Desde la puesta en escena teatral de Las analfabetas, hace un par de años, con la dirección y dramaturgia de Pablo Paredes, que esta historia clamaba por llegar a la pantalla grande.

Ganadora como mejor película chilena en el SANFIC 9, además de llevarse el premio del público y continuar su viaje por el Festival de Venecia, la versión cinematográfica de Las analfabetas, con la dirección de Moisés Sepúlveda y el guión del mismo Paredes, es de una sutileza que conmueve y Pali García (Ximena) vuelve a demostrar por qué es la mejor actriz de su generación, repitiendo su papel teatral con una soltura descarada.

En la película, que tendrá estreno masivo a principios de 2014, Ximena es una analfabeta de cincuenta años que trata de cualquier manera de ocultar su situación, con pretextos como que se le quedaron los lentes y un largo etcétera que desenmascara de forma simple y ruda a todos aquellos seres anónimos, borrados de ese Chile desarrollado del que nadie quiere quedar abajo. Jackeline —interpretada sólidamente por Valentina Muhr— tiene 26 años, es profesora de Lenguaje y está cesante. En su afán por llenar su vacío laboral, decide primero ir a leerle el diario a Ximena para luego ofrecerle aprender a escribir y leer.

Ximena, que guarda su mayor secreto en una carta que no sabe descifrar, se enfrenta a esta joven profesora sin alumnos en una sala de clases que no es más que un comedor desvencijado. Allí la solitaria analfabeta, que se ha inventado todo lo que no pudo aprender en libros, le da lecciones invisibles a Jackeline, una letrada atrapada en sus conocimientos, que poco le sirven en su inestable realidad. “Mi interés es contraponer estas visiones, hacerlas dialogar, hablar sobre una educación donde el aprendizaje significativo se produce sólo cuando las estructuras pedagógicas conservadoras se corroen”, explica Sepúlveda sobre la película.

Simple, llena de humor, diálogos filudos y duros como un golpe al mentón, Las analfabetas muestra que una pequeña obra maestra no necesita millones de dólares en producción. Una cerveza de litro, cigarros baratos, cuadernos de caligrafía y la música de Virus sonando en el living de una humilde casa, pueden causar una tormenta perfecta.