Aunque la máxima popular de ‘chiste repetido sale podrido’ no aplica para Lugares oscuros, algo de esa sensación puede quedar tras haber visto Perdida y aventurarse con las mismas expectativas a revisar la segunda adaptación cinematográfica —y mejor best seller del 2009 según el z— de la obra de la escritora superventas Gillian Flynn.

Aunque son incomparables en cuanto a ritmo y factura (la anterior adaptación de una novela de Flynn tenía en la dirección de David Fincher), Lugares oscuros logra sostenerse sola. La sólida actuación de Theron y una atmósfera que viaja desde los ochentas a la actualidad mostrando buenos trazos de decadencia son sus salvavidas.

En la cinta de Gilles Paquet-Brenner (La llave de Sarah), Theron es Libby Day, una mujer que tras 25 años y en bancarrota, regresa a su Kansas natal para volver a enfrentarse a la masacre familiar de la que sobrevivió cuando tenía sólo ocho años. Todo gracias al dinero que le ofrece uno de los miembros del Kill club —grupo de fanáticos que intentan resolver crímenes por hobby— y que aseguran que no fue su hermano Ben (Corey Stoll) el asesino convicto.

La adaptación de Paquet-Brenner es sumamente literal y se toma demasiado en serio el formato ‘resolvamos el misterio’, pasando por alto las diversas chances que da la literatura de Flynn para jugar con el humor negro y la crítica social.

Sostenida con oficio por Theron y un par de pincelazos de una buena historia narrada con flojera, Lugares oscuros, esperemos, no sea el último gramo de oro que salga de la cantera literaria de Gillian Flynn.