Es muy difícil ser justos con Freddie Mercury, la majestuosidad musical de Queen y también con Bohemian Rhapsody, el primer y controvertido biopic que cuenta el ascenso de la banda inglesa desde tocatas en pequeños clubes hasta una de sus cumbres, robándose el protagonismo en el recordado concierto del Live Aid en 1985.

Contar la historia de Farrokh Bulsara, ese hombre rechazado por su origen indio, su boca y dientes gigantescos y sus modos afeminados a inicios de los años setenta. El poderoso combo que formó junto a un grupo de inadaptados y geniales músicos (un dentista, un astrofísico y un ingeniero eléctrico) que llegó a conquistar el mundo era un desafío complejo. Desde esa perspectiva, Bohemian rahpsody es un intento esmerado por dejar contento a fanáticos acérrimos y a las nuevas generaciones, que conocieron a estas leyendas por juegos de baile para consolas o como banda sonora para comerciales de smartphones.

¿Se puede lograr ese objetivo manifiesto? De difícil a imposible. Aunque la cinta dirigida por Dexter Fletcher y Bryan Singer tiene espíritu de banda de estadio —tal como Queen—, la cinta es presentada como una historia conservadora, pasada por agua tibia, donde los excesos y la intensa vida de Mercury se mueve en un plano que pretende no incomodar a nadie. Falta rock. Sobreprotegiendo la biografía del músico y de Queen, la cinta luego se compensa con su estructura de making off de los mayores éxitos de la banda, instancia que tendrá al espectador al borde de ponerse a saltar en el cine en algunas escenas. En eso, la producción nunca achica. Es una magnífica recreación de lo que se puede vivir desde un escenario ante un público enloquecido. La historia de amor de Mercury y Mary también está relativamente lograda, sin nunca importunar los límites de un recato bastante ochentero.

Párrafo aparte merece el tremendo trabajo de Rami Malek (Mr. Robot, Papillon) el talentoso actor que se atrevió a interpretar a un hombre que vivió su vida como un artista 24/7. Malek, con gran oficio, nunca cayó en la imitación, sino que sacó de la manga una compenetración total con Mercury, a nivel emocional y corporal. Sin duda, la sola actuación de Malek es razón fuerte para ver Bohemian rhapsody, pues es el actor el que logra hacer flotar una película con un guión soso y que, muchas veces, por intentar ser masiva, se transforma en superficial. Aun así, tiene el éxito comercial asegurado.