Ha trabajado con Francis y Sofia Coppola, Cameron Crowe, Brad Pitt y Cate Blanchett , Steven Spielberg y J.J. Abrams en Super 8 y ahora con un protagónico en Ginger & Rose, dirigida por Sally Potter, que aquí se estrena el 16 de mayo.
Hace tiempo que Elle logró dejar de ser ‘la hermana de’ y ya forja una carrera de carácter, para nada cercana a estrellas juveniles pasadas de revoluciones.

Lo suyo, dicen, es puro método y voluntad. Cuando se disfrazó, a los siete años, como Marilyn Monroe supo que su vida sería en el celuloide. Su camino actoral, corto, intenso e inteligente hace recordar las trayectorias de Natalie Wood y Jodie Foster.
En Ginger & Rose ella es Ginger, una londinense quinceañera que sueña con una vida más emocionante que la doméstica existencia de su madre (Annette Bening). Todo, mientras estalla la crisis de los misiles en Cuba y la humanidad tiene el corazón atrapado en la hecatombe atómica.
Nada más lejos de Elle, chica aplicada que sigue yendo al colegio, que practica ballet y que se apasiona tanto con la biología como con visitar Disneyland .

Ya es icono de la moda para nombres como Karl Lagerfeld, Marc Jacobs , las hermanas Mulleavy o Prada.
Si sigue así, ya nadie se atreverá a llamarla ‘promesa’. Sólo será Elle. Y Elle trabaja para eso.