Fijo en todas las apuestas para llevarse el Oscar a la mejor película y con nueve nominaciones en total —solo superada por las 10 de Gravedad y Escándalo americano12 años de esclavitud, la tercera cinta del británico Steve McQueen es una película hecha en molde para los electores de la Academia.

Ambientada en la previa a la Guerra Civil norteamericana y basada en las memorias de Solomon Northup, 12 años de esclavitud relata las penurias de un hombre libre negro, músico, ciudadano de Nueva York, que es secuestrado y vendido como esclavo para cosechar algodón.

“Leí el libro y quedé totalmente aturdido. Al mismo tiempo, estaba muy enfadado conmigo mismo por no saber de él. Yo vivo en Amsterdam donde Ana Frank es heroína nacional, y para mí este libro es como El diario de Ana Frank, pero escrito 97 años antes: un relato de primera mano de la esclavitud, que me obligó a convertirlo en película”, explica McQueen sobre cómo llegó a la convicción de dirigir 12 años de esclavitud, cinta que vuelve sobre el tema del racismo y los derechos civiles, ambos en boga durante la era Obama y que antes estuvieron en pantalla con Lincoln (Steven Spielberg) y Django desencadenado (Quentin Tarantino).

Hasta ahí la conjunción de una historia terrible, desgarradora, cruel y a la vez esperanzadora funciona de maravillas. Solomon Northup (el británico Chiwetel Ejiofor, nominado a mejor actor por la Academia), además de perder sus derechos, su familia y su nombre, se debate por no soltar sus últimas gotas de dignidad ante su amo cruel, Edwin Epps, interpretado por Michael Fassbender, el actor claramente más comprometido del elenco.

Con todo el ropaje de megaproducción políticamente correcta, el tema de la esclavitud es tratado por McQueen como una terrible anécdota. Punto aparte merece Brad Pitt, uno de los productores de la cinta, quien no podía perderse la oportunidad de aparecer algunos minutos interpretando al hombre civilizado y bueno —canadiense— que ayuda al oprimido esclavo.

La película de McQueen le hace honor a su corta e intensa carrera: está llena de claroscuros. El crudo despojo en el que se transforma un esclavo azotado no combina con una estética bien limpia y dispuesta a parecerse a La lista de Schindler en versión afroamericana. Una idea que suena magistral, pero que no cuaja. Lineal, los doce años de penurias de Solomon, se reducen a 134 minutos algo inquietantes, pero muy predecibles.

Lejos lo mejor de 12 años de esclavitud son los conmovedores cantos de los esclavos. Fassbender como malo-malo es otro punto alto, junto a la idea que instala McQueen respecto a la estupidez completa que encierra el racismo. Ojo con la tremenda banda sonora liderada por Hans Zimmer.

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