El quinto largometraje de Díaz (Mirageman, Kiltro, Mandrill, entre otros) es el primer estreno nacional para el 2015 y en el Festival de cine de Valdivia ganó el Premio del Público a la Mejor Película Chilena.

La historia reúne a tres viejos amigos del colegio, autodenominados “los chacales” interpretados por Mauricio Diocares (Brocoli), Matías Oviedo (Mauro) y Nicolás Saavedra (Noel), un trío de infantiles treintañeros buenos para la piscola  y que enloquecen con el cine de gángsters “italiano”, con Tony Montana y la estética de los Beastie boys en Sabotage. Brocoli, director de cine frustrado y camarógrafo de matrimonios, quiere filmar a como dé lugar su propia Santiago violenta, sin muchos resultados mientras sus amigos actúan las escenas, juegan con pistolas, disfraces y arman su club de Toby.

En una salida nocturna al cabaret de la “tía Marilyn” (interpretada por Shenda Román, Tres tristes tigres, El chacal de Nahueltoro) y después de una pelea de borrachos, el trío comienza su verdadera aventura con mafiosos chilenos, balazos, botines millonarios y todos los clásicos que usted puede recordar del género.

“Por favor San Tarantino, ayuda a que mis amigos actúen mejor para que mi película no sea una mierda”, le reza Brocoli a un altar casero lleno de velas dedicadas a su Dios cinematográfico. 

Simpática, con buenas dosis de humor preuniversitario y con una bien lograda estética “B”, Santiago violenta juega a ser una película dentro de una película. Un riesgo que a veces logra y otras muchas no. 

Ernesto Díaz es de los pocos directores chilenos que expone el pellejo en sus películas. Su carne está ahí, sus referencias a Quentin Tarantino, Martin Scorsese o Sam Peckinpah son homenaje sentido, pero la falta de un guión sólido le resta puntos. Las actuaciones de Diocares, Oviedo y Saavedra ayudan, la dirección de arte también, pero una historia endeble solo hace que lo demás parezca parodia.

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