther Williams), Josh Brolin (ejecutivo encargado del manejo de estrellas) y Tilda Swinton (en papel doble: como unas famosas gemelas columnistas de copuchas).

La sátira que se ambienta durante los últimos años de la era dorada de Hollywood —la década del ’50—, se presentó oficialmente en el último Festival de Berlín, donde conversamos con la estrella. Esperado por todos, llegó con su deslumbrante pareja a la première. En una imagen que muchos ya proyectan en la Casa Blanca. Ya no como militante demócrata, sino que dando el gran salto que hizo por los republicanos Ronald Reagan.

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En la historia de los Coen es el protagonista de un clásico filme sobre el antiguo Imperio Romano. Está en pleno rodaje cuando es raptado. La cámara se centra en el ejecutivo que trata de rescatarlo y evitar el escándalo. Crisis que debe resolver mientras otras figuras de la compañía que filman en paralelo en varios sets lo abruman con una seguidilla de emergencias profesionales y de egos.

En Alemania el actor habló de esta comedia, su relación con los Coen y sobre la posibilidad de producir una secuela de Syriana. Con pasión se refirió a la crisis de refugiados en Europa, sus esfuerzos para ayudar y, para ello, hasta se reunió con la canciller Angela Merkel.

A pesar de estar involucrado en temas políticos sensibles y en contacto con líderes mundiales, Clooney no abandona ese humor ante los medios. Incluida esta entrevista.

—¿Qué influencia han tenido los hermanos Coen en tu trabajo?

—En primer lugar, quiero aclarar lo siguiente: en realidad no son hermanos (ríe). Es un invento. Todos lo sabemos. Son primos en primer grado (sigue su broma).

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—Siempre ha dicho que los Coen no son sólo artistas geniales, sino que además grandes compañeros para divertirse. También que cada vez que lo convocan les responde: Díganme dónde, cuándo y estaré allí. ¿Ese humor que comparten es un factor relevante para hacer de sus películas un éxito?

—Si alguna vez dije algo bueno de los Coen seguramente estaba borracho. En serio.

—¿En qué se diferencia filmar con los hermanos Coen y con Quentin Tarantino?

—En un set hay dos Coen y en el otro un Quentin. Eso ya es un doble placer (Clooney no detiene sus juegos). Quentin como director es muy entretenido, lo pasamos muy bien. Además de él, he tenido la suerte de hacer sociedad con otros realizadores interesantes, como Steven Soderbergh y Alexander Payne y, ya sabes, Joel y Ethan Coen también ‘se meten’ en ese grupo… (más risas). La verdad es que todos estamos en ¡Salve César! porque nos encanta la posibilidad de actuar para estos hermanos. Es así. Nos sentimos muy afortunados de llegar a decir en el futuro que fuimos parte de una de sus películas.

—¿Por qué te buscan?

—Cada vez que me envían un guión me especifican: Vas a interpretar a un cabeza hueca. Y siempre estoy dispuesto a hacerlo, pero nunca me imagino que termino apareciendo tan estúpido como sale en el corte final.

—Y ahora te tienen en falda y espada.

—¡Usar falda es demasiado gracioso!

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—Con tanto conflicto bélico que se toman las noticias, ¿has pensado en una segunda parte de Syriana?

—Es complicado sacar un proyecto como un Syriana 2. Hay muchos incidentes (políticos) que han salido mal y conversaciones que tratan de levantarse entre las distintas partes. Lo malo de la comunidad cinematográfica es que reaccionamos a situaciones más que abrir caminos: surgen las noticias, de allí se escriben los guiones y toma un par de años estrenar la película. Además, hay que tener un motor atractivo para construir los personajes. A menudo lucho para encontrar maneras de hacer una cinta sobre Sudán y Darfur, con crisis humanitarias que siento muy cercanas. Paso mucho tiempo en eso, pero no he podido hallar el punto de partida, ni guión adecuado. Es difícil. Agradezco que quieran que esas historias se cuenten en el cine, necesitan ser expuestas. Siento que no se han relatado lo suficiente en mi país, ni menos se discuten. Por desgracia, estamos en un período político en el que no hablamos de un montón de asuntos que suceden en otros puntos del mundo. Mañana tendré una reunión con Angela Merkel para conversar sobre los mensajes con los que podemos ayudar. Concuerdo en que hay que lograr llevar estas realidades a la pantalla, pero es difícil armar un buen libreto. No quieres algo malo, porque si no resulta sólo tienes esa oportunidad.

—¿Alguna vez pensaste en contribuir de manera concreta, no en cine, para llamar la atención sobre la crisis de los refugiados?

—Sí, me involucro en muchas cosas y viajo a lugares que son peligrosos para trabajar en ciertos temas de la crisis. Tengo todo el interés.