Una pequeña gran tragedia familiar, larvada, dura, acallada por dudas y cocinada perfectamente a fuego lento es lo que ofrece Asghar Farhadi en El pasado (Le passè, 2013). Este director y guionista iraní ya se había llevado el Oscar a la mejor película extranjera por La separación.

Fiel a sus temáticas, en El pasado, Farhadi rueda en Francia una historia donde el divorcio, el peso de los recuerdos, los problemas con los hijos y los resentimientos silenciosos salen a bailar bajo la coreográfica dirección de uno de los mejores directores de actores —si se pudiese hablar de esa categoría— de la cinematografía actual.

La franco-argentina Bérenice Bejo, Tahar Rahim y Ali Mosaffa ejecutan con cercanía y simpleza una partitura donde Ahmad (Mosaffa) viaja desde Teherán a París para firmar su divorcio de Marie (Bejo, quien se llevó un premio en Cannes como mejor actriz por este rol), una vendedora de farmacia a quien no ve hace cuatro años. A poco de su llegada, Ahmad se da cuenta de que su ex está embarazada y viviendo con Samir (Rahim), el dueño de una tintorería, que tiene a su esposa en coma tras un intento de suicidio.

Al trío se unen los conflictuados hijos de Marie, todos de padres distintos, y el pequeño y problemático crío de Samir, Fouad.

Un diminuto huracán surge cuando todos los personajes colisionan en tiempo real y pequeños detalles se transforman en grandes tragedias acalladas por la angustia. El pasado es un melodrama de familia disfuncional, de los que sorprenden por estos lados, por el sensible y afinado ojo con que Farhadi presenta la historia, dejando espacio para conectar emocionalmente tanto con el hombre ausente, la embarazada culposa o la adolescente inestable. Vidas que vienen y se van al ritmo del avasallador paso de la existencia. 

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