La rabia de Frances McDormand (60) traspasa la pantalla. No es su propia ira, sino la de su personaje en el aclamado filme de Martin McDonagh Tres anuncios para un crimen, que se llevó a casa cuatro premios en los últimos Globos de Oro y que cuenta con siete nominaciones a los premios Oscar; incluyendo mejor película, mejor actor de reparto y como era de esperar, mejor actriz.

En la comedia negra, McDormand interpreta a Mildred Hayes, una madre furiosa porque la policía local no ha encontrado al culpable del brutal crimen del que fue víctima su hija adolescente. Un personaje soez, combativo y violento, que lleva a la actriz ganadora de un Oscar (Fargo, 1996) a canalizar una variante femenina del héroe occidental clásico. “Realmente me aferré a la imagen de John Wayne como mi idea física”, dice, “porque no tenía iconos femeninos para Mildred”.

La carrera de la actriz ha tomado desde siempre la dirección contraria a los estereotipos femeninos en Hollywood. Para ella, Mildred “está en la categoría del hombre misterioso, del western europeo, que viene caminando por el centro de la calle, con las pistolas desenvainadas, y que dispara contra todos; aunque creo que lo más importante es que la única arma que usa, es su ingenio”.

El dolor y cólera de una madre que busca justicia son el centro de su actuación y algo con lo que McDormand, quien tiene un hijo adoptivo con el director de Fargo, Joel Coen, está muy relacionada. “Como madre, vives al borde del desastre”, admite, “simplemente haces lo que tengas que hacer”.

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Sobre la relación con su hijo, la imagen de una mujer dura se endulza, “no lo di a luz, lo conocí a los seis meses, pero desde el momento en que lo abracé y sentí su aroma, supe que era mi trabajo mantenerlo con vida”. Es ahí cuando hace el nexo con su personaje, “como padres, también ves cómo la preocupación y la ansiedad que acompañan la protección de alguien, puede volverse degenerativa”.

EL
 PODER
 DEL 
DOLOR

Con toda la fuerza de su dolor, Mildred decide arrendar tres vallas publicitarias en el camino que conduce a la ciudad, con mensajes dirigidos a Bill Willoughby (Woody Harrelson), el jefe de policía del pueblo. En ellos, le reclama por el nulo avance de la investigación en el caso de su hija y por la ausencia de un culpable. La temeraria acción es reprochada por otro de los miembros del equipo, el oficial Dixon, un hombre racista e inmaduro, interpretado por Sam Rockwell (49). “Hay mucha rabia en él”, explica Rockwell, “pero al trabajar en este personaje, pensaba en su historia y entendí que todos esos sentimientos provienen del miedo”.

Para la preparación del rol, el actor conversó con un supremacista blanco, de quien aprendió que “no se trata de que odies a los negros, sino que te odias a ti mismo, y creo que esa es realmente la clave, hay una gran cantidad de odio a sí mismo con muchas de estas personas”. También realizó una meticulosa autoinspección, “lo primero que debes hacer es preguntar: ‘¿Qué cualidades tengo que tiene este personaje?’. Eso es algo que escuché a Gene Hackman decir una vez. No soy racista, pero puedes encontrar momentos. Todos son capaces de ser cobardes o héroes, así que solo encuentras esa parte de ti mismo”.

La película reúne a Rockwell con el dramaturgo irlandés Martin McDonagh, conocido por escribir y dirigir En brujas, y con quien trabajó en otra de sus películas, Siete psicópatas. Ambos proyectos cinematográficos orientados a los hombres, por lo que esta vez, en una apuesta acorde a los tiempos, ansiaba poner a una mujer a la cabeza de su historia. “Simplemente surgió la idea de que la madre de una hija asesinada estuviera tan indignada por la inactividad de la policía local, de resolver el crimen, que ella colocó tres carteles escandalosos y furiosos”. El realizador afirma que “una vez que tuve la idea, prácticamente se escribió sola, era fuerte y decidida, pero estaba llena de dolor y furia”.

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McDormand siempre estuvo en su mente para el papel, nunca consideró a otra actriz. “Creo que se debe a su integridad y su atención al detalle; y su humanidad”, reflexiona. “Este es un personaje de clase trabajadora y los dos compartimos ese trasfondo, por lo que tenía que ser una actriz que no lo condescendiera o sentimentalizara, que no lo convirtiera en la caricatura de una loca vengadora. Tenía que ser una verdadera madre, una mujer real que acaba de cruzar la línea y no lo iba a soportar más”. Frances encaja perfecto, “no puedo pensar en ninguna otra actriz en los Estados Unidos con todos esos atributos y que además, tenga la destreza de la comedia. Ella es probablemente la intérprete más sincera que existe”.

Mientras que la ira de Mildred es el motor de la película, McDonagh asegura que la cinta tiene mucho más que entregar. “Es una película con mucha furia, pero también hay otras cosas y creo que esa es la razón de por qué le ha ido bien. Es sincera sobre lo que está sucediendo en el mundo en general, pero también es esperanzadora”.

Por su parte, su protagonista ha sido una guerrera no sólo en la pantalla, sino también detrás de ella; especialmente a los inicios de su carrera, cuando aún no se hablaba de los abusos contra las actrices de Hollywood ni sobre las diferencias salariales. Desde muy joven demostró que no era necesario caminar sobre altísimos tacones para interpretar un buen papel, aunque así se lo pidieran. “El personaje de Frances es alguien que no hemos visto antes” afirma McDonagh “es escandalosamente fuerte y provocativo. Es una propuesta nueva y me alegra que así sea”. Sin duda, McDormand goza los frutos de la mejor de sus venganzas.