Es recibido por la directora de revista CARAS, Carolina García-Huidobro, mientras una treintena de mujeres lo espera con abanico en mano para enfrentar los treinta grados que obligan a dejar chaquetas en guardarropía y a sacar los anteojos de sol. Esta vez, Antonio será ‘todo ojos y oídos’ para ellas. Vino sin su mujer, la actriz Melanie Griffith, que por compromisos laborales en Los Angeles no pudo acompañarlo.

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Antonio se siente en el Mediterráneo. El mismo sol brillante, la misma temperatura. Es la hora del aperitivo y sin apuros posa junto a cada una de las invitadas. Mientras ofrecen champán y mariscos del Pacífico, todas quieren saludarlo o hacerle una pregunta. No le cuesta nada: para todo tiene una anécdota, un chiste o una nota a pie de página. La galerista Patricia Ready le pregunta sobre sus fotos, la periodista Susana Roccatagliata le habla sobre los vinos que él produce en el Duero y la periodista Mónica Pérez se anima con su estilo incisivo y cariñoso a la vez: “Antonio, ¿cómo se logra mantener un matrimonio por casi veinte años en Hollywood?”. El actor se acomoda en su silla, sostiene la mirada y seguro le responde: “Soy un hombre de familia. Basta con que mi mujer me mire para saber qué estoy sintiendo o qué me está pasando. A estas alturas de la vida, eso es muy valioso y me da gran tranquilidad”, replicó.

Delfina Guzmán, en otro frente, pone en la mesa el tema de lo apasionante que es hacer teatro. Banderas sostiene con modestia: “Creo que mientras observamos el boom de las series de televisión, eso de ir al cine y entrar a una sala oscura, es algo que está muriendo. En cambio, lo que nunca morirá es el teatro”. El malagueño recordó su aterrizaje en Estados Unidos como actor en Broadway y también lo fuerte que fue el estreno de Atame en Berlín, en 1989. La documentalista Mane Wood, aprovecha los minutos y le pregunta sobre su próximo rodaje y si se reunirá con Mario Sepúlveda, el líder de los 33 mineros de la mina San José, que será interpretado por el actor el próximo año. “Yo lo haré de todas maneras”, dice y añade que esa es la única forma de conocer la esencia de su “liderazgo natural”. Ese protagonismo, que después significó una serie de diferencias con sus compañeros, será uno de los puntos de vista que se abordará en la película, la que se producirá fundamentalmente en Colombia, más que en el norte chileno, por un tema de costos.

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A esas alturas del almuerzo el actor ya está en otra mesa. Le preguntan sobre sus inicios y admite que, durante sus tiempos de estudiante, varias veces pasó hambre. “Miraba las cunetas de la calle para ver si a alguien se le había caído la billetera”.

Es el momento en que el actor lanza: “¡Os tengo que preguntar algo yo a ustedes ahora!: ¿Esto es Chile, lo que veo desde esta azotea, este orden y limpieza. Es vuestro país así?”. Las periodistas Verónica Franco y Monserrat Alvarez le responden con un ‘No’ largo y rotundo y le comentan de las desigualdades y la mala distribución de la riqueza, aunque el resto aclara que en términos de calidad de vida Chile sí es un país seguro para vivir dentro del contexto de América Latina.

Todos le desean suerte a la hora de la despedida. Los últimos abrazos y finalmente Julita Astaburuaga, con su estilo único se acerca y le dice: “Cumplí 94 años, entonces te puedo preguntar lo que quiera…”. Antonio arremete: “Lo que quieras Julita, porque a través de esos ojos puedo ver que recién respiras veinte”.

La socialité chilena lo mira nuevamente y comenta en voz alta: “Con lo que me acabas de decir me dejaste sin palabras”. Lo abrazó fuerte y se fue feliz en su auto nuevo.

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